Los crímenes del NO-DO. De Carles Schenner

EL LIBRO

A principios de 1957 Barcelona está sumida enlos disturbios ocasionados por los motinesuniversitarios, el boicot a los tranvías, losasesinatos de diversos miembros delclandestino PSU de Cataluña y los golpes delos guerrilleros anarcosindicalistas de la CNTFAIen el exilio. Mientras tanto, en Madrid, unaextraña ola de suicidios asola la ciudad. A partirdel descubrimiento fortuito de mensajessubliminales en los reportajes del NO-DO, dospolicías de la Brigada de Investigación Criminaldescubrirán una conspiración instigada desdelas más altas esferas políticas.

 

EL AUTOR

Carles Schenner es periodista y ha trabajado en diversos medios de comunicación.Comenzó escribiendo teatro y guiones para televisión y cine. Su obra de teatroHombre Cero ha sido adaptada y llevada al cine recientemente. Los crímenes delNO-DO es su primera novela. Vive en Barcelona y está disponible para entrevistas.

PVP: 21 €

Formato: 15 x 23 cm, 336 págs.

Puesta a la venta: 21 de marzo de 2011

ISBN: 978-84-938594-3-5

Editorial: Principal de los libros

 

Lecciones de Fukushima. Por hijacecristalero

Antes de empezar, quisiera dar las gracias y rendir un homenaje a esas personas que la prensa denomina los héroes de Fukushima. Simples trabajadores anónimos, en muchos casos jubilados, que van a sacrificarse para intentar controlar los reactores.

La tragedia de Japón nos ha conmocionado a todos, que en algún momento nos hemos sentido identificados con ese japonés que deambula entre montañas de tablones, buscando inútilmente a un ser querido.

Imagínate, perderlo todo de golpe… me han dicho muchas veces estos días.
Un terremoto, un tsunami, una tragedia nuclear son algo excepcional porque afecta a muchas personas a la vez. Pero no porque alguien pierda todo de golpe.
Todos podemos perderlo todo en cualquier momento. No hace falta un terremoto, ni un tsunami, ni siquiera tener luz eléctrica generada con energía nuclear. Puedes estar trabajando en tu huerto y sufrir un infarto, tu hijo puede tropezar bajando una escalera y partirse el cuello, a tu mujer puede atropellarla un coche, puede estallar una guerra que tú no puedes controlar, los ríos pueden desbordarse, un rayo puede caerte en la cabeza…

Pero nuestra sociedad nos hace creer que la muerte no existe, que se puede ser eternamente joven, que el sexo nunca trae complicaciones, y que podemos comprar la seguridad. Cuanto más miedo tengamos a morir, más fácil será manipularnos, sólo tienen que asustarnos: Cuidado, que los moros están a bombazo limpio y nos quedamos sin petróleo; cuidado, que va a haber una hecatombe nuclear, cuidado que si coges el coche puedes matarte en la carretera…

En el telediario cuentan que los norteamericanos están agotando las existencias de pastillas de yodo. La cara de satisfacción de quien consigue hacerse con un bote es la de quién está convencido de que acaba de comprar un antídoto contra la muerte.

Afortunadamente, todos vamos a morir.
Y saberlo, ayuda:

– Pierdes el miedo a muchas, muchas cosas.
– Te centras en lo importante.
– Disfrutas cada día como si fuera el último.

Es decir: vives.
Y, cuando vives, eres menos egoísta: te preocupas de querer a los tuyos, de sonreír a los ajenos y de dar a los otros lo mejor de ti. Porque sabes que, en cualquier momento, podrás perderlo todo.
Y entonces no habrá tiempo para rectificar.

hijacecristalero
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metambaleas. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Yolanda Sáenz de Tejada

Hablemos de amor, abracémonos en esta mañana de invierno remolón, de noche aún pegada en nuestras piernas y de sábanas incendiadas de locura.
Levantémonos de nuestros ordenadores, vayamos al compañero que tenemos al lado (o a nuestro hijo, o a nuestra vecina) y preguntémosle por su órgano corazón:
¡Hola!, ¿puedo hacer algo para que tu corazón sea más rojo…? (por ejemplo).

Después tiremos de las mangas de nuestra camisa para escondernos dentro de ellas, para viajar durante un instante por la piel de nuestro recuerdo, por los olores hermosos que guardamos en nuestro cerebro (yo, por ejemplo, guardo el tuyo… Tu olor nunca lo olvidaré. Lo llevo inyectado en mis lunares y a veces me muero por vivir en tu cuello).

Y después de todo esto, sigamos trabajando, como si nada o como si todo este mundo que ha pasado por nuestras arterias, nos regenerara.
Quizás, entonces, tengas la suerte de convertirte en otro mejor que tú.
Yo lo intento cada día…

(Aquí os dejo el poema. Hoy estoy hoy revoltosa, siempre me pasa cuando voy a ir a Madrid a vivir poemas).

Amarte,
es lo más parecido a crear mundos.

 

Me tambaleas
hasta fragmentarme;
me haces temblar
y me rompes
(pero me equilibras).

Me destrozas
los labios
a besos y
me arañas la
cordura con
tus dedos
(pero me
construyes).

Después,
me pisas la
tarde con
tu risa y
me desgarras las
medias con
tus abrazos.
Pero me regalas
unas nuevas y,
muchas veces
(esto me encanta)
me invitas a
merendar en
tu espalda.

Y, para terminar
esta catástrofe
animal,
me fundas un
imperio en
la médula,
ese rincón
que has
elegido
(ojalá no te vayas nunca)
para
exiliarte.
-Bendito
colonizador-.


Yolanda Sáenz de Tejada
Colaboradora de esta Web en la sección
«Tacones de Azucar»

Blog de la autora

Alza el vuelo. Por Antonia Álvarez Álvarez

Antonia Álvarez Álvarez

alza-el-vuelo.mp3

Pincha para escucharlo.


Alza el vuelo, hazte crecer las alas
y cruza los espacios y los tiempos
-no existirían si tú no los pensaras-,
cierra los ojos, despójate de todo,
encierra el cuerpo y amanece el alma,
despégate de todo lo que pesa,
desata el nudo de las penas agrias,
navega al infinito
por esos mares breves de nostalgias,
coge al vuelo los versos y las risas,
prende al cielo el sol de una mirada,
cargada de no sé qué recuerdos,
asida de no sé qué añoranzas,
recupera los magos y los sueños,
los momentos azules de la infancia,
bautízate de fe y de fantasía,
olvida el suelo y salta
a los confines donde el amor nace,
donde nacen la vida y la esperanza,
donde beben sus versos los poetas,
donde crece la luna a la mañana,
allí donde tiembla el horizonte
y está la estrella azul y más lejana:
en los parajes mágicos que habita
el corazón del que sufre y del que ama.

Asociación Canal Literatura

Antonia Álvarez Álvarez
Voz: Tomás Galindo

Este resignado japonés. Por Robert Lozinski

?Japón
Sólo cuando muere uno de mis semejantes me doy cuenta de que yo también soy mortal. Nosotros, los europeos, somos injustificadamente arrogantes.

En uno de sus cuadros, el artista japonés And? Tokutar? pinta un paisaje invernal. Llama la atención la humilde actitud del hombre, la aceptación silenciosa de la abundante nevada. No se escandaliza, no chilla, no berrea. Tampoco se quejaría de una abundante lluvia ni le molestaría un viento que soplara un poco fuerte. Es su manera sensata de mirar la Naturaleza que le rodea. Asume calladamente su condición de microorganismo. A él no le situó el Renacimiento en el centro del Universo, no le enseñó a codearse con la Divinidad ni le dio a entender que fuera el mandamás del Planeta Tierra.

Supongamos que la nieve es un tsunami y este hombre sobrevive milagrosamente, que es como se sobrevive tras tamaña catástrofe. ¿Se comportaría como un ingrato europeo chillando, reclamando derechos – a quién, tal vez al Universo mismo-, pataleando y lanzando chorreantes improperios a diestro y siniestro? No lo creo. Se arrodillaría para dar las gracias al cielo por su bondad y se pondría manos a la obra.

También en Rumanía hubo un terremoto bastante fuerte. Ocurrió el 4 de marzo de 1977 con un saldo de más de 1500 muertos en Bucarest. Bajo lo escombros pereció la nieta del dictador Nicolae Chaushescu. Se buscaron culpables, debían rodar cabezas, y se inició lo que todos conocieron con el nombre de “proceso de los constructores”. Hubo miedo, pánico, temor a una oleada – o tsunami- de persecuciones injustas.

Quedan muchos testimonios de aquella desgracia, la mayoría, relatos sobre la actitud de la gente, sobre la faceta humana de las personas; querían ayudar, echar una mano, apartar los desechos con las uñas en busca de supervivientes. Uno ellos se preguntó si harían lo mismo estos ciudadanos europeos en quienes nos hemos transformado. Conoceremos la respuesta cuando otro temblor, que dicen se acerca, nos golpee.

Robert Lozinski
Es autor de La ruleta chechena
Fotografía en contexto original: wikipedia
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