¿Se ha fijado que en cada ciudad hay un loco?. ¿Uno que anda con su locura a cuestas sin hacerle daño a nadie y que es como un árbol que repentinamente florece en invierno cuando nadie espera que lo haga?.
En Esslingen hay uno. Se sienta en un bello puente de piedra que es una parte de la calle peatonal principal del pueblo. Tiene una manta, un reloj despertador, una radio que nunca está encendida, una ucha de plástico y viste ropa a la que evidentemente no le da importancia alguna.
Sentado y apoyado en el muro de mil años que cierra el puente por el oriente, a veces mira a los transeúntes, como si quisiera saber si alguno le dará una moneda. Así se gana la vida, con la limosna de la gente. No habla con nadie que tenga presencia física real. El habla con sus fantasmas. A veces se lo ve hablando en susurros, gesticulando con las manos y mirando a un inexistente interlocutor. Los transeuntes no saben a quien le habla, ni porqué. El tiene su mundo. Su amigos quizás, que lo visitan y a los que les cuenta sus cosas de loco.
¿Donde viven los dialogantes del loco? ¿Quienes son? ¿son mujeres?, ¿son hombres?. No se sabe, el está allí sentado al sol y a la sombra. En los inviernos rudos de este sur de Alemania parece ser el dios guardian de la ciudad, sentado en la nieve del puente en su manta, con su despertador que marca siempre la misma hora y su ucha de plástico. Esslingen tiene casi 2 mil años o quizás mas. Las bombas que trajo Hitler no lo tocaron y allí está con sus pasajes estrechos, sus casas con vigas negras y techos puntiagudos alrededor del loco, que parece ser el centro sobre el cual gira la ciudad.
A veces le doy una moneda. Estira la mano como un niño que recibe un dulce y agradece y guarda su moneda en uno de los bilsillos de sus chalecos y sigue su diálogo con los invisibles conocidos o amigos.
¿Quien sabe?, quizás sean sus demonios y sus enemigos a los que trata de dulcificar o quizás sean los muertos que lo visitan para pasar el rato de la eternidad aburridora de la muerte conversando sus cosas de muertos con el. No se sabe, ni se sabrá nunca. Es un hombre recio, de cabeza grande y calva que muestra en la mollera unas manchas causadas seguramente por la contínua exposición al sol. Quizás tiene alguien que lo cuide, que lo viste y es evidente que no va a la oficina social a pedir su cuota de limosna y también es seguro que han tratado de llevarlo, pero se ha negado. Quizás está conciente de que Esslingen puede desaparecer si el no está. El es el loco del pueblo. Es la metáfora de la irracionalidad que acecha en cada uno de nosotros. No se puede mover de su puesto porque es allí donde lo visitan los que pueden y quieren hablar con él
A veces se pone de pie y deja sus cosas allí botadas en la calle y va a comer un emparedado en la venta de hamburguesas de la esquina. Cuando camina parece un pobre mas de la ciudad y yo no lo he visto cuando compra algo, pero siempre vuelve a su puesto. A veces desaparece por varios días y me imagino que debe ser porque alguna o algún samaritano se apiadó de él y lo quiso sacar de su mundo y traerlo a la racionalidad, al sentido común, con la ersperanza de que lo abandonen sus interlocutores. O alguien lo lleva al lugar en que ponemos a los locos para que no nos molesten con sus locuras y les damos píldoras, tabletas para que se tranquilicen y no hablen con sus fantasmas o no los vean. Pero el siempre vuelve a su puesto. A veces tiene un gorro en la cabeza pero luego lo pierde o lo regala.
Es el loco de Esslingen, incorregible, fantasioso y que representa una especie de libertad que muchos de nosotros a veces ansiamos con nostalgia puntuda, como un dolorcillo en el pecho. En esos momentos en que nos decimos “debo partir para alguna parte y no volver nunca mas. Hacer camino al andar y quizás hablar con los fantasmas del loco y ser feliz sin civilización, sin nada, libre de usar o no gorro y poder comerse una hamburguesa como si fuese el mas delicioso manjar de la China y agradecer como si uno fuera un niño las monedas que me diesen los transeúntes”.
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Una buena idea para un cuento. Pura metáfora. Lástima de errores ortográficos y de tipeo que lo deslucen.
Hay un programa OpenOffice, que te lo bajas de internet y tiene corrector de texto. Es que lo de «ucha» duele un poco.
De acuerdo con Luc, el cuento tiene destellos de buena literatura, le hace falta una revisión ortográfica y pulirlo un poquito más. Suerte.
Me gusta mucho la manera de describir al personaje y a su entorno.
Esperaba algún suceso que diera conflicto al cuento.
Un comienzo brillante, la primera frase me atrapó, y me parecía que eso solo podía encaminar a una historia interesante. Pero no ha sido así, el relato se ha desinflado. Creo que te falta conflicto. Sin embargo, el personaje y tu forma de contar me gustan.
Suerte.
Mi relato es el 41
Tras los signos de interrogación JAMÁS SE COLOCAN PUNTOS. «Ucha» es con hache (y van dos). ÉL, pronombre, siempre va acentuado (tres). No sigo…
Suerte.
Buen principio, después se cáe, ya que en realidad, como ya lo dijeron, no existe un conflicto, sin embargo buena escritura a pesar de los errores ortográficos.
Cada ciudad tiene un loco y cada Certamen también.
Mucha suerte.