¿Suicidio de una parte de nadie? Por Fátima Ricón Silva

Nadie es una mujer qué es alguien.
Busca algo que le aporte más vitalidad, o mejor dicho la vitalidad que necesita para ser ella misma.
Se encuentra encerrada en un cubo hermético de oro.
Un día tras otro no para de darse cabezazos contra los muros de ese espacio del que no le dejan salir.
No le importa, los moratones figurados que se marcan en su estado de ánimo son lo de menos.
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Lo de más es la dificultad para respirar.
Lo de más es la imposibilidad de obtener lo que necesita para ser ella.
Los que la conocen, la envidian, la agasajan, la admiran porque no ven más allá del cubo de oro en el que habita.
Desconocen la parte de nadie que quiere sobresalir y la confluencia de varios factores no lo hace posible.
Ella se aburre en determinados ámbitos de su vida y envidia a otras mujeres que no aspiran a nada y se conforman con lo que tienen. Estas parecen felices porque no luchan por nada más.
El agotamiento por la lucha hace mella en su carácter, un día sí y otro también.
A continuación merodea entre sus pensamientos la vergüenza y el arrepentimiento por querer llegar a metas distintas de las que la vida le ha deparado.
Piensa en que el suicidio de esa parte rebelde y caprichosa es la solución para, al menos, vivir tranquila en su jaula preciosa.
Sin embargo la ilusión de lograr sus propósitos es tan fuerte que súbitamente aflora otra recarga de ánimo y ya no quiere ser sumisa de pensamientos, anodina en ideas, recrearse en la comodidad mental, dejarse mecer por las olas del conformismo.
No. Procederemos a dar el alta condicional al deseo de dejar morir esa parte insensata y creativa hasta nueva orden.

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Fátima Ricón Silva

Hermana. De Rosamund Lupton


El libro
Beatrice y Tess no tuvieron una infancia fácil. Su padre las abandonó poco antes de que su hermano de 8 años muriera a causa de la fibrosis quística. Desde entonces, ambas hermanas han mantenido una estrecha relación.
Pero una mañana Beatrice, que ha abandonado su Londres natal y vive en Nueva York, recibe una llamada: su hermana pequeña Tess ha desaparecido. Aún conmocionada por la trágica noticia, Beatrice decide coger un avión inmediatamente, regresar a Londres e intentar averiguar qué ha pasado.
Al mudarse al apartamento de su hermana pequeña, Beatrice empieza a entrar en contacto con el mundo de Tess: un profesor de arte casado que mantuvo un romance con la joven, un parto al que el bebé no sobrevivió, un medicamento en fase de pruebas, un acosador bajo los efectos de las drogas… Beatrice se dará cuenta de lo poco que en realidad sabía de su hermana y tendrá que prepararse para una serie de verdades terribles a las que tendrá que hacer frente.
Cuando la policía encuentra el cadáver de Tess en un edificio abandonado de Hyde Park, Beatrice apenas puede superar el golpe de la pérdida de su hermana, pero cuando la investigación concluye que se trató de un suicidio, Beatrice sabe, como sólo puede saberlo una hermana, que la policía se equivoca. Por su cuenta, emprende una investigación que pondrá en peligro su propia vida y que tratará de recomponer una historia familiar marcada por las ausencias.
Beatrice, finalmente, acabará aceptando que el duelo es amor convertido en una añoranza eterna.

La autora
Rosamund Lupton (1964) estudió Literatura Inglesa en la Universidad de Cambridge. Ganó la competición de nuevos guionistas de Carlton Television y fue seleccionada por la BBC para asistir a su curso de nuevos guionistas. También ha formado parte del grupo de escritores del Royal Court Theatre y ha sido columnista y crítica literaria en Literary Review. Vive en Londres junto a su marido y sus dos hijos

FECHA DE PUBLICACIÓN EN ESPAÑA:10 de octubre de 2011

Principal de los Libros

Retrasmisión de la entrega de premios Canal Literatura 2011

Aperitivo de versos

A partir de las 19:30 horas iremos retarasmitiendo un breve recital protagonizado por tres poetas singulares: Raquel Lanseos, Luis Oroz y Yolanda Sáenz de Tejada

A partir de las 22:30 intentaremos ofreceros la entrega de premios. Las dificultades que pueden surgir con la megafonia del hotel en el ordenador que trasmite puede crear dificultades en la imagen, pero esperamos que salga al menos como el año pasado o al menos lo habremos intentado.


Podéis verlo directamente también en esta dirección:
http://www.ustream.tv/channel/canal-literatura

Esperamos que todo salga bien y de antemano os pedimos disculpas por los fallos posibles.

Los pobres desgraciados hijos de perra. Por Brisne


«La vejez era un intimidad, muy cercana, muy celosa de sus posesiones, pero tan enigmática en el fondo como todas la edades. Igual de inasible que la niñez para los niños. Igual de insólita que la adolescencia para los adolescentes, esos pobres desgraciados hijos de perra.»

Conocía de la existencia de Carlos Marzal, lo conocía como poeta. He leído algunos aforismos en su blog. Pero no conocía esta faceta suya de cuentista. Me lo recomendaron vivamente. Y pensé que igual estaba bien leerlo. Luego de golpe y porrazo lo he visto como libro finalista del Steinel y ha sido el impulso necesario para hacerme con el libro y leerlo.
Y lo he leído, sí. Deslumbrada por sus metáforas y encontrándome arrebujada en sus letras, en sus vivencias, en esos adolescentes, pobres hijos de perra que van llenando el libro. Adolescentes de entonces en el ahora. Porque sus relatos son casi todos de adultos que miran la adolescencia, la juventud, con un sinsabor en la boca. Éramos jóvenes y felices. Nosotros lo fuimos. Coronados con la corona de romero pegándose a la ropa en los descampados en que nos amábamos. Coronados con la sal del mar en el que fertilizamos la vida. Jugadores de fútbol, ellos, meras espectadoras nosotras. Viéndoles como gladiadores romanos empujando un balón. La vida era perfecta, entonces, con los veranos de tumbarnos a la fresca, hablando de nada, bebiendo como cosacos, cambiando de novia… de novio, sin un atisbo de amor infinito. Y luego llegaron otros tiempos, los de ahora, en los que todo ha cambiado. Pero basta una reunión, un viaje, para volver a entonces, cuando éramos los reyes de la noche, cuando éramos invencibles, cuando todo estaba por explorar pero nos bastaba con explorar nuestros labios sobre los del novio de turno. Ya saben, ¿salimos? vale. Y después de eso besos hasta sangrar los labios.
Me he encontrado con gatos que juegan al tenis, con vidas en medio folio, con Tierras Hondas que escenifican amores juveniles, con árbolitos de Noam, con Leche de búfala en un hospital, con palabras que siempre tuvo un escritor en la moleskine, con casas nuestras, con trenes que se cogen tras una noche de juerga tras amores del entonces que no es el ahora.. Y finalmente con la Intimidad narrada desde la vejez de un escritor.
Porque ellos, los que nos lo narran, además de ser jóvenes y desgraciados son también personas que aman las palabras por encima de cualquier otra cosa. Escriben, se pierden en las palabras, dotan de sentido su vida. Y yo que también soy una enamorada de las palabras, vivo con ellas, llenan mis ojos en los relatos que leo, llenan las páginas de mis cuadernos, llenan mi vida, porque no entiendo otro modo de vivir que entre palabras. Porque a mí, también, me picó el gusano de la literatura en la juventud y me ha acompañado toda la vida y espero que me acompañe en un futuro. Por eso me ha encantado leer a Marzal. Me he visto reflejada en cada uno de sus relatos, en unos más, en otros menos, pero un aura literaria llena todos los relatos. Mi vida, e igual la suya lector, está llena de palabras que dan forma a las vivencias. Sólo pensamos con palabras, sólo recordamos con ellas. Y muchas veces es una gozada recordar en las palabras de otro

LOS POBRES DESGRACIADOS HIJOS DE PERRA
CARLOS MARZAL
EDITORIAL TUSQUETS. COLECCIÓN ANDANZAS

Brisne
Colaboradora de Canal Literatura en la sección «Brisne Entre Libros«

Blog de la autora?

Se apagan las luces. Por Fátima Ricón Silva

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Se apagan las luces y el silencio de mi mente se torna ruido.

Es la hora.

Estoy acompañada.

La intensidad de la soledad es decreciente menguante.

No hay nadie.

Pero escucho voces que susurran engaños.

Alzo la voz.

Solo una vez.

Y me escuchan todos.

No me ven.

No me ven, porque se han apagado las luces.

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Fátima Ricón Silva

Cantares en lis. Por Salvador Pliego

I
Un poco a la luna quiero…

Si ha de cantar un poeta
sus versos de oro y plata,
allá donde la luna pulsa
le escuchan las luces juntas,
y le hacen cabriolas y postas
con sus dedos jardineros,
para que escuchen los salmos
los caminantes que agitan:
cielos de oro en las plumas
y alas con vientos de lunas.

IV
Vengo a vivir postrero
para alargarme los días:
en un extremo he nacido;
en otro, no cuento ni las vendimias.
Mas llevo la cuenta alegre
de todas mis alegrías:
lluvias astrales y risas,
¡son mieles cuando son mías!

V
Aquí me veréis sentado:
sol, musgo o grano… ¡No importa!
Para el color de mis dedos
me basto como geranio:
un tallo para vivirme
y crecerme el pecho a diario;
una corola roja peinándola
cuan hermosa la miro a ella y le canto;
y una hoja verde de claro
para sentarme, admirarla,
y en ella irme enramando.

VI
¡Salud!… al canto del nido.
¡Salud!… al verso de espuma.
Y el trino arme al poeta
de sables y de vihuelas.

¡Salud!… por vuestras canteras.
Y del andar de venturas
sean las aves las que jalen las carretas.

¡Salud, aves poetas!

VII
A que naciera mi canto lancé:
una piedra de luna,
una piedra de mí,
una piedra cualquiera.

Por los caminos reconocí
el paso y lo que aventé:
una piedra cualquiera,
y el guijarro tan duro
que mi madre fue a parir.

VIII
¿A dónde vamos, mis sueños,
que un hito se mueve en mí?
¿A qué plumaje apuntas?
¿De qué manera me hablas?
¿A quién conversas de forma tal
que entre lunas me despiertas?

Yo soy el principio
del sueño que viví.

Salvador Pliego
Blog del Autor