Me serví otro vaso de whisky, debía llevar ya cuatro esa tarde. Observé el jardín, estaba radiante con la primavera.
Apure el trago y a través del culo del vaso le vi, en el fondo del jardín, pegado al otro lado de la valla, mirando. Vestía una vieja gabardina y sujetaba un perro con una correa. El perro forcejeaba, impaciente por explorar, pero el hombre permanecía de pie entre la hierba mirando la casa sin pestañear.
Si no hubiera sido por el whisky no habría ido, pero joder, tras cinco vasos uno se siente el rey del mambo, y sentí invadida mi intimidad. Arranqué y marché despacio hacia la valla, sentía el calor del alcohol en la cara y eso no era nada bueno. Al llegar a unos tres metros carraspeé y dije en voz alta:- Eh ¿qué coño mira?
El tío ni se inmutó, sentí sus ojos azules fijos en mí como dos agujeros en el cielo. Nervioso, volví a preguntar, intentando esta vez no arrastrar las palabras: -Sí, usted, ¿Qué está mirando? ¿No tiene otra cosa que hacer? ¿Le gusta fisgar a la gente o qué?
No decía nada, no apartaba la mirada de mí ni del jardín y empecé a dudar, a lo mejor era ciego. Pero no, me fijé bien, pestañeaba y buscó un segundo con la mirada al perro, lo suficiente para comprobar que veía. Era mayor con un poco de pelo blanco y tenía la cara bronceada, de pasear al sol seguramente. Tras la gabardina se le adivinaba un poco de barriga, pero se le veía fuerte, estirado. Lo que más me jodía era su nariz prominente y ese aire de superioridad al mirar, como si estuviera oliendo mierda.
-Sabe usted, pedazo cotilla, no se imagina lo que me está cabreando-dije haciendo un verdadero esfuerzo para pronunciar las erres.- Ahora mismo voy a salir ahí y le voy a pegar una buena paliza si no se va de aquí inmediatamente. El perro se giró y me gruñó. Era uno de esos chuchos tipo bulldog, pequeñín, pero bien plantado, como el amo. Se apoyó en la valla y me ladró furioso enseñándome los dientes.
-Uh, uh, que miedo, ja, ja, ¿solo sabes hacer eso, perrito? A ver si ves Barrio Sésamo, yo estoy dentro, tú estás fuera, ja, ja, valiente mierda chucho-dije bravucón. Cualquier tipo me hubiera contestado una fresca pero ese tío no reaccionaba. Pegó un tirón a la correa del chucho que detuvo sus ladridos en seco.
Y me miraban los dos, pero no a la cara, su vista se dirigía a través mía a la casa, ignorándome. –Mire-dije ya un poco harto-, no tengo más tiempo que perder, hagan lo que quiera usted y su perro, yo tengo que volver a subirme a reparar la antena,…- y en ese momento todo comenzó a encajar.
Me di la vuelta y me vi allí en el suelo, junto a la casa,tirado y mi cabeza rebobinó mis últimos veinte minutos a cámara lenta. Me había subido al tejado a ajustar un poco la antena y una teja había cedido bajo mi peso haciéndome perder el equilibrio. Sentí otra vez la gravedad tirando de mí, cayendo por el tejado, el dolor de manos al agarrarme al canalón que cedió y el batacazo final en el suelo.
Me incorporé, agarrándome a la mesa, joder que dolor de cabeza, no sabía si del porrazo o del whisky. Miré a la valla, el viejo cotillo y el perro ya no estaban.
Ya en urgencias, el psiquiatra que me atendió me dijo que había tenido mucha suerte, si no me llego a despertar me quedó en coma para siempre. Le debía la vida a aquel tipo y su perro fuera quien fuese.
Imprimir

Breve pero intensa.
Me gustó. Ritmo ágil, te atrapa, bien contada y el final sorpresa que impacta porque no lo esperas.
Suerte.
Mi relato es el 41
Lástima… Sabiendo utilizar los puntos y comas el relato hubiese quedado mucho mejor. Y hubiese sido un buen relato si el bebedor de whisky hubiese visto avanzar al hombre y al perro hacia él para, simplemente, levantarlo tras la caída del personaje. Eso de «girarse y verse tirado en el suelo» parece sacado de un programa televisivo de echadoras de cartas…
Bueno este breve relato, todavía puedes hacerlo más impactante con el comentario de antístenes. suerte
Ineresante argumento. Otra gota de originalidad mojando tanto terreno baldío.
Mucha suerte.