Vivir en soledad. Por Mirtha Rodríguez

Vivir en soledad…

me muestra sutilmente

el color, de cada amanecer

es abrazar la aurora

gozar, del aroma de las flores

hasta la suave brisa, distinta, es.

Vivir en soledad…

provoca en mi alma, un raro placer

tu desamor, me marcó tan fuerte

no tengo nostalgias, por el ayer

en la suavidad de mi lecho

el alma siento estremecer.

Vivir en soledad…

desnuda los profundos sentimientos

que muchas veces, no quiero

o tengo temores, de ver.

Vivir en soledad…

permite, sentirme fuerte

el estar obligada

el tenerme que sostener…

en momentos de la vida

como la lluvia, sobre los campos

es necesaria, para crecer.

Asociación Canal Literatura
Mirtha Rodríguez
Argentina

Seda. Por Julio Cob Tortajada

En Seda nos dice Baricco que “existen personas que prefieran asistir a la vida antes que a vivirla. De forma parecida, aquellos que contemplan su destino igual que observan el ver caer la lluvia”.

Cumplidos consigo mismo los deseos e inquietudes trazados desde nuestros años juveniles; alcanzados nuestros anhelos y dispuestos a terminar nuestros días en el gran teatro de la vida, es entonces, cuando nos queda el deseo que estos sean duraderos y verlos envueltos con la mejor salud para que nos permitan el mayor disfrute. Sin embargo, el ser humano, no sólo fue dotado con aptitudes creativas para interpretar el personaje central de su propia representación teatral. Aquellas, no sólo le sirven para que una vez escenificado el personaje sean guardadas con máximo cariño en el estante de los recuerdos patrimoniales. Siguen vivas en el alma del actor y mantienen su evolución. Muchas veces, sin que ello sea exactamente así, en su deseo de seguir viviendo, las motivaciones se vuelven contra uno, alertándole que su misión no ha finiquitado, porque estas aptitudes no envejecen jamás.

De la observación del mágico mundo que vivimos, en el que existen hermosos parajes, cuya contemplación nos producen éxtasis alcanzando cumbres inimaginables, sólo éstas pueden ser superadas cuando nos llega el deleite de recibir sensaciones de amor de un ser humano.

Tener todo lo deseado no es garantía de estar preparados para superar las dificultades que continuamente se van incubando en nosotros. Los deseos vehementes de amor, no mueren, pese a que aceptemos envolverlos en cinta de seda, en nuestro estante de los recuerdos.

Al hacerlo así, surgen momentos melancólicos de tristeza profunda, nacidos por circunstancias complejas y al mismo tiempo de natural explicación. Facetas inherentes al ser humano que cohabitan en su interior, desde el primero a último momento de su vida. Ellas nos llevan a una situación de desgana sobre un escenario que no dominas, y en el que sólo los demás actores que te rodean pueden ayudarte a alcanzar la necesaria pasión para superar los orígenes de tu impaciencia.

Alexander Baricco se vale de un comerciante con capullos de seda. Busca los necesarios huevos en lejanas tierras. Llega hasta Japón, lugar donde existe la seda más bella del mudo. Tocarla era como tener la nada en las manos. Conoce una bella joven de ojos sin sesgo oriental y de una intensidad desconcertante. Tras tomar el té de la forma más sensual que imaginar se pueda, se enamora de ella.

A su regreso, el comerciante regaló a su mujer una túnica de seda que no se puso porque era como coger la nada. Su esposa que lo quería enormemente desde el primer momento, se dio cuenta de que algo había pasado y cuyo sucedido adivinó.

Repetidos viajes en búsqueda de su mercancía representaban también para él la contemplación de los ojos de la joven. Un innecesario último viaje fue emprendido por la sola razón de verla.

En esta obra maestra del cuento, el autor, nos reserva un bellísimo final cuyas motivaciones orientales vienen de paredes de papel con sombras que no emiten ruido. No parecen vida, sólo teatro. Son ideogramas, tinta negra.

Julio Cob Tortajada

Colaborador de esta Web en la sección «Mi Bloc de notas»
http://elblocdejota.blogspot.com
Valencia en Blanco y Negro- Blog

Háblame de la lluvia. De María Monjas

 El miedo a la muerte produce avaricia.
La avaricia produce urticaria.
Ojalá nos rasquemos un día y nos salgan flores rojas.
Y nos muramos del susto.

Miramos al cielo por si hay nubes. Por si hay muchas nubes, por si son negras o vienen presurosas en bandada. Sea como fuere, y aunque el sol nos queme de buenos presagios, nos abrochamos los cierres y agarramos los paraguas. Por si acaso, por si se confundió la mujer del tiempo, por si el jefe está de malas, o la chica que te gusta se va con otra. Por si hoy caen las acciones de Bankia o baja el déficit de autoestima o viene un temporal de desilusiones. Por si ocurre algo malo, algo terrible, por si acaso, por si acaso… 

Háblame de la lluvia va a mojarte, va a empaparte, lleves o no paraguas.  Quizá no te de miedo probar sus versos porque creas que ya lo sabes todo sobre ti, porque te sientas  conforme o conformado. Te invitamos a cuestionarte, a cambiar las cosas de sitio, a darle la vuelta a lo que te reconforta. Te invitamos a mirar de frente a la tormenta, a romper los espejos de la autocomplacencia y rebuscarte un poquito más adentro.  A naufragar de desamor y salvarte en el último suspiro de mar. 

Que después de la tormenta viene la esperanza, la alegría de lo posible, la inocencia de lo inédito y la risa espontánea.   

No dejemos que los versos nos los escriban los otros, no vaya a ser que un día nos quedemos sin lluvia, nos quedemos sin nubes, nos quedemos sin cielo.

María Monjas La autora. 

María Monjas, poeta y epicúrea. Nació en Valladolid en 1974. Estudió físicas porque sentía la necesidad de saber por qué el tiempo va a toda velocidad, pero pronto aprendió que las fórmulas de la poesía eran mucho más eficaces para entender y explicar el mundo. Escritora de brevezas, de haikus, de micros y de poemas, comparte su mirada del mundo en encuentros y recitales literarios, en revistas digitales y programas de radio. Colabora con Fanzine Ramalazo y Dolores, revista chica de poesía contemporánea. Participó en la antología de poemas para niños Sonrisas del Sáhara (Parnass, 2010), y tiene varios relatos y poemas publicados en diversas antologías. Háblame de la lluvia es su primer poemario.

Sueña con una tormenta que arrase con todos los prejuicios, privilegios y relaciones desiguales de poder y nos deje un mundo escampado donde empezar a cultivar de cero.

www.mariamonjas.com     Asociación Canal Literatura

Huerga & Fierro Editorial

 

 

Feria del libro de Madrid.caseta 343.
El día 2 de junio de 2012, de 18 a 21 horas la autora María Monjas firmará ejemplares de su libro Háblame de la lluvia.            

 

El dolor. Por Mar Solana

"Dolor del alma" por Hermel Orozco.

«No siento el menor deseo de jugar en un mundo en el que todo el mundo hace trampa».

 François Mauriac.

 

    La vida es un milagro sometido a los avatares de un influjo incierto, vulnerable. Es una balanza en constante equilibrio, una romana. Es caminar sobre el filo de un cuchillo sin cortarse o sobre una cuerda floja sin precipitarse al vacío. Llegamos a ella por el túnel del tic tac y con las manecillas de su inmisericorde condición lamiéndonos los talones. Algunas estancias de la vida tienen las ventanas cerradas para que no nos piquen las risas y no enfermemos de alegría, a cambio nos ofrecen un gran sofá tapizado con dolor…

     El dolor es un río repleto de peces que boquean en agua estancada, es una corriente que fluye densa, salpicando siempre el mismo tronco…abriéndose paso entre hojarascas, ramas pétreas y corazones que agonizan entre los estertores de charcos pútridos y macilentos…

     El dolor es la pasión amordazada, la misma que riega el abismo de la angustia con globos de colores, tarta de chocolate y galletas de vainilla. La que nos inocula las fuerzas para soplar al rugoso miedo y a la rasposa desidia como si fueran gráciles vilanos…

     El dolor es un territorio comanche, es un cuerpo a tierra de nadie, un entre aquí y allá, un rumbo a la deriva; es como cruzar un puente levadizo que se bambolea a cada paso y te paraliza con miles de cadenas.

     El dolor es un aguijón que te corroe el alma, te arredra el ánimo y te taladra el sentimiento. Es un vita lamia que se nutre con tu rabia y te deseca las intenciones; envuelve en papel de regalo tu confusión y le pone velitas. Sus mejores galas están cosidas con grandes puntadas de rigidez y dobladillos de tristeza.

     El dolor es una anciana con destellos de plata que vio pasar muchos trenes cargados de ilusiones deportadas, esperanzas rotas y heridas sin cicatrizar… Nunca divisó los vagones correctos, los caramelos de colores o los payasos sin ojeras. Le gusta sentarse en los bancos de piedra, pintar lágrimas y susurrar historias de payasos huérfanos de niños, risas y serpentinas de colores.

Mar Solana
Blog de la autora
Cuadro:»Dolor del alma» por Hermel Orozco.

Un alebrije en Ryanair. Por José Fernández Belmonte

Sé, perfectamente, que sentirse un alebrije en un avión de Ryanair sobrevolando algún punto desconocido del mapa, entre Polonia y Alemania, no tiene mucho sentido, ni falta que le hace. Queremos, como un mantra que nos persigue, que todo tenga sentido. Que todo lo que hagamos o sintamos sea perfecto, sin darnos cuenta de que eso es imposible. Como tan imposible es que lo reconozcamos públicamente. Hoy, esa imperfección me ha llevado a sentirme un alebrije mientras volaba a unos cuantos miles de pies de altura, y, pese a lo alto que estaba, no dejaba de oler a pies, a sobaco y a mil demonios sin duchar. Me he reconocido como un alebrije oaxaqueño, mitad dragón y mitad Pegaso, aunque me hubiera gustado más sentirme un alebrije unicornio azul con alas de mariposa monarca de Michoacán.

Siento que la gente me mira extrañada. Quizás sean capaces de ver, quién sabe, al alebrije que me ha invadido, con tanta claridad como yo veo en sus caras la insatisfacción, o quizás, la envidia de no ser capaces de sentirse algo fuera de la normal, aunque sea de cuando en cuando. La norma nos mata, travestida de rutina, con suma corrección, con una muerte lenta y dulce, como los suicidas que se quitan de en medio abriendo el gas.
Con mi boca de dragón devoro unas Pringles y bebo una Coca Ligth sin tener muchas ganas. En realidad busco ocupar el tiempo engordando sin mesura. Trago mierda, a precio de oro, mientras sobrevuelo nubes aburridas de dar vueltas y de mear agua ácida exfoliante sobre bosques relictos de color verde esmeralda.
Disfruto mucho con mis ojos de alebrije de visión binocular. Con un ojo miro las tetas a un rubia polaca, entrada en carnes, y, con el otro, a un joven melenas que le un artículo de una revista antisemita, cuyo logo, una bandera polaca con una horca de la que pende la estrella de David, me provoca náuseas. Me dan ganas de golpearle en la cara de cerdo colorado que tiene, con mi cola de dragón, pero no lo hago por falta de espacio para desplegarla y tomar el impulso necesario para que el golpe surtiera su necesario efecto demoledor.
El azafato de Ryanair nos machaca la cabeza, en tres idiomas distintos, con la venta de las tarjetas de rasca y gana. Los alebrijes no solemos ser adictos a los juegos de azar, ni a los cigarros sin humo, ni a los perfumes de oferta. Los alebrijes observamos, tanto como nos observan, de manera callada y reflexiva. Desde el mundo irreal observamos el mundo real y nos partimos el culo de la risa haciendo una tesis doctoral sobre el mercado de las apariencias.
Una pareja de novios no deja de besarse al lado de Sylvain, mi compañero francés, que juega con su BlackBerry y de reojo mira a un azafato pluscuamperfecto salido de la revista Zero.
El amarillo y el azul de Ryanair se complementan, perfectamente, con mi colorido desbordante. Destaca, sobremanera, sobre los colores decrépitos y monótonos del resto de los pasajeros. Sin duda, sentirme como un alebrije, en este vuelo, me ha sido muy útil para ver la vida en tecnicolor, desde un nuevo filtro polarizado a mitad de camino entre la mitología prehispánica y un souvenirs de a veinte pesos.


José Fernández Belmonte
Blog del autor

Autodescripción. Por Betty Badaui

 

De borrascas y soles me he formado,
en la vida soy simple circunstancia,
la resulta de genes, su substancia,
con senderos de piedra y alfombrado.

Tempestades y luces me han calado,
transité la humildad y la arrogancia…
Pobre pena mi pena, y la distancia
que fue ayer un volcán inesperado.

Si descalzo mis días con mis noches
rememoro magnolias y romeros,
rostros claros sin velos ni antifaz,

más el grito tribal, que sin reproches,
humaniza los cauces más severos
y resguarda con fuerza montaraz.

 

BETTY BADAUI
Blog de la autora