El francotirador y sus dos amores. Por Francisco Garzón Céspedes

El francotirador tenía en el punto de mira el espacio entre sus dos amores. Allá, tan lejos, tan cerca, su madre y la mujer que el francotirador amaba. Les esperaba la muerte. Los torturadores ya habían realizado los ritos previos a la ceremonia de indagación. Su madre y la mujer que él amaba irían muriendo pedazo menos, pedazo menos. A trozos. Y, aún peor, morirían en la vergüenza de suplicar. De humillarse. O de haber traicionado. El francotirador podía liberar a una de las dos mujeres. Matándola. Por toda posesión le quedaba una bala. No contaré yo cuál de los dos cuerpos de mujer estalló en pedazos. Yo lo seguiré contando hasta que alguien sea capaz de contar el final de esta historia. El francotirador tenía en el punto de mira el espacio entre sus dos amores…

Francisco Garzón Céspedes (Cuentos de nunca acabar)

Baile de otoño. Por Isidro R. Ayestarán

Otoño, otra vez.

La pista de baile, lista para nuestro nuevo vals.

Aferrado al recuerdo.

Agarrado a un sentimiento que creía perdido.

Nadando contracorriente en la resaca de la memoria.

Mirándote y devorándote con el silencio…

Solo, de nuevo.

Vagando sobre el puente de aquel estanque que descubrí contigo.

Fotografiando cada poro de tu piel en mis ganas de volver a tu lado.

Dibujando en las noches con estrellas tu mirada en mi ventana.

Muriéndome de ganas por un regreso, un aliento…

Rasgar con tu voz este túnel en el que me adentro.

La oración al dios que pregona un mundo mejor.

Vestirme de día festivo para ir a la verbena.

Estrecharme a tu cintura y besar tu sonrisa.

Envolverme de la música que toca nuestra canción.

Un mundo juntos, una vida juntos, un sueño juntos.

Tú siendo yo en una historia de amor a nuestra medida.

El color naranja del crepúsculo que se cierne sobre mi soledad.

Las aves del lago, los niños que se acuestan pronto.

El aroma de nostalgia en las tardes de domingo.

El músico callejero que toca canciones tristes, como su vida,

como mis lágrimas, como mi silencio, como mi desamor,

como ese nombre tuyo que se lleva este viento del otoño.

Me levanto y me vuelvo hacia la melodía del cantautor.

Vidas deshechas y rotas como muñecas de cristal.

Ojos rasgados y enrojecidos como ese frágil motor

que todos llevamos dentro, con ritmos distintos,

con ansias distintas, con anhelos que suenan a adagio

en un intento por retornar a tu amor, ya perdido.

Y despliego mi cuerpo y cedo a mis pies el poder de decisión

sobre el ritmo de este baile solitario con el que sueño,

entrelazando nuestras manos, aferrados a la locura de querernos,

sintiéndonos dentro de nuestros cuerpos y

amándonos de nuevo con la pasión y el deseo

de aquella primera vez, lejana… y ya marchita.

Y al acabar el baile, al cesar la música, al callar el cantautor,

me despierto del sueño al que me arrastró tu recuerdo,

y le dedico a tu memoria un beso al anillo que te robé

en la última visita que hice a tu cuerpo:

el anillo que miro cada vez que me acuerdo de ti,

el anillo que llevo aferrado a mi corazón y mi alma.

El tesoro más preciado en esta época triste

y nostálgica que se llama otoño,

convertido en mi única pareja de baile.

Pero sólo hasta que vuelvas.

Pero sólo hasta que me sonrías de nuevo.

Pero sólo hasta que seas tú quien me despierte

del sueño que lleva tu nombre.

El nombre por el que todavía muero

en este baile perpetuo con tu memoria

y mi locura por volver a tenerte cerca.

Muy cerca…


© Isidro R. Ayestarán, 2008
NOCTURNOS www.isidrorayestaran.blogspot.com

La planta mágica. Por Coscobil Fernández

Supongo que muchas de las maravillosas historias que oímos contar empiezan como la que voy a relatar y luego cada uno le pone un poquito más hasta que se convierte en algo sobrenatural. Yo me limitaré a contar las cosas tal y como sucedieron.
Mi amiga María, era el ser más extraordinario que os podéis imaginar. Era guapísima, de piel morena, con unos ojos color miel extraordinarios, alta, delgada simpatiquísima, con una alegría tremenda (a pesar de que su vida fue un camino de espinas) y con un desprendimiento tremendo para ayudar a todos los que se le acercaban. Como podéis ver era toda una joya. Pero eso no es todo, porque además tenía algo muy “especial”.
Yo siempre he sido una persona muy reacia a creer e incluso a escuchar “historias” de esoterismo.
Un día invitaron a mi hijo al cumpleaños de un compañero de clase. Fui a recogerlo al final de la tarde y me encontré que la fiesta estaba muy animada y con un montón de padres, me invitaron a quedarme y acepté rápidamente pues me animó mucho ver que se lo estaban pasando fenomenalmente bien. Los padres del niño me fueron presentando a todos y cuando me presentaron a María me quedé enganchada con ella, seguí saludando a todos los demás y en cuanto pude me acerque a esa mujer que tanto me fascinó, no me costó nada hablar con ella, era como si la conociera de toda la vida. Quedamos para tomar un café al día siguiente y así empezó nuestra amistad. Poco a poco me fue metiendo en el mundo “de los espíritus”. Nos quedamos con ese nombre para nombrar ciertos temas porque a ella le hizo mucha gracia cuando pronunció esa palabra por primera vez y yo con un escalofrío tremendo, le dije – María. Tonterías las justas –
Como os comentaba, tenía algo más. Me hizo creer en lo invisible, porque ella me daba fe de que existía, me proporcionaba tantos detalles y tantos acontecimientos de mi vida, unos pasados y otros futuros que resultaron ser todos ciertos. Los pasados, porque me sucedieron de verdad, y los futuros porque venían a mi vida tal y como ella me decía. Pero no creáis que ella le daba a eso importancia al contrario, pensaba que era natural.
Seguir leyendo el cuento, pinchando aquí.

Coscobil Fernández

Sociable. Por Mercedes Martín Alfaya

Ya llevo dos semanas en la guardería, que se llama “Los Peques”. Me lo paso muy bien allí porque hay muchos niños y jugamos. También me puedo lavar las manos yo sola, porque los lavabos son bajitos.
Mamá estuvo hablando con la ‘seño’, para ver cómo me porto en la clase y si me he adaptado bien. La seño me miró sonriente y dijo que yo era una niña muy sociable y mamá puso cara de contenta. Yo creo que ser sociable tiene algo que ver con la plastilina, porque es lo que mejor se me da. La aplasto contra la mesa y fabrico trenes. Los trenes son muy fáciles de hacer, sólo hay que restregar la ‘plasti’ hasta que se forma un macarrón. Claro que yo ya sabía cómo eran porque me había montado en uno con papá. Los trenes son muy chulos y te llevan a ver a los abuelos de Córdoba.
Cuando mamá se despidió de la seño, estuvo mirando la cartilla de diario que llevo en la mochila. Ahí la seño anota lo que como, si duermo la siesta, si hago caquita, si he tosido, si he llorado… Como hoy, que he pasado un berrinche gordo. Me puse a bailar dando vueltas en la clase y de pronto me caí al suelo; todo se movía y me dolía el brazo, pero se me pasó enseguida. También nos han hecho un test; se llama “Bip de inteligencia”; había botones para apretar y se encendían colores. Papá también ha visto la cartilla donde dice: “Activa y participativa”, y se puso contento.
Luego sonó el teléfono; era la abuela preguntando por mí. Mamá le contó eso de que soy muy sociable y que he merendado pan con aceite y fruta. La abuela quería hablar conmigo y mamá me pasó el teléfono. Me lo puse en la oreja y dije: “hola”. Me preguntó si estaba contenta en el ‘cole’ y le dije que sí. También quería saber cómo se llamaba mi amiga y le conté que Ana (es la niña que me arranca la goma de las coletas cuando llego). La abuela dijo que vendría a verme cuando saliera del trabajo y que me traería una caja de plastilina nueva. Luego me pidió un beso. Me llevé el móvil a la boca y se lo mandé: ¡Pab!
Papá me ha llevado al súper y me ha montado en el carro. El súper me gusta mucho porque hay pasillos llenos de latas y galletas; también hay colonia, zapatos y potitos para los bebés. Cuando estábamos en la cola mi padre dijo: ¡mierda, la comida del perro! Y tuvimos que atravesar el pasillo a toda velocidad, como si el carro fuera un coche. Me reí mucho.
A Darwin, nuestro perrito, le he dejado unas cuantas barritas de plastilina en su comedero de perro, para que sea sociable como yo.

texto y foto: Mercedes Martín Alfaya
(www.tallerliterario.net)

La noche de los sueños perdidos. De Marta Reguero García

La autora

Con esta narración infantil en la que se aprecian influencias de Lewis Carroll o Michael Ende, irrumpe Marta Reguero en el panorama literario haciendo gala de una buena disposición para construir escenarios fantásticos con la fluidez de un lenguaje cuidado, una prosa equilibrada y lírica.

Se trata de una obra de iniciación que encierra, no obstante, el germen que identifica a una estupenda narradora. El objetivo del cuento no es otro que rendir homenaje a las lecturas que marcaron la infancia de los lectores adultos, a la vez que servir de estímulo para que los más jóvenes descubran el placer de la literatura.
La intención de la autora, al dar forma a esta narración, es la de “homenajear, desde sus páginas, a esos autores que poblaron nuestra infancia con sus relatos y sembraron el origen de un placer por la lectura que, a quienes lo compartimos, nos acompañará siempre.”

El libro.-

Claudia despierta una mañana y descubre que a su alrededor el color gris lo está impregnando todo. La respuesta a lo que ocurre vendrá de unos pequeños duendes, que le exponen el peligro que azota al mundo de los sueños: en este remoto paisaje, la Dama de los Sueños, responsable de las fantasías que los humanos soñarán cada noche, ha caído en una profunda tristeza al perder a su hijo por territorios lejanos e incapaces de alcanzar por los habitantes de este lugar. Claudia no dudará en ayudar a estos nuevos amigos, ya que sin sueños el mundo de los seres humanos se iría volviendo cada vez más descolorido y triste.

Pero, ¿cómo se llega al mundo de los sueños?

Al mundo de los sueños se llega… ¡¡Soñando!!

Ediciones Atlantis

Poemario para masas. Por Julio Fernández Peláez

La calma pindárica alborota el silencio artificial
recalcitrantes palabras nacen en tus oídos
forman emociones salvajes
que acarician los recuerdos
con sus pétalos tibios
mientras te beso
a través del cristal
a través del muro
a través del océano

Afuera, todo sigue igual
el rodillo sobre la masa
amasa lo real con mano firme

La luz intensa de los días perdidos sobreviene

(De Poemario para masas, 2008)

Julio Fernández Peláez