La primavera. Por Julio Cob Tortajada


Hace de ello unos cincuenta dias. En mis manos un sencillo boniato. Esa raíz tuberculosa que horneándola primero a conveniencia, amasando después su fécula azucarada, y envuelta por una pasta de harina enriquecida con otros ingredientes, y que otra vez al calor del horno, en pocos minutos se convertirá en un goloso “pastel de boniato”.

Pero no me detengo en él y vuelvo a cuando aún en mis manos percibo en su piel restos de tierra en la que se ha nutrido adquiriendo volumen y que tras su recolección ha llegado a mis manos para un fin determinado.

Cuatro sencillos mondadientes hincados en su carne que servirán para fijarlo en un pequeño y cónico jarrón cubierto de agua hasta casi sus bordes. Y tiempo al tiempo.

Pasan los días y nada sucede. Unas semanas e igualmente. Hasta que un día y a través del cristal unas blancas raíces brotan hacia el fondo buscando extenderse. Y otras tras ellas.

A los pocos días, en la copa del boniato aparecen unos tallos enhiestos que van multiplicándose, enramándose y buscando un lugar en el que fijarse para que en muy pocos dias adornar cualquiera de los rincones del hogar, al que le da un toque de belleza, de vida por apenas unos céntimos de euro.

¿Fuente de vida? Por supuesto; pero más bien es lo propio de lo sencillo y natural que en tantas en ocasiones procuramos cuando huimos de lo caro, de lo inútil, de lo superficial, de lo que termina aburriéndonos y nos conduce al desdén.

¿El furor de la primavera? Ahí está ella, fiel a si misma, embelleciendo un ambiente que lucha con desespero por salir de un desconcierto urdido en las fauces de un invierno, avivado con un fuelle e impulsado por todos.

Julio Cob Tortajada

Colaborador de esta Web en la sección «Mi Bloc de notas»
http://elblocdejota.blogspot.com
Valencia en Blanco y Negro- Blog

Musicoterapia. Por Mª Dolores Moya Gómez

Me encanta el baloncesto pero nunca se me ha dado bien jugarlo, así que me he tenido que conformar con practicarlo desde el sillón, a lo sumo desde una grada. Cuando mi mujer me dio la feliz noticia de que íbamos a ser papás de dos niños, los visualicé jugando al basket y yo siendo su más fiel seguidor. Con el propósito de que instintivamente solo les llamara la atención mi deporte favorito, tras investigar con entusiasmo cómo podría ayudar a tal fin, durante el embarazo les puse todas las noches un rato de música clásica al acostarnos y de fondo la retransmisión de algún partido de baloncesto. Curiosamente a ninguno le ha dado por hacer lo que yo pretendía; uno de mis hijos toca en una banda de heavy metal y el otro es alpinista. Mi mujer, sin embargo, ahora es una experta en lanzamiento, es oír una palabra relacionada con el baloncesto y siempre me da con algo.

 

Dolores Moya Gómez

La culpa es del Monopoly. Por Rafael Caunedo

La culpa de todo la tiene el Monopoly. Ya apuntaba maneras desde pequeña. Parecía que disfrutaba desplumándome, viéndome cómo me arrastraba hasta la Banca para pedir que me dieran un crédito. El asunto de las estaciones salió mal y todo empezó a ‘fundirse a negro’. Después, ya en quiebra técnica, medio regalé mis propiedades, mientras ella, amasando cada vez más dinero, se pasaba el día en el notario poniendo escrituras a su nombre. Tampoco tuve suerte en las cartas. Perdí todo, tan sólo me quedaba la casa del Paseo del Prado, la más cara de todo el tablero, pero nunca caía en ella. Una vez tras otra saltaba por encima con la gracia de una feliz gacela. Y yo allí, con cara de idiota, mirando el brillo de sus anillos al tirar los dados, arrepintiéndome de haberme casado con ella. Mi último billete se lo llevó una multa por conducir borracho. Te compro la casa, me dijo, tendiéndome un fajo de billetes. Valoré la situación: miré el dinero, luego la casa, después otra vez el dinero. Lo cogí con desgana. Vi, apenas conteniendo las lágrimas, como tiraba la casa para levantar un hotel. Fue superior a mis fuerzas. Me levanté y la hice tragarse todo el montante que aún mantenía en la mano.
Me denunció. Ahora estoy aquí encerrado, a la espera de juicio. Conociendo mis antecedentes, mi compañero de celda se niega a jugar a nada. Y yo me aburro.

Rafael Caunedo
Blog del autor

Tu regreso. Por Mirtha Rodríguez

Regresó al atardecer, me extendió su mano fría

La palidez de su rostro, me conmovió…mucho sufría

Mis pensamientos… volaban, cual paloma herida

Mi dolor… aún permanece, cuando se marchó, aquel día.

Voló, tras otro amor… libre, como una golondrina

Sin suponer, quizá… que todo, terminaría…

Tengo aún presente, el dolor en mi alma herida

Sin pensar, que mi amor…un día, regresaría.

No necesitamos hablar… tomé, sus manos frías

Su rostro trasmitía… lo que aún, sentía

El brillo de sus ojos, sus manos con las mías

Mi cuerpo estremecido… no sabía de razón, solo sentía.

Nos abrazamos, muy fuerte, nuestro corazón… ardía

Mi gran amor, ha regresado… otra vez, a mi vida

Con cristales rotos en su alma, se percibía

Nada más importa, él regresó a mí… tras su cobardía.

Asociación Canal Literatura
Mirtha Rodríguez
Argentina

Tiempo muerto. Por Anita Noire

Si alguien me preguntara el modo de sobrellevar algunas cosas, no tendría ninguna duda a la hora de contestar, diría que a veces radica en jugar al despiste con uno mismo.

Yo, que tengo cierta tendencia a querer tener las cosas claras conmigo misma, necesito, una vez aclarado lo que hay, despistarme para no volver sobre lo mismo una y otra vez. Es cierta tendencia a la compulsión, a la necesidad de encontrar explicaciones a casi todo. Una tendencia personalmente un tanto suicida porque sé, y lo sé de manera sobrada, que no hay explicación para muchísimas cosas. Los años se han encargado de azotarme, sin piedad, con grandes dosis de realidad y de desconocimiento. De ahí que, con el tiempo, busque la vacuna del despiste.

Estos días me he despistado mucho. Pura necesidad de supervivencia, y de cejar en ese oscuro empeño por trazar diálogos inexistentes que dibujan falsas realidades casi nunca placenteras.

Puede sonar extraño, pero somos complicados por naturaleza. Puede que por eso precisamente, sobre mi abarrotada mesa del estudio, sobre la mesilla que tengo junto al sofá, sobre el mármol de la cocina, incluso sobre la encimera del baño, estos días haya más libros de lo habitual, cuadernos, notas, fotografías, frascos de flores de Bach, cápsulas de triptófano y demás paraísos artificiales.

Despistarse entrando en los mundos ajenos, para dejar de rastrear en el propio, para parar de una vez y dejar de sacar punta a cada pensamiento extraño.

Es hora de un tiempo muerto. Sobran explicaciones.

 

************************

“Desperté con los primeros pájaros y ya mi lámpara moría. Y me fui a la ventana abierta y me senté; con una guirnalda fresca en mis cabellos sueltos… Por el camino venía él en la nieve rosada de la mañana. Traía al cuello una cadena de perlas y el Sol le daba en la frente. Y se paró en mi puerta y me dijo ansioso: ¿Dónde está ella, di? Me dio vergüenza de decirle: Ella soy yo, hermoso caminante, ella soy yo.»

(Fragmento el jardinero de Rabinddranath Tagore. Traducción de Zenobia Camprubí)

Anita Noire
Blog de la autora

Enlaces no deseados (Tex echance). Por Luisa Núñez

 

Muchos de vosotros habréis notado que de un tiempo a esta parte cuando visitáis una página web salen algunos enlaces que no tienen nada que ver con el texto que estáis leyendo. Si ponéis el ratón encima de esos enlaces os sale una ventanita que dice «Powered by Tex enhance» o algo similar y os dirige a una página publicitaria.

Durante algunos días hemos estado investigando si esos enlaces estaban en el código de nuestra página, pero no hemos encontrado nada, así que hemos recurrido a varios foros para averiguar porqué estábamos viendo estos enlaces y estos cartelitos que además también estaban en otras páginas de las que sabemos que no hacen ningún tipo de publicidad.

Aún era más sorprendente ver que según que ordenador utilizáramos salían o no, por tanto deducimos que no eran las páginas, sino los navegadores instalados en un ordenador concreto lo que producía esta engorrosa publicidad no deseada.
No podemos deciros como o quién lo hace, pero lo cierto es que publicita sin consentimiento ni de las páginas web o blog ni de los usuarios (entra bastante camuflado) y que tener esos enlaces significa que alguien nos ha «colado» un malware en nuestro ordenador, un programa llamado Codexc y que se instala como extensión en cada navegador.

Nosotros hemos conseguido que desaparezca en todos los ordenadores, quitando en cada navegador la extensión correspondiente Codexc. En el video que os dejamos se explica cómo hacerlo en CHROME, pero es igual para todos los demás, buscar las extensiones y borrarlas.

Pero no acaba la limpieza hasta que vayas a Panel de control- Programas y características- y borres de la lista de programas Codexc que aparecerá en la misma.

Después repasa con tu antivirus para dejarlo aún más limpito.

Esperamos que os sirva de ayuda,

Saludos a todos.

Luisa Núñez ( Hoy, Brujapiruja)
CEO del Portal Canal Literatura
Especialista Universitario en Sistemas Interactivos de Comunicación.

Los iguales. Por Marcelo Galliano

(Sobre una leyenda sufí, revisada y adaptada)

El camino hacia al templo era largo, pero agradable, estaba salpicado con flores silvestres y sombras oscilantes de los árboles frutales que, a los costados del sendero, se mecían acompasadamente al viento del Este que anunciaba la lluvia acaecedera. Algunos ruiseñores musicalizaban el atardecer con su canto, diluyendo sus notas graves en el crujir de las hojas.

-Me gustaría ser invisible –espetó, a su maestro, el joven discípulo. -Quisiera no desentonar en este paisaje perfecto. Siento que estoy de más en esta escena. Quisiera no ser visto. ¿Hay forma de lograrlo?

El gurú siguió caminando a su lado. Parecía preocupado ante ese deseo del muchacho de pretender desnaturalizarse, de desintegrarse perdiendo todo vestigio de individualización. ¡Tantas veces le había enseñado la verdad del alma incorruptible, imperecedera, común a todo ser, el cual, a la vez, debe cumplir con la misión propia e irrepetible de sostener esa esencia, de manera personal, en el mundo de las formas…!
El silencio del guía era incomodo, pero el educando no lo advirtió y siguió inquiriendo: -¿Se puede llegar a ser invisible?

El viejo se detuvo y, mirándolo fijo, contestó: -Apenas tenga ocasión te lo demostraré.

Prosiguieron el peregrinaje sin pronunciar palabra. La noche se abría paso y la brisa fresca llegaba anunciando la oscuridad venidera. De repente, como un inesperado aluvión, un grupo de soldados irrumpió delante de los caminantes.
-¡Alto en nombre de la Corona!
-¿Qué desean? -dijo el maestro.
-Nuestro Rey mandó a detener a todos los derviches por desacatar sus órdenes y causar, con sus opiniones, agitación en el pueblo.
-Me parece perfecto. Todos deben ser detenidos -contestó sorpresivamente.
-Pero, ¿acaso usted no es un Sufí? -dijo el militar, extrañadísimo, mientras levantaba, con una de sus manos, unos escritos de esa enseñanza, incautados horas antes.
– Pero ¿cómo se le ocurre tal disparate? -dijo el viejo arrebatándole las hojas y destrozándolas con desprecio. Al instante. los soldados se retiraron del lugar.
No tardó el joven en increpar a su mentor: -¡Maestro, ha denigrado nuestra sabiduría!
-Yo sólo estaba enseñándote.
-¿Enseñarme qué? -gritó el chico
-La manera de hacerte invisible. ¿No advertiste que, apenas me convertí en uno de ellos, dejaron de darse cuenta de que existía?

Asociación Canal Literatura
Marcelo Galliano
Argentina