Virginales. De François Truffaut


El libro
Publicado en Francia en 1955, donde ganó el prestigioso Grand Prix de la Nouvelle, Virginales es la opera
prima de Maurice Pons, un escritor atípico en un panorama literario politizado y marcado por el existencialismo. Había permanecido inédita en español hasta ahora, cuando Tropo Editores la edita con la
excelente traducción de Verónica Fernández Camarero.
Los cuentos de Virginales hablan de la infancia, de la iniciación en el deseo sexual entre juegos y travesuras: criadas que dejan ver sus pechos, niñeras alemanas demasiado sobonas o niños que descubren sus cuerpos jugando a los médicos u orinando en la nieve. Todo ello envuelto en una prosa delicada y atenta a las texturas del recuerdo.
Porque los relatos están narrados por los adultos desde el presente.
François Truffaut convirtió estas historias en el guión de Les Mistons (Los golfillos), su primer largometraje, en 1957.

El autor

Maurice Pons (Estrasburgo, 1922) debutó en las letras en 1955 con este libro, que obtuvo el Grand Prix de la Nouvelle y Truffaut adaptó al cine dos años después. En sus más de cincuenta años de trayectoria ha publicado una veintena de novelas, muchas de las cuales han sido llevadas a la gran pantalla, al teatro e, incluso, a la danza. Ha sido un autor de éxito en Francia con títulos como El zapatero Aristóteles (1958), El
pasajero de la noche (1960), donde denunciaba la barbarie de la represión francesa durante la Guerra de Argelia, Las estaciones (1965), Rosa (1967), Miss B. (1973) o La casa de los cerveceros (1978).

Tropo Editores colección SegundoVoces Nº 17.

El inevitable fin de las corridas de toros. Por Miguel Pérez de Lema

?La sensibilidad contemporánea casa mal con el acontecimiento taurino. Es así, y así será cada vez más, con casi total seguridad.

El valor de la fiesta taurina no está en su raíz nacional, y no hay nada más despreciable que la prohibición de los toros en Cataluña por parte de los nacionalistas, que con el pretexto de la sensibilidad juegan sólo al menos España. Pervierten todo, incluso la sensibilidad real de quienes legítimamente sienten horror ante la muerte de los toros, que dicho sea de paso tampoco me parece que estén bien representados por los llamados animalistas. Se ve demasiada mala baba en todo, en todo menos en la repugnancia inmediata, real, sin segundas intenciones que siente un número creciente de personas hacia este noble acontecimiento superviviente del mundo antiguo.

No estamos ya en un mundo pagano, ni mítico, ni viril. Hemos perdido y olvidado definitivamente la “Vir” romana, ese impulso del carácter que forjaba un imperio y toleraba con naturalidad la lucha a muerte.

Estamos en un mundo post moderno, sensible, y sentimental. Al contrario que el ciudadano de Roma, cuya única simpatía era hacia el vencedor, somos compasivos y empáticos con los perdedores, al menos estéticamente. Y vamos a seguir por ese camino sin la verdad cegadora y brutal de la sangre.

Un mundo, el nuestro, de violencia abundantísima pero siempre simulada, subrepticia, mental, legal, moral, nunca lúdicamente real.

Esto no tiene marcha atrás y parece que sí existe cierta evolución humana hacia la no violencia, al menos hacia la no tolerancia por la violencia explícita. Con el paso de los siglos tendemos a desconocer el placer por la violencia, el gusto por el riesgo, y la muerte. A lo mejor eso está bien. A lo mejor es también un foco de neurosis. Pero lo seguro es que es así.

Somos una sociedad sin muerte ni agonía. Una sociedad donde la sangre es la última obscenidad, el tabú definitivo.

Carecemos de la idea romana de Vir, que estaba en el centro de su carácter, justificaba el dominio del fuerte sobre el débil, aborrecía de la compasión como un sentimiento anormal, y cargaba de razón sus espectáculos a muerte sobre la arena. El anfiteatro ha sobrevivido hasta hoy, evolucionado en el redondel del coso, como el último desafío público y ritual del hombre a la muerte. Pero le queda poco. Ya lo veréis. La inercia de las cosas, va haciendo de los toros un espectáculo extraño, ofensivo y difícilmente tolerable.

Lamentemos su pérdida inevitable, por lo que tiene de último recuerdo de un tiempo mítico, pagano y antiguo.

Quien dude de mis argumentos, puede ver el siguiente vídeo de los años 20, en el que los caballos de los picadores salían a la arena sin protección. Tan intolerables como nos resultan ahora esos destripamientos -la media de caballos muertos en cada corrida era de 10 y llegó a los 27 en una sola-, resultarán el próximo siglo las imágenes de la lidia.

Por desgracia.


Miguel Pérez de Lema
proscritosblog.com

Cuidado con los carteristas. Por Yolanda Sáenz de Tejada

?Yolanda Sáenz de Tejada

Poemadelunes como un aguijón de miel envenenada.
.

Imaginaros esta mañana en un café del Madrid de Chueca.
Con alguien a vuestro lado que os pone nerviosos.
Y de pronto,
levantáis la vista;
la lívido y el pecho.
Y leéis un cartel carcomido y oxidado.
Después, mientras sonreís,
escribís este poema:

.
.

Debido a la presencia
de carteristas en la zona,
se recomienda
no pierdan de vista
sus objetos personales.

Y yo te abracé fuerte,
muy fuerte,
sin dejar
de mirarte.
.

Yolanda Sáenz de Tejada
Colaboradora de esta Web en la sección
«Tacones de Azucar»

Blog de la autora
Foto:Pedro Jesús Camacho

Entrevista a Lola Buendía: la escritora y Terral. Por Mundopalabras


Lola Buendía, nacida en Jaén y residente en Benalmádena. Maestra de profesión y licenciada en Filosofía y Letras en la Universidad de Granada. Su primera novela, Los Valles olvidados, mereció el accésit del XVIII Premio Anual de Literatura para Escritores Noveles, en 2008, convocado por la Diputación Provincial de Jaén. Comenzó a escribir hace relativamente poco tiempo; relatos cortos y cuentos, géneros en los que asegura encontrarse más cómoda. Ha colaborado en varias publicaciones, “calle del agua” revista de poesía y flamenco, y en la actualidad escribe relatos de viajes, en el periódico digital Belianís. Tiene otros libros publicados con otros autores: libros de relatos premiados en certámenes, El crack del 2009 de microrrelatos, y una Antología poética. Ha coordinado diversos talleres de relato, poesía y guión de cine en Benalmádena, y es miembro de la Asociación Cultural Felipe Orlando. El último proyecto en el que se encuentra embarcada es la revista digital Terral, que el pasado 25 de marzo presentó su segundo número, y de cuyo consejo de redacción forma parte. Sus palabras serán una magnifica aportación para los autores noveles.
Lola Buendía, nacida en Jaén y residente en Benalmádena. Maestra de profesión y licenciada en Filosofía y Letras en la Universidad de Granada. Su primera novela, Los Valles olvidados, mereció el accésit del XVIII Premio Anual de Literatura para Escritores Noveles, en 2008, convocado por la Diputación Provincial de Jaén. Comenzó a escribir hace relativamente poco tiempo; relatos cortos y cuentos, géneros en los que asegura encontrarse más cómoda. Ha colaborado en varias publicaciones, “calle del agua” revista de poesía y flamenco, y en la actualidad escribe relatos de viajes, en el periódico digital Belianís. Tiene otros libros publicados con otros autores: libros de relatos premiados en certámenes, El crack del 2009 de microrrelatos, y una Antología poética. Ha coordinado diversos talleres de relato, poesía y guión de cine en Benalmádena, y es miembro de la Asociación Cultural Felipe Orlando. El último proyecto en el que se encuentra embarcada es la revista digital Terral, que el pasado 25 de marzo presentó su segundo número, y de cuyo consejo de redacción forma parte. Sus palabras serán una magnifica aportación para los autores noveles.

 
MundoPalabras: ¿Por qué empezó a escribir?
Lola Buendía: Como consecuencia de una hernia discal que me retuvo inmóvil algún tiempo. Leí mucho y pensaba más, por eso me decidí a expresar lo que sentía. Lo primero fueron poemas, después fragmentos de diarios.
Más adelante comencé un taller de escritura con Ramón Alcaraz y eso me ayudó a mejorar la técnica y me animó a escribir mis primeros relatos y a publicar.
 
MP: ¿Le ha resultado difícil publicar sus primeros relatos?
LB: El taller “El desván de la memoria”, me ha servido de trampolín para enviar mis relatos a distintos certámenes donde coseché algunos premios. Tengo varios libros de relatos publicados con otros autores.
 
MP: ¿Por qué cree que se encuentra más cómoda en el relato?
LB: El relato me permite sintetizar una historia y expresar lo esencial sin divagaciones. Una novela exige demasiado tiempo y yo soy perezosa para escribir.
 
MP: ¿Cómo ha afectado la Literatura a su vida?
LB: En un principio me acechó el mal de Montano, ya sabes, ese sentimiento de obsesionarte por la escritura. De hecho, mi primer relato publicado se titula Atrapada en las palabras. Luego he procurado que la escritura no me cree ansiedad y sea una afición placentera. Leer más

¿Y ahora qué? Por Ana Mª Tomás Olivares

?
Como no estábamos poco asustados ya con la que tenemos encima, viene ahora el bróker o el impostor de los cogollos a terminar de rematarnos. ¿Acaso no sabe el payo que, por muy negro que veamos el horizonte, la esperanza es lo último que se pierde…? Debe ser que no, porque ha venido a darnos la estocada final: esto no tiene solución, ha dicho. “Pues claro. Se veía venir”, dicen los pesimistas como si tuviesen en sus manos la bola de cristal. Otros le han acusado de crueldad y, no tanto por decirlo, sino por confesar que a él le encanta esta situación porque le permite hacer dinero. Y otros terceros opinan que es un tipo estupendo al advertir al mundo de lo que le espera.

Hay que ver… algunos abren la boca y sube el pan. Que digo yo que este tipo sabrá mucho -aunque según últimas informaciones no sabe tanto-, pero tampoco es Dios para que nos echemos a temblar con sus alarmantes noticias. Igual si hubiera predicho que todo iba a comenzar a encarrilarse todos nosotros hubiésemos comenzado a trabajar en ello con ganas y optimismo, pero así… cualquiera se desmorona. Y, encima, con el otoño por delante, que ya sabemos cómo baja este tiempo la serotonina y cómo nos pone de pochos.

Recuerdo a la abuela de una amiga mía que se lamentó toda su vida de no haber gastado unos buenos duros -que luego no valieron de nada- haciendo acopio de unos Mantones de Manila que le ofrecieron poco antes de comenzar la contienda fratricida española del 36. Decía que se había quedado sin su capricho, sin perras y sin la posibilidad de tener alguno de aquellos mantones para cambiarlos por objetos necesarios por aquellos días.

Hace unos años una señora -creo que en EEUU- demandó a un médico que, por error, le había diagnosticado tres meses de vida y, después de un año, seguía como una rosa. Puede parecer incongruente que alguien, en lugar de alegrarse de ese error médico, ponga una demanda, pero es que la buena señora en esos tres meses que le daban, supuestamente, de plazo vídico no tuvo mejor idea que la de gastarse no sólo lo que tenía sino lo que no tenía ni ella ni su marido al que entrampó pa los restos. Viajó, se regalo las mejores cenas, las más estupendas experiencias con quienes pudo y se dejaron, los más sensuales masajes… vamos, que antes de irse para el cielo decidió probar la gloria. El problema estuvo cuando vio que no se moría ni a la de tres y ya comenzaba a tener inconvenientes con préstamos, adquisiciones y lucros no pagados.

Pero, ahora, el cínico agorero Alessio Rastani, en una entrevista de sólo tres minutos en la BBC, ha vaticinado que los pocos ahorros que podamos tener se nos van a ir a tomar… -justo por donde están pensando- y nos quedaremos vivitos pero poco coleantes, ya saben que las colitas no suelen funcionar muy bien cuando no lo hace el bolsillo, así que, señores míos, no lo permitan, hagan como la señora de la demanda: gasten lo que tengan y lo que no tengan, total… vamos todos directos al trueque. A ver, ¿quién me da algún diamantillo, lingotazo de oro o similar por cuarto y mitad de una sonrisa? Aunque, entre nosotros, prefiero regalársela a que me la quite un bróker de pacotilla.
Asociación Canal Literatura
Ana Mª Tomás Olivares
Blog de la autora