La piedra redonda. De Manuel F. Ramos

El Autor

Manuel F. Ramos nació en la Terra Ferma el día de la revolución francesa cuando faltaban 30 años para el cambio de siglo, aunque ya de muy jovencito se pasaba el tiempo fantaseando no fue hasta hace unos cuantos años que le tomó afición a la escritura plasmando todas esas ideas que flotan perdidas en el éter sobre un papel.

Tras ganar algún premio de relato corto finalmente da el salto a la narrativa con La Piedra Redonda, una estupenda novela en clave de humor sobre las locuras de nuestro tiempo por más que suceda en un futuro lejano.

En su tiempo libre Manuel se ha dedicado a la ingeniería audiovisual, a la consultoría tecnológica y al marketing estratégico donde en la actualidad ocupa un puesto directivo en una importante firma tecnológica.

El libro.-

La Piedra Redonda es una hilarante historia que nos cuenta cómo, en un futuro muy lejano pero a la vez muy presente, un tipo casi normal pasa de héroe a villano de la noche a la mañana, como chivo expiatorio de una lucha de poder, dando lugar a una disparatada y divertida historia.

La obra, aunque ambientada en un futuro indeterminado, tiene continuos guiños a nuestra actualidad: Operación Triunfo, Ministerios incomprensibles, Corrupción, Luchas de poder, Pérdida de valores, Dominio de la tecnología en la sociedad, etc.

El lector se enfrenta pues a un mundo sin libros, sin música, sin delincuencia (hasta que llega el protagonista) y casi sin amor. Y poco a poco todo va cambiando gracias al contenido de una enigmática Piedra Redonda, especie de caja fuerte futurista, y a una sucesión de rocambolescos asesinatos en el más puro estilo de comedia negra.

El libro está destinado a todos los públicos, a personas que estén dispuestas a dejar volar su imaginación y a reírse con un buen libro, original y de fácil lectura, ya que en todo momento el autor busca eso, hacer pasar un buen rato al lector.

En definitiva, “La Piedra Redonda” es una novela divertida, se lee con agrado, tiene muchos elementos sorprendentes, así como ritmo, agilidad, humor e ironía. Pese a estar escrita en clave de ciencia ficción, se debe leer como una sátira sobre nuestros días y sobre un futuro donde bien podríamos desafortunadamente llegar.

Este libro se presenta hoy día 10 de octubre, a las 19:00 horas en el Corte Inglés de Barcelona.(Portal de l’Àngel – 6ªPlanta).

Ediciones Atlantis

Adicto al Espidifen. Por Isidro R. Ayestarán

Un poema social sobre algo común a todos los mortales:
si te duele la cabeza, te tomas un espidifen;
si es dolor de muelas lo que te preocupa,
esa mano de santo que es el polvo blanco bien
diluido en un vaso de cristal, que hasta los medicamentos
tienen su clase, te hará olvidar tal dolencia;
si por el contrario es dolor menstrual, quizá
también lo cure. Yo no tengo experiencia en ese ramo;
y así, para todo tipo de males, no se olviden del
espidifen. Tenerlo bien a mano, en la cartera, en el
interior del bolso, bajo las sábanas de la cama,
junto a los condones o lubricantes o entre
los cadáveres que se puedan guardar en el fondo
de armario. Que cada uno tiene lo suyo en casa.

Pero ¡ay, amigo! si lo que te atormenta es el peor
de los males conocidos, comúnmente llamado desamor,
para eso no hay pastilla ni sobre de espidifen que lo cure.
Y es que si los ojos de los amantes lloraran al
mismo tiempo, al unísono y a la misma hora,
se evitaría la dolencia y las noches sin dormir.

Yo intenté curarlo a puro huevo y solo, porque no
quería ni olvidarte ni perderte…
Ahora te toca pasarlo a ti… si puedes.
A mí me tocó llorar a las cinco de la madrugada.
Ahora que son las tres de la tarde y no echan nada
en la tele que te pueda distraer, intenta diluirte
un sobre de espidifen para pasar el mal trago.

Y ojalá lo cures, querida mía.
Le darás la razón a los boticarios, científicos,
y demás personal de laboratorios médicos.
Le darás la razón a ellos, a todos ellos…
menos a mi corazón, que era quien mejor te conocía
quedándose solo naufragando en el agua
de otro tipo de vaso de cristal:
el más frágil de todos.
Aquél del que están hechas las historias de amor.


© Isidro R. Ayestarán, 2008
El Cabaret de los Sueños

Reflexiones sobre la natación sincronizada. Por Felisa Moreno Ortega

No sé porqué motivo en cuanto mis hijos se suben en el coche les entra unas ganas incontenibles de charlar, se quitan la palabra uno al otro, discuten, chillan y hacen ese tipo de cosas que no deberían hacer porque distraen al conductor, o sea, a mí. Trato de mantener la calma y sin dejar de prestar atención a la carretera voy dando turnos de palabra y escucho con atención sus “interesantes” comentarios, preferiría oír música y conducir relajada, pero eso es mucho pedir.

Teniendo esto en cuenta, no es de extrañar que las mejores “joyas” del anecdotario familiar se produzcan sobre ruedas. Este verano, en plenos juegos olímpicos, en un corto trayecto, mi hija empezó a divagar sobre la natación sincronizada.

–Mamá, ¿por qué no hemos ganado la medalla de oro? A mí me gustaron más las españolas, tenían más ritmo, se movían más rápido que las otras.
–No sé, Irene, supongo que las rusas lo harían mejor, yo no entiendo.
–Yo sí, y te digo que las españolas eran mejores. Mamá, ¿yo puedo hacer natación sincronizada?
–Si entrenas mucho yo creo que sí, tienes cuerpo de nadadora–digo yo y ella sonríe satisfecha, mientras lanza una mirada aprobatoria hacia sus largas piernas.
–Mamá (mis hijos siempre empiezan las frases con mamá), ¿y los hombres pueden hacer natación sincronizada?
–Pues no sé, yo no he visto ninguno.
–Yo creo que no–dice ella– porque tienen muchos pelos en las piernas y se les verían cuando los sacaran fuera del agua.

Aquí tuve que reírme, al imaginar dos piernas peludas emergiendo de la piscina y moviéndose al ritmo de la música.

–Mamá, yo tengo pelitos–continúa– pero como son rubios no se ven, así que yo si puedo.

–Sí, hija. Ya puedes empezar a entrenar, que hemos llegado a la piscina.

Felisa Moreno Ortega
BLOG DE LA AUTORA

CANTO RODADO. Por Jesús Aparicio González

Nunca sabré
qué mano, bota, palo,
moverá mi destino.
Hasta aquí
hubo aguas y vientos que olvidé.
Partí,
de qué montaña.
Me confié en el barro
y al despertar
fui troceado por un duro sol.
Qué despistado pájaro,
qué nuevo impulso, bote y erosión
redondeará mi alma.
Seré vasija, iglesia,
en qué esquina olvidada
crecerá mi universo.

©Jesús Aparicio González
Del libro: LAS CUARTILLAS DE UN NÁUFRAGO
87 PÁGINAS.
Precio:10 euros.

ELLOUP-GAROU. Por TANYA TYNJÄLÄ

MUJER 1 y MUJER 2 sentadas en el suelo, una frente a otra, como en un juego de espejos. Habla MUJER 1, que termina de pie frente a MUJER 2. A partir de allí el mismo texto es dicho por MUJER 2, que termina de pie frente a MUJER 1. Las dos mujeres pueden decir en un mismo idioma, o una en castellano, y la otra, ya con el texto traducido, en un idioma distinto.

MUJER:

No, no lo busques escondido en el armario ni debajo de tu cama, él se esconde mostrando las heridas, pequeña. Ten cuidado, debes estar alerta pues no tratará de engañarte a ti, engañará a tu madre y le dirá que entiende su soledad, que sabe lo dura que es la vida. (¿Y dónde está el padre?). Y como su sexo está hambriento de caricias y como tú pesas tanto pequeña, ella creerá. Y entrará a tu casa sonriendo, se tragará tu comida, cantará en tu ducha, te dirá cómo sentarte y como levantar el dedo meñique al tomar una taza de té, dormirá en tu cama, con tu madre y te querrá comer. No saltará a tu garganta para chuparte la sangre, te esperará en silencio, cuando no haya na-die a tu lado, te propondrá coger flores para dárselas a tu madre y te hablará del camino corto y del camino largo y de las caricias que ella, egoísta, solo guarda para sí. (¿No quieres probar?). Pero tú eres más lista y sabrás que algo encubre detrás de esa hilera de dientes afilados que fingen sonreír. No tengas miedo, pequeña; tu madre no es sorda ni ciega, ella te escuchará y verá lo que él quiere mantener en penumbras, porque el sexo no domina las entrañas, y lo arrancará de su corazón y escupirá todos sus besos y verás que ella también tiene fauces y que sus uñas también son largas. No te asustes cuando veas lanzar sus restos a los perros de la calle para que acaben de devorarlo, ella sabe lo que hace. Porque algún día Tú dejarás de ser pequeña y tendrás la responsabilidad de una vida bajo el brazo y entonces comprenderás que una madre puede ser la más sanguinaria de las fieras…y que ella no le teme al lobo.

Premio Internacional de Monólogo Teatral Hiperbreve
TANYA TYNJÄLÄ (Perú/Finlandia)

Once Haikus. Por Luís Bermer

81-DAMA
¿Eres mi final,
dama vestida en negro,
o el principio?

82-LA SENDA
Por esta senda
a pasos avanzamos
hacia la muerte.

83-FUGAZI
Una mirada.
Una nota de papel.
Desaparecer.

84-SIN SUEÑO
Mitad de noche.
Voces por el pasillo,
desconocidas.

85-POZO
Oscuro y frío.
Pozo de soledad.
Los largos años.

86-CAÍDA
Caes sin freno.
Abismo depresivo
donde nadie va.

87-LOS DÍAS
Hundido, solo.
Ahogado en recuerdos
de tu propia alma.

88-LUZ
La luz que brilla.
Oscuridad futura.
Sin ilusiones.

89-NOSTALGIA
Echo de menos
los días que no llegaron
en tu presencia.

90-SIN TU CARA
Veo tu cara
bella, alegre,
en el fin de mis días.

91-VOZ DEL TIEMPO
Y en la espera,
lento, el reloj habla
de sueños vanos.

Luís Bermer.com

Errante en mundo que rompa en poesía. Por Isidro R. Ayestarán

Intentaré escribir las frases que ya no te diré a los ojos
mientras escucho «No busques compañía», de La Prohibida,
al tiempo que me alejo de tu recuerdo tras borrar tu número
y todos los mensajes tuyos y míos de mi teléfono móvil.

Me adentraré en otros mundos literarios para olvidarme
de los versos angustiosos que se apoderaron en los últimos meses
de toda mi obra, de todo mi ser y de todo mi cuerpo,
de una historia de amor que no cuajó y que intentó matarme.

Volveré a Bukowski, a mis viajes otoñales lejos de este
Santander que me aterra y me limita, me iré a Madrid con Paco,
a perderme por La Troje y los barrios de los Austrias,
quizá redescubra Toledo, la Granja, Aranjuez sin su concierto, claro…

Volveré a la Filmoteca a contemplar versiones originales,
limpiaré el polvo a mis joyas de la Dietrich y la Davis,
a mis viejas músicas en vinilo que jamás escucharé de nuevo
porque no me reparan el viejo tocadiscos.

Me regodearé en mis fotografías y mis nuevos personajes,
en ese teatro experimental que descubrí en una paralela
a la Gran Vía madrileña, con gente fresca con ganas de contar
historias suyas y mías, de todos los que como yo, hipotecamos
el corazón riéndonos a carcajadas de la crisis económica.

Me olvidaré para siempre de las críticas de los enemigos absurdos
que se visten de hábito y se dan golpes de pecho sin
saber un ápice de vida y sentimiento, sólo de mirarse a un ombligo
repelente como el nombre del veneno viperino que llevan dentro.

Volveré a besar en los labios a Jolu en la puerta de mi vieja capilla
para escarnio de los fariseos que llegan de visita y se asombran
de que un antiguo secretario se desnude por fuera para vestir
poemas que hablan de amor e injusticias sociales.

Le daré la espalda a la indiferencia, a las calles donde paseábamos,
a esa parada de autobús donde te recogía para llevarte a mi alcoba,
a los mojitos que bebíamos, los porros que nos fumábamos,
al sexo que practicábamos bajo el velux de mi pequeña estancia.

Quizá le confiese al resto de mi mundo que estuve con una mujer,
que a pesar de los hombres que acogí entre mis sábanas, el
nombre de una rosa me estremeció los surcos del sentimiento
perdido de un amor que ya no era utopía, sino realidad.

Me olvidaré del pequeño trovador que me quitó el sueño
la pasada primavera, al verle comerse a besos a un quinceañero
entre las luces fogosas de unos alientos sedientos en pleno
Dragón discotequero de música horripilante y oscura.

Le musitaré a mis musas que las quiero un poco más cada día,
a la vida que es una asquerosa arpía, y al apuntador de todo este embrollo
que se vaya con viento fresco muy lejos de la luz de la luna que
intenta, cada noche, hacerme escribir algo bueno, realmente bueno.

Prometo engordar, reírme, beberme la noche con algo sin alcohol
y olvidarme de la angustia y el tormento de la lejanía de los míos,
volver a las cenas en casa de los amigos de siempre y
ponerme la chistera cada vez que os recite mis versos.

Y a ti…
A ti te diré que aunque me muera por dentro,
beberé en soledad lo que fuimos y sentimos, porque
sé que si te miro a los ojos, volveré a morir de amor y angustia,
y eso está muy feo, pequeña… Muy feo.

Y mientras el tren o el avión me alejan de esta ciudad,
de mis temores y mis quimeras,
le canto a mis pesadillas internas y nocturnas
el estribillo de una canción, que es la perfecta receta médica
para dar de nuevo alegría a mi corazón:

Quiero ver gente nueva que no se llame como tú,
y no creo que eso sea pedir demasiado…
quiero sentirme de nuevo vivo y ardiente,
y eso es un juramento de vagabundo errante
que se muere por un mundo nuevo que rompa en poesía


© Isidro R. Ayestarán, 2008
NOCTURNOS www.isidrorayestaran.blogspot.com