La estrella del alba. Por Juan A Galisteo Luque

El cielo dejó una estrella
y el viento besó mi cara,
los árboles junto al parque
suspiraron con sus ramas,
y la luna, allá en lo alto,
asomó su luz de plata.
Yo, que estaba meditando
y en un barco me encontraba,
observé la inmensa fuente,
dentro de la fuente, el agua,
dentro del agua, un murmullo,
que incesante sollozaba.
Encontré en su lecho eterno,
esa paz de mar en calma,
bajo el azul estrellado,
que era mi techo, mi almohada,
mi sueño y mi firmamento,
mi ilusión y mi esperanza.
Era la noche un suspiro
con su luz tornasolada,
de silencio, de misterio,
de quietud y de nostalgia.
Recordé un tiempo lejano
de juventud adorada,
y aquellos vivos momentos
cruzaron como fantasmas,
como una llama encendida,
iluminando mi alma,
de paz, amor y quietud,
tan inmensa de semblanza,
que no pude contenerme
y desperté en mi añoranza.
Surgió una estrella en la sombra,
su luz era tan cercana,
que en el espejo del orto,
con la brisa bien temprana,
en los albores del puerto
resplandeció la mañana.
——

Asociación Canal Literatura
Autor: Juan A Galisteo Luque
Blog del autor.

A hierro y fuego. Por José Clemente Lara

Detrás de los sentidos hay un latente espejo,
como sombra chinesca al tras luz de una vela
suelo ver a la luna aullar mi alma,
arrogante alardea y henchido un sentimiento
libera los caminos de penumbra,
en soledad completa
y confortable emprendo sensaciones,
lo mismo que un vaquero solitario conduce su ganado
y cada noche lo vela en la hoguera,
de seña, a hierro y fuego,
con mi inicial marqué el lomo a mis vacas
estableciendo un vínculo de unión
que protege el silencio.

Desde entonces concilio mis insomnios,
aceptan mis errores
y es suficiente
para seguir quedándome a vivir con las palabras.
Asociación Canal Literatura

José Clemente Lara

Tan cerca del aire. Por Brisne


«Y aunque no me hacía demasiado caso , no me importaba. Sentía tanto amor que podía prescindir del suyo»
Martín Garzo nos presenta en esta, su ultima novela, una bonita historia de amor increíble como todo lo que el nos cuenta. Una historia de amor entre un hombre y una garza, algo que tal vez no lleguemos a creernos, lógicamente. Pero es que la lógica no tiene nada que ver en las novelas de Martín Garzo. Son cuentos fantásticos, como aquellos que nos contaban las abuelas al calor del hogar y en ese sentido, somos capaces perfectamente de imaginarnos una garza que se transforma en humana y que se enamora de un hombre, y capaces también de imaginarnos como esa garza alumbra un niño, un niño conectado con el aire, de tal modo que en algún momento se hace garza.

Es una novela maravillosa y maravillosamente contada. Su prosa enamora, como siempre, ese modo de decir las cosas y esas reflexiones sobre amores imposibles todavía. Amores que nos hablan de otra vida, mucho mas cerca del aire y del campo que las que vivimos en ciudades ruidosas. ¿A que nadie puede imaginarse un coche que se transforme en hombre? Claro que no, pero no podemos dejar de soñar con osos o asnos que se convierten en bellos príncipes.

He recuperado un poco mi infancia, y esos cuentos donde los asnos son príncipes y los cisnes, princesas.
Lean, recuperen su infancia y sus cuentos. Los cuentos también son necesarios para vivir. Y a todos nos gusta en cierto modo sentirnos niños, deslumbrarnos con esas historias increíbles pero tan bien contadas que creemos a pies juntillas lo que nos cuentan, es una sensación maravillosa, me encanta haberla recuperado.
Como dice la reseña, vivan la fantasía y sueñen la realidad.

Brisne
Blog de la autora

Se ve que poco soy yo. Por Verónica Victoria Romero Reyes


Se ve que poco soy
a ojos que nunca me quisieron ver
y yo quise mirar.
Se sabe, y se prefiere ignorar, que ofrecer la vida no es muerte digna.

Se ve que poco soy
ante el yugo de veredicto
de quien nunca me oyó hablar.
Se sabe, y se olvida, que amar no es suficiente a razón fiscal.

Se ve que el día no tiene valía
y la noche es vacua y profana
cuando sagrado es el lazo
que, sin ser visto, ya se ha juzgado.
Se sabe que el tiempo pasa y, a veces, en desliz, mata.

Y puede que sí, que sea poco,
que mi alma no merezca, de la tuya, el crujido
ni mis manos sean dignas del tacto de lo tuyo;
puede, incluso, que tu noche sea tan magna
que solape mi única luna y todas sus estrellas,
que el tiempo de tus labios no sea eco de mi voz
o que el pasado, que me dió forma, sin quererlo,
nunca sea merecedor del futuro que te ansío.

Puede que sea poco, muy poco en tu causa,
un guijarro inesperado que vaticina la nada,
una licencia de aliento traspuesta o inesperada,
un cúmulo de referencias evidenciadas o muy lejanas.

Y puede que sea yo, poco o justo, mucho o menos,
pero sólo yo en tu corazón enredada o enjaulada
tuve fábula en mi cuento cuando tú fuiste la moraleja.

Pronto o tarde, yo lo ignoro,
pero fue tardanza encontrarte
cuando ya perdí, plata y oro,
tres décadas en tu búsqueda.

Si es muy poco yo no sé de cómputo alguno
cuando toda mi estela se reduce a lo vivido por ti
pero, yo te espero, y aseveración es promesa,
porque no me vale el tiempo, poco o mucho, sin ti.
Y si de algo tengo constancia es del paso transitorio,
hoy me ves y mañana no me oirás.
Porque no estaré o no serás. No estarás o no seré.

Y aunque poco soy, y lo sé,
no dudo en gritar
que antes de ti,
yo nunca amé.

Verónica Victoria Romero Reyes
Blog de la autora
De tu voz la travesura.
Derechos registrados.

 

Luz de primavera. Por Germán Gorraiz López

Luz de primavera

El espacio se puebla de claridades desusadas y una estación aletea en las yemas de la brisa. El sol se despierta ahora en soledad y la atmósfera desempolva lentamente sus azules, mientras los mediodías dulcifican su aliento y las aguas terminan por romper su mutismo.

Lenta sucesión de huellas en el cielo hacia la primavera soñada…

La tierra se sabe ya embarazada en sus raíces y los campos destilan sin pausa sus pardos mientras bandadas de grullas triangulan sin interrupción la altura y latidos de nuevas voces inundan el aire.

Al fin, la luz desconocida de una mañana inesperada vence la resistencia de las últimas umbrías y la hora se rinde al guiño palpitante de la nueva vida.
El invierno agoniza en mis manos…

Germán Gorraiz López

Yo. Por Vicious Laterman

Ahora que no estoy te lo contaré todo.
Yo era feliz cuando corría desnudo por la orilla, la cola colgando, la lengua de trapo.
Yo leía los dibujos de los libros con los ojos desorbitados.
Yo tiraba de la falda de mi abuela.
Yo reía cuando veía a mi abuelo sonreír.
Yo temblaba cuando te besé por primera vez.
Yo aprendí que quererte no era fácil y que querer dolía y cegaba a partes iguales.

Te diré que no te echo de menos a todas horas.
Te diré que el vino ya no corre de mi cuenta.
Te diré que yo no era el que tú llamabas a gritos en la cama.
Te diré que yo nunca fui el que tú llamabas a gritos en la cama.

Y sin embargo te quise.
Por tus medias rasgadas y tus hombros hundidos.
Por tu manía de conjuntar la ropa con el tono de los días.
Por colocar las tazas del revés sobre el fregadero.
Por ordenar cronológicamente los vinilos de antaño y los antaños en álbumes.

Era feliz cuando mis labios conservaban tu olor de por las mañanas, a recién dormida.
Cuando fumabas desnuda sobre la encimera un cigarro con dos dedos.
Te quise por el simple hecho de existir.

Ha llovido mucho y el agua, constante y rotunda se lo lleva todo despacio y sin hacer ruido.
Por eso quiero contarte cómo era entonces mi mundo.
Mi mundo de las fotografías en papel, de las cartas a mano y los priimeros walkman.

Para que no se olvide. Para que nunca se olvide. Para que se sepa de dónde vinimos, dónde comenzamos a vivir de verdad. Si acaso toda mi vida es un comienzo, que se sepa que alguna vez viví siendo consciente de la vida y no de la muerte ¿Lo entiendes? Y si debo añadir algo para que lo comprendas,

di que viví.

 Vicious Laterman
Fotografía: bloganavazquez

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