Frío&Frío. Por Brujapiruja

Clara marchó de viaje, era “su momento” y quería disfrutarlo plenamente. Preparó tranquila la maleta, recogió la casa, revisó los billetes y se miró reiteradamente en el espejo para comprobar su aspecto antes de salir hacia esa estimulante e incierta cita amorosa.
Sabía que Inés la necesitaba, pero había concentrado toda su energía en volver triunfante en esta ocasión y no estaba dispuesta a permitir interferencias que la perturbaran. Así de claro se lo había manifestado.
Miró de refilón el teléfono, e incluso hizo intención de levantar el auricular, mientras pensaba: ¿Para qué me voy a ir preocupada?, seguro que en el hospital la cuidarán muy bien, al fin y al cabo no es nada grave.
El vuelo salía en menos de dos horas. No había tiempo para más.

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Años después…

Inés deshacía su equipaje, venía inquieta sin saber bien porqué pero al fin estaba en casa, hijos, nietos y la alegría del reencuentro tras un mes en el extranjero. Sonó el tono de mensaje en el móvil y todos advirtieron, por su gesto, que algo relevante pasaba. Pero ella se recompuso enseguida y cerró el mensaje mientras esbozaba una lánguida sonrisa.
No os preocupéis –les dijo- seguro que en el hospital cuidarán muy bien de Clara, no es nada grave. Ella siempre desea vivir intensamente “sus momentos”. No seré yo quien la perturbe con un poco de afecto. ¿Merendamos?…

Brujapiruja

Tautina. Por Julio Cob Tortajada

Escribes como los ángeles, que de lo único que sé de ellos es de sus plumas, en las que quiero creer, al menos, en este instante.

Quizá perdieron una de ellas un día de viento, y suave, se fue arrastrando meciéndose entre brumas hasta que llegó a un fecundo calvero donde alguien la recogió. Sólo la sensibilidad de una mujer pudo darse cuenta de su utilidad. Y tras mojar su punta seca con sus labios ávidos de contar, y sentada sobre una piedra, alfombrada de seco musgo, se puso a escribir sobre la palma de su mano.

Eran tantas las cosas que necesitaba extraer de sí misma, que de bien poco iba a servirle su mano pequeña, por mucho que la extendiese para hacerlo sobre ella.

Y como no pudo lograrlo, dejó trotar su imaginación por el prado próximo, mientras escuchaba la música de las choperas cuyas notas surgían celestes, quizá nacidas de quien había perdido aquella blanca pluma. Lo que le daba mayores bríos a la niña de largos cabellos, que sentada sobre su piedra, sólo deseaba tener a quien contar.

Una nube, buscando la pluma, llegó al calvero. De él quiso hacerse dueño, cubriéndolo todo, y con la seguridad de encontrarla para llevársela consigo.

Pero fue entonces, cuando la vio en tan buenas manos al tiempo que adivinaba todo lo que en aquella mente se albergaba, por lo que se le ofreció generosa.

Escribe niña, y no te preocupes por no tener dónde, que mi poder es inmenso. Me ofrezco a ti, como prolongación tuya. Y almaceno en mi vientre, que potencial e infinito, será el mejor refugio donde puedas explayar tus fantasías sin límite alguno para la posteridad de tus días. Sólo te pido que no pierdas la pluma, que aunque no te hace falta, es la de un ángel al que no debes desairar. Te diré un secreto, niña de largo peinado: cuando el ángel soltó su pluma, sabía muy bien a qué manos llegaría, convencido como estaba que nunca le ibas a defraudar.

Julio Cob Tortajada

http://elblocdejota.blogspot.com
Valencia en Blanco y Negro- Blog

Días extraños (Haikus). Por Luís Bermer

124-LA ALMOHADA
En la almohada,
tu cuello bajo el hacha
del desencanto.

123-LA VERDAD
“No estás solo”
Dicen ellos, que no ven.
Sabes la verdad.

122-TU BUSQUEDA
En tu búsqueda,
enfermo de soledad,
perdí la razón.

121-VENENO
Dulce el veneno,
que te mata en silencio,
mientras la besas.

120-EL RÍO
Cambia tu mente,
el río de los días.
Te veré en el mar.

119-TORMENTA
Nubes de tormenta.
¿Qué traéis hacia el presente,
tras el horizonte?

118-RESPIRAR
Respiro y sueño.
No sé por cuánto tiempo,
antes de ser piedra.

117-ASESINO
Tiempo asesino.
Mataste nuestra dicha.
Dejaste ruinas.

116-UN DÍA
Nubes del alba.
Montañas y pozos.
Lagos nocturnos.

115-CIEGOS
Si vas a llorar,
Hazlo por ellos, ciegos,
a tus esencias.

Luís Bermer.com

Colorín-colorado. Por Mercedes Martín Alfaya

El lunes estuve todo el día con la abuela. A mamá se le rompió el coche y no me pudo llevar a la ´guarde´, que está muy lejos. Menos mal que la abuela descansa los lunes porque, a veces, mamá no sabe qué hacer conmigo cuando llegan estos imprevistos. Ella trabaja todo el día y papá también. Con la abuela me divierto mucho. Estuvimos en la Biblioteca, en la sala de niños (como acabo de cumplir dos años…). No había nadie (claro, a todas las mamás no se les rompe el coche el mismo día). Allí encontré cajones con libros de tela y otros con forma de animales. Incluso descubrí un tren con páginas que hacían: ¡chú, chú! Luego me fui al mueble de los libros sin música, ni orejas, ni ojos. La abuela se sentó en una silla bajita y yo le llevaba los cuentos, le pasaba las hojas y le señalaba los dibujos con el dedo para que ella dijera los nombres: “El Rey León”… “Su papá”… “El malo”… “Aladdín”… “El mono”… “La princesa”…
Pero el que más me gustó fue un cuento con muchos dibujos: “La Bella Durmiente”. La abuela me lo contó mientras yo pasaba las páginas:
“La princesa nació.
La acostaron en su cuna.
Llegó la bruja gritando: ¡¿Por qué no me han invitado a la fiesta? ¿Por qué no me han invitado a la fiesta?!
La princesa se hizo grande.
Y, un día, se durmió.
¡Despierta! ¡Despierta!
Y el hombre del pueblo decía: Que venga alguien a despertar a la princesa.
Apareció el príncipe en su caballo: ¿Por dónde se va al castillo? ¿Por dónde se va al castillo?
Por allí, por allí.
Tacatá-tacatá-tacatá…
Y la princesa se despertó: ¿Quieres ser mi amiga? ¿Quieres ser mi amiga?
Sí, sí, sí.
Y, el caballo decía: Yo también, yo también.
Y, colorín, colorado, este cuento se ha acabado.
¡Fin!»
Me reía cuando la abuela señalaba la bruja y decía muy rápido:” ¿Por qué no me han invitado a la fiesta? ¿Por qué no me han invitado a la fiesta?” Y le hice que me lo contara otra vez… Y, otra… Y, otra… Hasta que me lo aprendí de memoria.
¿Os lo cuento?:
“La sesa nació. La costó en su cuna con su chupete. Y la buja dijo: ¿po qué no manvitado a la festa? ¿Po qué no manvitado a la festa? Y la sesa se dumió. ¡Depiesta! ¡Depiesta! Y el píncipe venió con su caallo: tacatag, tacatag, tacatag. Y la ella umiente, abró los ojos. ¿queres ser mi amiga? ¿queres ser mi amiga? Sí, sí y el caallo dijo, yo tambén, yo tambén. Y, cooín, cooado, el cuento, cabado. ¡Fiiiiiiiiiiiiiiiin!”

texto y foto: Mercedes Martín Alfaya
(www.tallerliterario.net)

El cabaret de los sueños. Por Isidro R. Ayestarán, 2008

Nuevamente, el pub «Bolero» de Santander ha sido el causante de mi renovada inspiración. Tras la huída provocada por los últimos versos de mi anterior obra, Nocturnos, y el soplo de aire fresco recuperado en Madrid y Toledo, una conversación de madrugada en «El rincón de la fantasía» del citado pub me trasladó al mundo que pretendo reflejar con este nuevo trabajo.
Con la premisa «la ternura es la gran revolución», escrita en una cartulina y situada en el respaldo de los asientos de ese maravilloso rincón, presento mi CABARET DE LOS SUEÑOS, con instantáneas realizadas en la Casa Museo de Roca Tarpeya de Victorio Macho, en Toledo, y El Retiro de Madrid.
Ya sólo me resta decir una cosa:
Sed bienvenidos todos a mi cabaret.
El telón, se levanta de nuevo.
CLIP PRESENTACION


© Isidro R. Ayestarán, 2008
El Cabaret de los Sueños

Recital literario. Por Dorotea Fulde Benke


Recital literario de Antonio Rodríguez Menéndez
en la Biblioteca Municipal de Arroyo de la Miel (Málaga)
LOS GIRASOLES CIEGOS de Alberto Méndez
17 de Octubre de 2008

Siempre he pensado que no me gustaba escuchar durante mucho rato lo que otra persona me leía en voz alta. ¡Qué equivocada estaba! Anoche, en la Biblioteca de Arroyo de la Miel, Antonio Rodríguez Menéndez me leyó durante más de dos horas un relato sobrecogedor del libro «Los girasoles ciegos», y digo que me lo leyó porque a pesar de que hubo una treintena de personas escuchando —con el ruido de fondo que eso crea— tuve la impresión de que me lo estaba leyendo a mí personalmente.

Introdujo la lectura con una breve observación sobre la necesidad de actuar como un bisturí eléctrico, o sea, abrir y cauterizar a la vez, cuando escribimos o leemos y también cuando nos hablamos los unos a los otros. Identificó las distintas voces del relato por el estilo de letra con el que aparecen en el libro: cursiva, negrita, normal… y a partir de entonces nos permitió seguirle, escucharle, ‘respirarle’ a nuestra manera. La historia se desarrolla entre el arrepentimiento de un ex diácono, la seriedad del narrador omnisciente y los inevitables toques de humor cuando se refleja la visión de Lorenzo, un niño de postguerra, que vive tanto el silencio que las circunstancias imponen en su casa, como la rivalidad y complicidad que existe entre los compañeros de juego, y la disciplina del colegio y la persecución a la que se ve sometido por uno de los profesores, un diácono que a la larga resulta estar enamorado de Elena, la madre de Lorenzo, y que provocará el desenlace cruel y al mismo tiempo misericordioso del cuento.

Transmitiendo el enorme contenido dramático del relato sin teatralizar, sin gesticular, el narrador, Antonio Rodríguez Menéndez, buscó de vez en cuando la mirada cómplice de los oyentes vinculando la fantasía de cada uno a la lectura y al texto. Así nos tuvo pendientes hasta el último renglón de la obra. Cuando llegó el final, hubo un silencio denso y expectante. Hubiéramos querido pedirle que no diera por terminado el cuento, pero tuvimos que aceptar lo inevitable: aplaudimos y el recital se acabó.

Ahora sé que me gusta, y mucho, que me lean. Que me lean de esa manera vinculante, dirigida íntimamente a mí, a la mujer de al lado y al chico de la primera fila. Y espero que pronto alguien vuelva a dedicarme el contenido y la belleza de un texto tan hermoso como «Los girasoles ciegos». Gracias, Antonio.

Antonio Rodríguez Menéndez es actor, director de teatro, dramaturgo y profesor en el Teatro Estudio Tuzla. En 2003 funda el Proyecto Fahrenheit 451 (las personas libro) y la Escuela de Lectura de Madrid.
Enlaces: http://www.personaslibro.org/
http://www.escueladelectura.com/

Texto y figura de arcilla: Dorotea Fulde Benke

Volver. Por Isidro R. Ayestarán

Me hablaron de la tierra prometida,
de luces azul celeste,
de brazos acogedores y
de miradas que asienten.

Me habían explicado que
las historias de amor siempre acaban bien,
y que el sepia es un color antiguo
reservado para una foto familiar de fin de siglo.

Pero los libros homologados de la ciencia impuesta
no dan respuesta a lo que hay tras los puntos suspensivos,
ni nos cuentan porque decir te quiero es tan
complicado en este mundo de palabras calladas.

Y aquí sigo, buscando respuestas,
volviendo al origen de un punto de partida
que empujaba hacia el epicentro de un dolor amargo.
Y volver, volver, volver…
A veces sin saber para qué,
despertando de un sueño terrible en mitad de la noche.

Me habías confundido con el sabor de tus labios,
con la sencillez de una sonrisa,
con la luminosidad ardiente de una mirada
capaz de decirlo todo con casi nada.

Habías logrado que creyera sin verte,
sin profundizar en un silencio eterno
desde el territorio inhóspito de nuestras
sábanas impregnadas del elixir del amor.

Pero la ausencia del calor hace que
refugie mi rostro de las miradas del resto del mundo,
como si fuera de un color distinto con olor
a Tercer Mundo aún sin civilizar.

Y aquí sigo, buscando respuestas,
volviendo al origen del porqué existe el rechazo
a culminar un sentimiento en plena primavera.
Y volver, volver, volver…
a veces sin saber para qué,
despertando de un sueño terrible en mitad de la noche


© Isidro R. Ayestarán, 2008
El Cabaret de los Sueños