
Resumen metafísico de mi relación contigo
¡Dime la verdad!…estas vivo o muerto?, pregunta la Gata de Cheshire (tu)
Solo muero un poco cuando me sonries y desapareces, contesta el Gato de Schrödinger (yo)
para….en realidad por Adriana.
Carlos Veloso

Mira por dónde, tal vez las vacas flacas nos sirvan para rebobinarnos hasta algunas lejanas noches de Año Nuevo, noches irrepetibles en blanco y negro, sin un duro, sin pavo al chilindrón, caviar de beluga ni anuncios de burbujas. Sin histéricas compras de última hora ni jolgorios etílicos. Sin más confeti que el estrictamente necesario.
Cuando la casa quedó en silencio después de la fiesta, noté enseguida que no iba a ser fácil coger el sueño. Acababa de cambiar de año sin cambiar siquiera de loción de afeitado. Pues vaya… Empujé la puerta del tiempo y me vinieron a la cabeza ciertas aventuras. ¿Recordaba las de aquel curso con…? ¿O aquéllas en…? Naturalmente que sí. Entonces ser joven no significaba una simple etapa que cumplir, sino practicar la oposición sin renunciar en ningún momento a cambiar el mundo. Luego vino la vida, que nos enseñó las tripas y con ello sus rebajas.
De entre los vinilos de los setenta apilados en la librería escogí uno de mis favoritos. Me senté abstraído en la terraza. Fue arrancar el picú y el cerebro me hizo clic: maldita sea, la voz de Ella Fitzgerald me sonaba diferente a la de aquel fin de año en la playa –guitarras, cazadoras de aviador y quevedos a lo John Lennon–, en el que nos quedamos dormidos esperando la salida del sol. Miré al cielo y fui capaz de percibir que la bóveda celeste quedaba alta y diáfana, con un ejército de estrellas capitaneado por una luna refulgente como un denario de plata. Me entraron ganas de aplaudirles; a la luna, a las estrellas y a la Fitzgerald.
Sospeché que, a pesar de que la Tierra y yo éramos un poco más viejos, al día siguiente todo iba a funcionar más o menos como siempre. El Universo girará sin inmutarse, y al acostarme se habrán iniciado en millones de galaxias infinitos movimientos energéticos. Por la mañana me despertaré con la esperanza de que la ventana me regale una luz de primera calidad que ahuyente los fantasmas de mis problemas. Para cuando las amas de casa invadan los mercados, en la tele y en la radio sonarán, aburridas, las peroratas de políticos que echan sal en las heridas, gasolina en el fuego y encienden hogueras donde no las había; una ínfima parte del planeta querrá adelgazar mientras la mayoría muere de hambre, y las ninfas de medidas áureas se refugiarán a la sombra de los millonarios. Nada nuevo.
Reconozco que vivimos tiempos difíciles, oscuros, mediocres. No tengo la menor idea de los acontecimientos por los que se nos recordará en el futuro, cuando los de ahora se hayan transformado en un minúsculo apartado de las enciclopedias. Pero no hay que preocuparse. Con un poco de suerte, cuando ya no quedemos ninguno de nosotros a este lado del telón, en algún lugar perdido de un cruce de siglos se producirá un hecho que nos dignificará. Una adolescente, seguro que muy guapa, abrirá su libro de Historia por nuestra página y depositará en ella una carta profundamente romántica aprendida de memoria, junto con dos o tres pétalos. En ese mismo instante quedará perfumada nuestra civilización y redimidas sus múltiples miserias.
Por mi parte, recostado en la sosegada voz de la Fitzgerald traté de recuperar algunos momentos felices de mi vida, sin otra pretensión que volver a experimentarlos, e intenté construir con ellos una barricada que nunca fuera demolida. Sé bien que es preferible no llorar por los seres queridos que se fueron, por los buenos ratos que pasaron, por las luchas que sacrifiqué a la pereza o por los placeres a los que renuncié por prudencia. Porque sé que ya no sirve de nada. En lugar de ello, levanté mi copa de vino y brindé sonriendo con la primera luna del año para que yo sepa preservar algunos de los reflejos más puros del alma humana, como ases de la baraja que lanzar sobre el tapete cuando las cosas vengan mal dadas. No debo ser exigente; bastará, por ejemplo, con seguir cultivando la fe en mis vecinos, guardar una cortés desenvoltura en el trato y cierto grado de esplendidez a la antigua, mantener unos niveles dignos de civismo y la sensibilidad puesta al día. Sólo eso.

Rafael Borràs Aviñó
Colaborador de Canal Literatura en la sección « Desde mi sillín»

La ira de Iztarú asusta en la isla de Hero, los alisios nos dan la espalda y el diapasón vibra emergente sacrificando suspiros. Sospechas de cataclismos, impregnan las emociones de los bimbaches y el Garoé resiste las embestidas, destilando las brumas que vienen del fondo.
Por detrás del espejo, un antiguo cormorán busca un niño perdido en el barrio, milongas tristes resuenan en Balvanera a la vez que cientos de pájaros emprenden el vuelo en Alabama.Matías llora perdido en la Peatonal y Discépolo modula su Cambalache en el alma del bandoneón..
….el siglo XX es un despliegue de maldad insolente…
Por aquí, las sombras oscurecen el amanecer, como un héroe caído llegando al Valhalla , sonrío por llegar a mi destino….fados del pasado que embalsaman mi despertar, durmiendo en una fotosíntesis de días nublados que abrigan las lluvias del presente y alumbran tu manto carmesí.
Caminos furtivos detrás de viejas estrellas que nos trajeron hasta aquí, océanos que atraviesan el azud, girando las auroras de los pueblos ocultos donde la noche polar inflama los cielos.
Penumbra inmensa de reflejos traviesos que inspiran sinceridad, que derraman charcos de hielo con sabor a deseo y hostigan centellas de fuegos que emanan a través de mi ventana.

José Gonzalez
Blog del autor
Hace unos cuantos años, era practicamente imposible publicar un libro con una editorial decente si no tenías un padrino o un apellido que garantizara unas ventas estratosféricas. Un editor no se jugaba los cuartos, ni ponía su prestigio encima de la mesa, si no veía su inversión lo suficientemente segura como para valer la pena. Fue entonces cuando surgió la autoedición.
Eran muchos los escritores que confiaban de forma plena en la calidad y las posibilidades de sus obras, y proponían a las editoriales participar económicamente en la edición ,pagando una parte de los costes o incluso asumiéndolos al cien por cien. Fueron muchas las editoriales que aceptaron este método, y si no lo hacían de forma oficial, lo hacían bajo cuerda. Los resultados fueron muy diversos, ya que muchos autores desconocidos se revelaron como auténticas promesas de este mundillo, mientras que otros no sólo no vieron sus sueños rotos, sino que además se quedaron con cara de «qué ha pasado aquí», y con los bolsillos vacios.
Algunas editoriales vieron en esta práctica un filón, y decidieron dedicarse únicamente a la autoedición. Así, cada vez era más habitual encontrar con anuncios pidiendo escritores y, cuando llamabas, te sorprendían con unas tarifas desorbitantes y unas promesas que rayaban la fantasía. Surgieron así las editoriales, aunque algunos se empeñen en llamarlas de otra manera, que permitían a los escritores emergentes cumplir su sueño y ver su novela en las estanterías de sus librerías favoritas a cambio de asumir los costes de la edición.
Esta práctica alentó a gran cantidad de autores a enviar sus manuscritos, y si obra tenía la calidad suficiente el editor se comprometía a hacer lo que estuviera en su mano por darla a conocer sin tener que arriesgar ni un céntimo.
El problema surgió cuando, como siempre, aparecieron unos cuantos espabilados dispuestos a exprimir a la gallina de los huevos de oro hasta que reventase. Que nadie se sorprenda, porque esta historia ya ha sucedido antes, y se seguirá repitiendo. Música, arte… nada escapa de los especuladores. Algunas editoriales, que vieron como la publicación de esas obras desconocidas no solamente les reportaba bastante beneficios, sino que además no suponía ningún tipo de riesgo a nivel económico, bajaron de forma paulatina sus criterios de edición. Si antes se leían diez obras antes de decidirse a publicar una de ellas… ¿Por qué no publicar las diez? Al fin y al cabo, no era su dinero el que estaba en juego.
Esta práctica es muy peligrosa, e incomprensible desde mi punto de vista, ya que cuando una editorial publica una novela, o un poemario, o lo que sea, está poniendo su nombre y su prestigio encima de la mesa. Si la editorial X publica un libro que es una porquería… ¿No está echándose tierra encima? ¿No serán cada vez más reticentes los distribuidores y los libreros a trabajar con ellos? Todos los que empezamos con este mundillo nos topamos con editoriales de este estilo, a las que mandas tu manuscrito y te contestan a los diez minutos diciendo que les ha encantado y que eres el próximo Pérez-Reverte. Y claro, hay ilusos que tragan, y que son estafados por su propia vanidad.
Esta práctica no es ilegal, y es uno de los factores que ha provocado que el mundillo editorial cada vez esté más saturado, y que cada vez sea más dificil acceder a él. El trabajo de las editoriales no sólamente implica la puesta en circulación de las obras. Existe todo un proceso de maquetación, revisión, comprobación… Prescindir de estos procesos hace que en el mercado haya libros con errores ortográficos, contradicciones, plagios, e incluso frases mal construidas y sin sentido. El mercado se halla saturado, y el hecho de que cualquiera que escriba unas cuantas lineas sea capaz de verlas publicadas al precio que sea ha contribuido a saturarlo aun más. Hoy en día, para publicar un libro no hace falta talento, sino dinero.
Los que estamos empezando en este mundillo tenemos la enorme responsabilidad de no caer en esta trampa. La autoedición es una herramienta muy valiosa para los que queremos dedicarnos a escribir, ya que tener un buen curriculum y unas ventas decentes pueden hacer que alguna editorial se fije en tí, pero para ello debemos hacer examen de conciencia. Un escritor primerizo debe ser crítico consigo mismo, y con su obra. Debe revisarla minuciosamente mil millones de veces, comprobar los datos, consultar a profesionales y, sobre todo, valorarla con objetividad.
He leido obras autoeditadas de escritores noveles que son una auténtica basura. Novelas que, como mucho, habrán leido sólo los familiares y amigos más íntimos del escritor (quizás ni eso), que habrán dado una valoración subjetiva y cargada de mentiras para no herir su sensibilidad. Obras así hacen que las demás pierdan su valor, y se pierdan en un mar de novedades editoriales cada vez más saturado. Publicar una novela es algo serio, y hay que tomárselo como tal. No entiendo a los escritores primerizos que exigen el reconocimiento mediático, y que esperan que su obra esté en los escaparates de las mejores librerías durante meses. Escribir es mucho más que eso, pero hay gente que no lo va a entender nunca.
Es imposible dar aviso a las editoriales, pues la mayoría no son otra cosa que empresas que no van a dejar de hacer números en pos de eso que algunos llaman «dignidad», o imagen corporativa. Este mensaje es para todos aquellos que, como yo, comienzan en este mundillo: sed exigentes con vosotros mismos. Es dificil hacerse un hueco en este mundillo, pero de nada sirve hacerlo aún más dificil. Tenemos toda la vida por delante para escribir, así que no os preocupeis si vuestra obra no ha quedado como esperabais, y apresuraros a escribir otra. Publicar a cualquier precio es una quimera, una manera como otra cualquiera de sacarle los cuartos al personal.
Hay quien se hace llamar «escritor», y no es otra cosa que un pobre diablo que no sabe hacer ni la O con un canuto. A veces leo sus obras, y siento vergüenza ajena.

Benito Olmo
Fuente: esliteratura.com

Serán versos sublimes y eternos
líneas hilvanadas ¡llenas de ternura y pasión!
letras, que cubrirán cada espacio de tu piel y
escritas sobre tu desnudez ¡hasta la posteridad quedarán!
Porque en tus labios mi sed quiero saciar y
en tu cintura mis dedos llenos de lujuria
toda la noche quieren estar, ¡déjalos! porque
la historia de amor mas hermosa escribirán.
Cierra tus ojos y déjate llevar, quiero oler, sentir, tocar
y hacerte ¡vibrar! Quiero despertar entre tus brazos porque
los segundos contigo hermosa dama ¡perfectos serán!
porque el mismísimo tiempo se detendrá.
Porque amada y complacida te sentirás,
déjame amor mío escribir sobre tu piel
¡versos de amor!, serán aquellos que
que plasmados sobre tu piel hasta la eternidad quedaran.
José Francisco Mejía Ramírez
Miembro de la: Sociedad Literaria de Honduras.
Me he levantado sincera hoy, para qué esconder mis pequeños vicios… con vosotros me siento tranquila, sé que no se lo contaréis a nadie. Aquí tenéis uno de ellos.
Buenos días, amigos. Esta ilustración tan maravillosa de Judith LLoret Lansaque, me enloquece.
He decidido recoger a todos los reyes magos que me encuentre este año en las calles y he empezado mi colección por los que tienen el corazón morado.
Tengo dos reyes de ese color; intenté coger 10 pero se me escaparon un montón. Se han enterado de que voy persiguiéndoles y huyen aterrorizados. Estoy deseando de pillar a los de corazón amarillo y aún no he cogido a ninguno.
Los reyes de color rojo los he trincado todos. Los llevo dentro de mi bolsillo derecho. Los he espachurrado con el hueso de un jamón (de pata negra, claro) y he conseguido que se queden encima uno de otro como si fueran un árbol de Navidad. Son los más rácanos (el color rojo es ostentoso pero engaña, te va robando toda la serotonina, dejándote pobre de emociones); esos casi nunca me los pido pero este año como había tantos, no he tenido más remedio…
Mis reyes favoritos son los amarillos. Están llenos de luz y de gracia. No dejan de pedirte por favor que los sueltes y, aunque les ates las barbillas unos a otros, ellos siguen encantadores y serviciales.
Yo disfruto cazando reyes
pero lo que más disfruto y
para eso los cazo,
es para quitarle los regalos…

Yolanda Sáenz de Tejada
Colaboradora de esta Web en la sección
«Tacones de Azucar»
Blog de la autora
Foto:Pedro Jesús Camacho

…así de frágil,
y apenas perceptible a media sombra,
se da el milagro de nacer a un verso.
(Viví Massares)
Como el sueño que muerde mucho antes
de convertirse en sueño, como el tiempo carnívoro
que devora tus ojos
mientras miras el hueco que deforma tu vida.
Como el agua que baja de tu nombre,
catarsis de la duda transparente;
así el milagro, así la luz sin luz de tu guarida,
la incipiente memoria que te empuja
de los pies a las huellas,
de la verdad vivida a la verdad
profunda de tus pasos.
Nada termina aquí, todo termina
regresando a su origen;
disolviéndose
en esta efervescencia del instante caído.
Sentirse fuera, respirar al margen
de la respiración,
invisible y cercano como el amor de un padre.
Descubrir el vacío para saber que existes,
para volver al útero
de la creatividad.
Así el milagro de “venir” al mundo;
la sensación confusa de cortar
(ahora)
el hilo umbilical de las palabras.

Luis Oroz
Blog del autor