El caso Svenska. De Maribel Pont

El libro
Meg, es una madre separada que no ha podido superar su nueva situación sentimental, a consecuencia de ello la convivencia con su hija Svenska se ve deteriorada. Aunque el amor hacia su pequeña es incondicional, la relación está resquebrajada. Por eso mismo, decide realizar un viaje a California con su hija y de esta manera poder fortalecer sus lazos afectivos.
Por desgracia, lo que debía ser una agradable estancia en un lugar idílico, se convierte en la peor pesadilla de Meg, viéndose implicada en la búsqueda de su propia hija desaparecida; todo se complica cuando la policía la considera la principal sospechosa de la desaparición de la niña.
Un caso de gran difusión mediática, un tema que hace vibrar el corazón de Estados Unidos y volcarse en la búsqueda de la pequeña por parte de todos los ciudadanos.
Pero no sería ése el único obstáculo que se interpondría en su camino; la confusión se volvió contra ella. ¿Dónde estás Svenska? Te necesito…

La autora

Maribel Pont nació el 8 de Febrero de 1981 en Manacor. Desde niña encontró la manera de expresar sus sentimientos e inquietudes a través de la escritura. En 1994 ganó su primer premio literario en un concurso escolar convocado por el ayuntamiento de Manacor. Fue en 2007 cuando motivada por la pasión de la lectura se propuso el reto de escribir su primera novela. Impulsada ha introducirse en el mundo de las letras, participó en varios certámenes con grandes resultados, donde fue publicando diversos relatos. Una línea de trabajo que abarca desde cuentos infantiles (La pequeña fugitiva; La princesa de ojos tristes; entre otros); hasta relatos y novelas donde predominan el suspense y la intriga.

Libro disponible en Amazon

Mis miradas. Por Mar Solana

Mar Solana

Hay miradas ácidas, de limón sin aliñar, el alma pega un brinco cuando se encuentra con ellas…
Hay miradas de merengue, ojos que cansan y empachan si te pasas con la dosis…
Hay miradas vacías, visajes únicamente destinados a la supervivencia de su portador…
Hay miradas de complicidad, esa que otorga los silencios compartidos; un collar de gestos que no necesita engarzar palabras para lucirse…
Hay miradas como abismos, incapaces de comunicar nada a través de su espectral negrura…
Hay miradas de gelatina, blandas y escurridizas, imposible saber dónde van a posarse…
Hay miradas de pan recién hecho, cálidas y nutritivas, alimentan cada rincón del alma…
Hay miradas de esponja, si te descuidas te roban tu savia…
Hay miradas de almizcle, seductoras, sinuosas y profundas como un túnel, nunca sabes lo que vas a encontrar…
Hay miradas de arroz con leche, tiernas y tibias, capaces de tirar el muro que esconde la bondad del ánimo y de taladrar la compasión de las entrañas…
Hay miradas de pétalos de rosa y té caliente, capaces de encontrarte con la esperanza sin abatir…
Hay miradas de cristal, transparentes, eternas…
Hay miradas como la tuya, atenta, silenciosa y lectora… ¡Gracias por mirar mis palabras!


Mar Solana
Blog de la autora

Sobre los ojos y las miradas. Por Mar Solana

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Hace unos meses releí “Háblame de ti”, de Lola Duque, libro ganador del Primer Premio Robin Book de Narrativa New Age en 1998. Lo encontré, por primera vez, en un momento de mi vida en el que sus palabras fueron como abono para una tierra débil y asustada. Porque yo creo en las relaciones mágicas con los libros y las letras; leemos el que necesitamos para los «deberes» que nos marca la Vida en cada etapa. En esta segunda lectura, me quedé atrapada en este precioso párrafo que habla de los ojos, de la mirada… Miradas esquivas, miradas del demonio, miradas divinas… La mirada es como una instantánea de nuestra alma, ¡revela tantas cosas del paisaje!

Os dejo primero con el párrafo que me inspiró para echar un vistazo y escribir sobre mis propias “miradas”:

 

«De las palabras sencillas puede brotar una gran reflexión… Amanecer desde dentro, conseguir que la primavera triunfe sobre el invierno, y el amor y la vida sobre la muerte. Quiero descubrir mi interior, abrir esas puertas de par en par, y vivir. He pintado la puerta más grande de color verde porque es el color de la esperanza… Nuestra alma, en algún momento, deseará conectar con su origen divino… Si no encuentra interferencias en su camino y la consciencia está preparada, quizás lo haga… El corazón es el símbolo del Fuego y del Amor y está conectado con los ojos. Los ojos, la mirada de los demás, siempre me han llamado la atención. No todos los ojos con los que me encuentro son limpios ni se mueven con cierta gracilidad. He visto ojos de miradas duras, agresivas, locas y violentas; (…)ojos falsos de corazones oprimidos, ojos que hacían daño, que pretendían censurar, miradas con un destinatario para ejercer presión, pero también he visto ojos con miradas dulces, iluminadas, vivas, miradas que me han traspasado y me han hecho pensar que Dios existe».

 Del libro: «Háblame de ti», Lola Duque. Ganador del Primer Premio Robin Book de Narrativa New Age (1998).

 

Mar Solana
Blog de la autora
 Cuadro:»Miradas» grafitto de Cecilia Malvezzi.

Historia de un alemán. Por Brisne

«Todos los baluartes habían caído, era imposible cualquier tipo de resistencia colectiva y la oposición individual era una mera forma de suicidio. Nos habían perseguido hasta llegar a las últimos recovecos de nuestra vida privada, en todos los ámbito reinaba un estado de desbandada, una huida confusa de la que no sabía dónde iba a terminar.»

Sebastian Haffner escribió en Historia de un alemán, sus memorias, sus vivencias en Alemania desde 1914 hasta 1933. Llegar a libros de este tipo no es sencillo, fundamentalmente porque se esconden fuera de las listas de más vendidos o de novedades. Yo he llegado a él desde las páginas de «Niños feroces». Apunté tres o cuatro y éste ha sido el primero en llegar a mi retina. Lo he cogido con ansia, sabiendo que esa época histórica me seduce y esperando respuestas a mis preguntas, sobre todo a saber por qué se produjo el apoyo del pueblo alemán a un tipo como Hitler. Y lo mejor del libro es que he logrado entreverlo. Y me he asustado. Primero por la descripción pormenorizada de la primera guerra mundial vista desde los ojos de un niño de siete años, como creció con una terrible crisis económica, como sufrió la depreciación de la moneda hora tras hora, hasta que en la calma surgió en nazismo como reacción al socialismo y el miedo al comunismo ruso. Y como un pequeño burgués en esa Alemania o estaba con los nazis o se exponía a marcharse de ella o acabar en un campo de concentración y eso hasta 1933 cuando la segunda guerra mundial todavía no había comenzado. Y luego ha venido mi susto, ver la evolución de las masas en las votaciones recientes, como sube la extrema derecha, como parece que los únicos que van a poder salvar nuestros muebles son ellos, como eso también paso en Alemania dónde muchos pensaban que el mal menor eran los nazis, que ellos les salvarían de la crisis económica y del terror rojo que se alzaba en Rusia. Y cómo ahora, muchos de los que votan piensan también que alguien va a salvarles, y por esa salvación serían capaces de aceptar cualquier cosa, cualquier recorte, cualquier quiebra de derecho. Qué importa, pensarán mientras a mi me den un plato caliente y la posibilidad de poder seguir con mi negocio, mientras me den seguridad económica. Y en aras de esa seguridad económica en Alemania en la década de los 30 toleraron lo intolerable, y lo peor es que creo que la mayoría lo sabían. Por eso Haffner se marchó a París. Sólo espero que en el futuro sepamos leer la historia y no deslumbrarnos ante cualquier salvador.

Brisne
Colaboradora de Canal Literatura en la sección “Brisne Entre Libros
Blog de la autora

El sendero. Por Francisco Gragera

Mi padre, que se marchó por la puerta trasera sin decirme adiós, era un ferroviario que una maldita enfermedad le dejó tirado en un Hospital de Madrid, con el silencio de los muertos. Siempre lo busqué y siempre me contestaban que estaba en el cielo. ¡Qué crueldad!.
Mi madre, porcelana fina envuelta en el manto de sus rezos, quería que su hijo fuera Cura para poder ser la ama de llaves, tan en los pueblos, allá por los años del franquismo de los setenta.
También ella, sin conseguirlo, se fue deprisa cual ráfaga de viento abre una ventana. Solamente conoció la sotana de su hijo en el último año de Noviciado.
Mis cuatro hermanos, todos tan lejos y tan cerca, soñando en recorrer la vía estrecha de la vida buscando un porvenir incierto.

Todo ha sido un sendero lleno de ilusiones,un largo rail que me llevaba a la estación más próxima,bajándome del último vagón para subirme de nuevo al próximo tren que me acercaba al nuevo apeadero en donde oteaba el viento de nuevas singladuras.

Ya me he hecho mayor y mis manos con las arrugas plegadas al trabajo se levantan al infinito llenas de amores, silencios, tristezas y energías; con prados y montañas, ríos y mares, riscos y playas donde se desnudan cada día las olas del mar en un excitante ruido de espumas y algas.

Sé, ahíta, porque tu aliento me llega, que te encuentras muy cerca preparándome el camino que no pudistes hacer agarrándome de la mano. Tu también mi ama, porcelana fina, mi cieguita tan joven que cuando yo te susurraba a Machado, Lorca y el de tu tierra Chamizo, dejabas caer por tus ojitos cerrados unas perlas de lágrimas que a mí me estimulaban para seguir recitándote más versos. Tu hijo, el que iba para Curita de pueblo, te pide disculpas y desde estas letras te comunica que soy lo que tú quisistes: Feliz en un sendero dificil, en donde mis manos aprietan manos, mis brazos abrazan y mis besos estallan sobre rostros a veces hostiles.

Francisco Gragera

Circo. Por María

Llego al quirófano en una camilla que ha ido traqueteando por los pasillos y que amenazaba descomponerse del todo al entrar en los ascensores.

La empujan con prisa hasta ponerla paralela a la mesa de operaciones y me preguntan si puedo pasarme sola o si necesito ayuda: me traslado sola queriendo disimular los temblores.

Esto está lleno de gente enmascarada que no veo bien, porque unos focos que arden como estrellas me ciegan al momento. Me tumbo como me indican, se me acercan, sólo veo de ellos ojos de mirada profesionalmente simpática; saben que tengo miedo y me hablan en voz cálida, todos a la vez: “no te dejes impresionar por todo esto”, “ya mismo acabamos, antes de que te enteres estás en la habitación”, “venga, relájate y disfruta”, “coloca la cabeza aquí”, “deja el brazo quieto que te tengo que coger una vía”…

“Ahora te vas a ir durmiendo, cuéntanos algo, el nombre de tus hijos” y empiezo: Pedro, Miguel, Am…y no sigo porque noto que empiezo a despegarme de la mesa y me agarro fuerte a los lados.

Estoy en un trapecio cogida de las cuerdas laterales y me balanceo dando un larguísimo vaivén de un extremo al otro de la carpa; estoy tranquila con mi equilibrio y no tengo miedo a la altura y al vacío, al contrario, me siento cómoda y ligera, así que me suelto y abro los brazos en cruz, y levanto un pie de la barra y estiro la pierna, y estoy feliz columpiándome sobre un solo pié y suelta de manos, cortando el aire. Entonces el trapecio cambia bruscamente el sentido del movimiento, pierde su anterior trayectoria y yo empiezo a vacilar, miro para todos lados y no veo nada, sólo las cuerdas del trapecio y un agujero negro alrededor.

-¿Qué pasa con la anestesia? Esta mujer no para de estremecerse, aumenta la dosis.

Un segundo en vilo y pierdo pie: caigo tranquilamente pensando que me parará la red, pero sigo cayendo y cayendo y no hay red que me sujete.

– Controladme esa tensión, que está por los suelos, hay que subirla antes de seguir.

Aparece el jefe de pista vestido de lentejuelas desde el gorro hasta las babuchas, y tocando unos platillos estridentes anuncia mi llegada al suelo entre un redoble de tambores y entonces yo, finalmente, me estrello sobre la pista.

– Alúmbrame bien la zona, acerca ese foco, rápido.

Salen por distintas puertas unos payasos sonrientes, con grandes escobas de colores chillones: verdes, azules, naranjas, amarillas…y empiezan a barrer los pedazos, mis pedazos, que ahora son bolas de papel que revolotean en el torbellino de los escobones.

– Aspira aquí que con tanta sangre no veo nada. Aparta las gasas manchadas, mete compresas limpias.

Los payasos, con sus bocas pintadas de risa, barren de la pista las bolas de papel, que se colorean al contacto con las escobas. Oigo las carcajadas de los espectadores y sus silbidos de admiración desde la oscuridad de las gradas.

– Bien bien bien, parece que remonta, seguidle metiendo suero a chorros.

Las bolas de papel se inflan y redondean y se convierten en globos que empiezan a subir de nuevo al trapecio; los payasos tratan de alcanzarlos con las escobas, dando saltos por la pista jaleados por gritos y palmas y por los aspavientos del jefe de ceremonias, con su vestido destellante.

– A ver si cerráis deprisita, que la quiero ir despertando ya…

El jefe de la pista anima a los payasos a que desinflen los globos para que bajen; las escobas se alargan y me alcanzan y me pinchan con sus filamentos duros.

– No sé porqué no respira ¿cómo se llama esta mujer?…venga, respira joder que puedes hacerlo…carga un bolo de Urbasón y pónselo, a ver si se anima.

“Respira, respira…” oigo desde lo alto de la carpa, y el jefe de pista envuelto en luces golpea con suavidad el globo de mi cara.

María

Palabrasocultas. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Yolanda Saénz de Tejada

A veces, las palabras, son totalmente opuestas a los hechos.

 

Yo sabía que él,
cuando recorría
su lomo y
ataba con besos
sus lunares,
pensaba en mí…

Yo sabía que él,
cuando se
moría de sed
y paraba a beber
-en su monte de Venus-
como Vulcano
fiel,
pensaba en mí…

Y sabía
-también-
que cuando le
acariciaba el pelo
con los dedos,
derramando sus gritos
y sus huesos,
me llamaba a mí.

Yo sabía que
su amor era mío,
incluso después
de abandonarme.

Pero nunca supe
(cruel decisión)
porque no
fue a ella
a la que dejó.


Yolanda Sáenz de Tejada
Colaboradora de esta Web en la sección
«Tacones de Azucar»

Blog de la autora