253- Músico bohemio. Por La raiz del ajenjo
La luz de los neones dando un velo que deja, por rincones del subsuelo, su palidez sobre la tapia abúlica,
La luz de los neones dando un velo que deja, por rincones del subsuelo, su palidez sobre la tapia abúlica,
El administrador es un hombre barbudo de ceño fruncido Un moribundo que pide clemencia
Hay un hombre ciego, caminando con un libro. No puede leer sus mudas páginas está atado a su incapacidad.
Hace siglos la percusión nos despierta intercalando el sueño partido en dos: el uno envuelto en vértigo, ilimitado de memorias y brillos
La poesía no sirve para (nada), No sirve para detener una guerra, No es cobijo ante la hambruna,
Desapareces de la bóveda celeste, dejando como testigos a una mórbida muchedumbre que se entretiene observando avanzar el velo que te cubre
Resulta que yo creo en Dios. Se me incendió la casa. No creo en Dios.
Niño pequeño que fui, ¿dónde estás?, ¿en qué parte de mi te has escondido…?
Sílabas, palabras, frases, llenan el espacio. Agotan el tiempo.
Si el presente se desarma de futuro y el mañana no explota en mano alguna. Si vivir se vuelve contra uno mismo hasta acabar devorado por la boca de tempestad y tiempo.