243- Fantasma celeste y nocturno. Por Pablo Malaver
¿Qué importan las fronteras de noches venideras si hace tiempo reposé en el seno oscuro del amor terreno?
¿Qué importan las fronteras de noches venideras si hace tiempo reposé en el seno oscuro del amor terreno?
La noche en mis pupilas escribe con las letras de tu nombre un abanico extenso de ansiedades, una incipiente masa de caricias bañadas de jazmín y madreselva.
¿Te ha apresado el espanto de tu piel? ¿Te han apuñalado con el amor de tus propias raíces? ¿Te han extirpado Fe, Alma, Sueño… Yo?
Que es el recuerdo sino la nostalgia de no tener acceso al momento, las personas y los acontecimientos
La muchacha del espejo me mira como adivinando mi nombre. Cómo llamarla a ella.
¿Por qué callan tus labios hoy? ¿Por qué miras a la pared en busca de Dios? ¿Por qué retienes esas lágrimas de ira? ¿Por qué otorgas? ¡¿Por qué?!
Juego del ajedrez, máscara auténtica del alma migratoria de Pitágoras. Allí, como en un diálogo de ágoras, cada cosa a espectral número idéntica.
He puesto una jaula en mi ventana, no tiene ningún pájaro, está vacía; Solo espera alguna canción que tu boca haya cantado para guardarla siempre
El primer beso que me diste lo llamé «ángel» porque trajo consigo palabras, poemas, cadenas…
Quizás la muerte sea mejor destino que esta sala de espera exasperada y, gota a gota, mi alma desangrada deslice el cuerpo hacia un nuevo camino.