Jueces y sabios… o no. Por Abulafia


Tendemos a separar y clasificar continuamente. Estaba yo regando las plantas de un amigo y veo que, como él no está ahora, las malas hierbas han crecido alrededor de las buenas (?). Es más, las malas crecen incluso sin agua mientras que las otras están algo agostadas y no puedo evitar pensar en lo bueno y lo malo, lo bello y lo feo; ¿Por qué ésa es mala y la otra es la buena?

A mí esa Diplodocos Matutina Dorada de precio desorbitado me parece horrible y algo aprovechada. La cuidan, la miman, la riegan, la abonan y la muy desagradecida aún pide más y hasta exige que se limpie su territorio de hierbajos. Yo veo muy bonitos esos hierbajos y las flores salvajes, las que crecen ahí porque así lo quiere la Naturaleza no porque el Hombre decida lo que está bien y lo que está mal, lo que es bello y lo que es feo.

Y con los animales, un gato es precioso una serpiente horrible. Nos embobamos ante un creído pájaro lleno de colorines y ponemos cara de asco ante una pobre rata gris que vive en esas alcantarillas que nosotros llenamos de porquería. Despreciamos las babosas y amamos las mariposas. Somos jueces, somos sabios, somos… lo que somos.

Lo peor es que con las personas hacemos lo mismo.


Abulafia

La mesa del Jurado (2)2006 Por haddass


En la mesa del jurado de este tercer certamen no hubo protocolo, cada uno se sentó donde le pareció oportuno, aunque ciertamente tuvieron el detalle de dejarme a la izquierda de Rosa Regàs lo que me permitió tenerla informada de todos los detalles y anécdotas relacionadas con los finalistas, ganadores, presentadores y los pasos de la presentación.
Rosa recogió la bolsa de pequeños regalos que cada asistente se encontró en su silla. Hurgó en ella mostrándonos, con la sorpresa de una chiquilla, el mechero o el perfumador. Se interesó en el marca páginas conmemorativo, en los folletos del Valle de Ricote y de Murcia, pero lo que le entusiasmó fue la lata de pimentón (obsequio del Ayuntamiento de Murcia), quería cerciorarse que no faltaba en su lote. “Utilizo el pimentón para casi todo” –me dijo-.
Sentimos la ausencia de José Belmonte, aunque sabemos que fue por causa mayor.
Durante la cena la conversación se centró en el eje Rosa Regàs-Ana Mª Tomás que nos contaron todo tipo de chistes jugosos, como una competición de ingenio y gracia entre dos picaras y el regocijo del resto de la mesa. Se comentaron las entrevistas en el canal, una experiencia compartida por todos ellos, excepto Fernando Armario que atento escuchaba las particularidades. El “FIN” de Pablo Martín Asuero fue el autentico protagonista, entre el bulo del pájaro fox y las empanadillas de Jumilla que Ana M ª se trajo a Murcia para celebrar su debut chatero. Entre las complicaciones técnicas de las conexiones y los programas, el “onotice” tuvo su apartado especial y la mayoría agradecieron la ayuda y presencia “in situ” de miembros del canal literatura en la aventura.
Cuando comenzó la entrega de premios, todos sabíamos el programa a seguir, pero también contábamos con la improvisación que finalmente siempre se adueña de todo. Pau Pérez y José Hernández dijeron: “Tu nos vas diciendo lo que tenemos que hacer” y Rosa apostilló: “Siéntate ya y cena que no paras”.
Tras mis comentarios, Rosa siguió atentamente y con cierto asombro la soltura de nuestros jóvenes presentadores, se conmovió ante algunas historias de finalistas y premiados, pero fundamentalmente, al igual que todos, disfrutó de la velada. Ella junto a Ana Mª, además, recibieron encantadas e incrédulas la pluma cervantina que les obsequió el Canal Literatura y el ramo de rosas rojas que les brindaron los más jóvenes de la reunión.
El sorteo de regalos fue una autentica fiesta, Rosa Regàs tenía el nº 77 y salieron el 76 y el 67. Con su tarjeta en mano, pujó por todos ellos como cada uno de nosotros, sobre todo por el Mp4, pero no hubo suerte.
La suerte, el mejor regalo, fue tenerlos a todos con nosotros esa noche compartiendo todo lo que acontecía con entusiasmo.


Haddass

La sonrisa de un libro. Por Ketsya.

Botticelli

¿ No te aburres? Siempre de mano en mano, sin hablar, sin poder discutir sobre tu contenido, sin cambiar nunca de ropa, sólo de dueño y, muchas veces, ni eso.
– No, en realidad me siento a gusto.
– Pues… yo la verdad que no lo entiendo. Con lo divertido que es viajar, conocer mundo, hablar con otras personas, aprender, vivir la vida, sonreír, comprar, soñar, dormir… yo, sigo sin entender como te gusta ser libro.
– Bueno… esto… yo en realidad puedo hacer esas cosas, y muchas más de las que no has nombrado.
– Anda! No te quedes conmigo… ¿sueñas?¿viajas? ¿hablas? ¿Aprendes? ¿Enseñas? Ya no soy una niña, «Fausto», ya no te puedes quedar conmigo.
– Claro, que puedo hacer esas cosas y de hecho… te lo voy a demostrar. Mira… estás caminando y me has llevado contigo a todos lados desde que me regalaron. Visité Milán, el verano pasado, fui a esquiar, este invierno, disfruté de la navidad, el Diciembre de 1980, y fui testigo de tu primer beso en el parque del Retiro.
Ella se quedó pensativa, sin decir nada y seguía escuchando atenta lo que «Fausto» le decía.
– Aprendo, porque cada vez que unas manos nuevas me tocan, me leen, me abren y cierran… aprendo de ellos, sus sentimientos, sus ideas, sus gustos. Ellos me leen y hablan conmigo, me tocan y sueño con ellos, con ser un ser de dos piernas, sueño en poder sentir todo lo que ustedes sienten cuando me leen.
Seguía pensante, sin parpadear, pero muy atenta a la lección que el libro le enseñaba. Una lección que, sin duda, nunca olvidaría.
– Enseño… y es lo que mejor se me da hacer. Fui escrito con un fin didáctico, como todos los de mi «raza». Mi historia es la clara realidad de lo egoístas y egocéntricos que pueden llegar a ser los humanos. Y mira que no soy un único ejemplar, pues tengo muchos gemelos, eso hace que la lección se haga universal.
El libro sonrió, no tenía boca, ni rostro y tampoco podía expresar nada con la vista. Pero esa sensación, esas letras, llegaron al corazón de Paula y allí la invadió de esa sonrisa dibujada en su mente.
Realmente un libro no era un simple manojo de hojas, que se paseaba, se ojeaba y se degustaba. Sino un ente lleno de sentimientos y expresión. Siempre, por supuesto, dibujada por la mente del autor, del lector…

Ketsya

La llegada. Por Ángeles Morales

La llegada=
Le gustaba a rabiar, casi tanto como las torrijas que hacía su madre los domingos, bien fritas pero jugosas por dentro con esa canela que se derretía en la boca al masticarla; más que el helado de fresa y chocolate, una combinación perfecta y afrodisíaca que se permitía al inicio de cada verano y que saboreaba sentada en el parque, con las piernas muy juntas y el bolso en su regazo para no tener que pasar la vergüenza de caminar dando chupadas a aquellas bolas inmensas; mucho más que subir en bicicleta las cuestas de su pueblo empinadas y sin asfaltar, derrapando a propósito para amedrentar a alguna anciana que se atravesaba a paso lento en su camino; más incluso que no hacer nada las tardes de invierno, excepto estar tumbada en el sofá, medio adormilada observando la oscuridad prematura de las tardes; más, mucho más, le gustaba hasta el infinito. Por eso no lo dudó , cuando Pablo salió del coche se acercó con sigilo, sacó la pistola del bolso y le disparó.
“Odio las cosas que me gustan con desmedida”.
Y se marchó a casa a comer torrijas.


Ángeles Morales

España es diferente. Por Carmen María

Alcaldesa
Desde mi condición de Alcaldesa de la Ciudad quiero desde estas páginas virtuales darte la bienvenida a Marbella, una ciudad moderna, dinámica y, sobre todo, acogedora con el visitante. De ahí, en parte, su éxito turístico que le ha dado fama internacional.
Marbella y su fama trascienden el turismo de sol y playa de los meses estivales. Las características de nuestra ciudad hacen que prácticamente durante todo el año vivamos en una casi eterna primavera que hacen que Marbella sea destino turístico nacional e internacional, también gracias a la apuesta por unas infraestructuras públicas y unos servicios turísticos de excelencia.
Otra de nuestras apuestas es el apoyo que desde la corporación se está prestando a todas las iniciativas artísticas y culturales, tanto de iniciativa privada como pública, como complemento perfecto al turismo de sol y playa.
Pero Marbella es todo eso y más. Tienes que venir y descubrirlo por ti solo.
Te esperamos con los brazos abiertos.
www.marbella.es
Nota: ¿Seguro? LA ALCALDESA ¿puede esperarnos con los brazoa abiertos? o tal vez exposados…
Podían por lo menos cerrar de momento el portal bajo mi humilde opinión claro.

Carmen María
http://es.geocities.com/relatoscarmen/

Reunión 21 de marzo. Por Ketsya

Botticelli
La reunión del año había comenzado. El 21 de Marzo todos estaban dispuestos en la sala. Esperaban expectantes mi llegada, y que el debate se abriera un año más. El calor se hacía notar levemente en esta época del año, y los fríos ya no eran cortantes como los anteriores.
Cuando entré en nuestra habitual estancia de reuniones, todos se habían colocado de la misma forma que el año anterior, y que el otro y el otro, llevaban cogiendo el sitio que ocupaba desde que aquellas reuniones anuales empezaron. Pero, como iba diciendo, todos callados y bien sentados. Bueno quizá deba rectificar, no todos estaban callados; las hermanas divinidad estaban en corro y parloteando todo lo que les había ocurrido este largo año, había incluso años que las encontraba bailando. Entrelazaban sus manos, elevando dos de ellas, y daban vuelvas moviendo las caderas al compás del tarareo de alguna canción antigua.
Marina, con esa tez tan blanca y ese cabello de oro, lucía un espléndido embarazo de cinco meses, como era de costumbre en nuestras tertulias del 21 de Marzo. Muchas veces me para a pensar, cuan grande sería la casa de Marina pues cada año traía, a lo menos, un hijo. Siempre el mismo vestido, que nunca encogía, ni se rompí o ensuciaba, de florecillas oscuras, fondo claro y algunos volantes bastante voluptuosos.
En un rincón y pasando desapercibido, Emmanuel. Aunque los primeros años, y a muy clara lógica, era el centro de atención y sobre todo de miradas. Es el único hombre al que el jefe deja entrar en la reuniones. Recuerdo las primeras jergas, casi podía sentirse acosado. Las hermanas divinidad hacían el corro en torno suya para bailar, Marina no paraba de decirle que le tocara la tripa, para ver como el bebé daba patadas, y Clarís todo sonrojada le miraba de reojo para comprobar que no veía como sus faldas se levantaban. Pero de aquí a unos años atrás dejaron de prestarle atención, y más aliviado que la primera vez se colocó en un rincón y solo escuchaba y asentía. Con sus rizos marrones acompañando sus afirmaciones a todo lo que decíamos.
Clarís, ya nombrada, llegaba la primera para que nadie cogiera su sitio, junto a la ventana. Lo cual, no se porque sigue haciendo, ya que se pasa todo el tiempo pendiente de si el viento de poniente entra y le levanta las falda, dejando ver sus vergüenzas. Casi podría definirse como un acoso en toda regla de un efecto meteorológico, aún así, ella no es infiel a su amante invisible.
Por último nombrar al hijo del jefe. Su mujer murió y siempre lo tiene de un lado para otro, a mi me lo pide como favor y lo cual no me importa. Corretea de un lado a otro de la habitación, se mete bajo la mesa y juega a las guerrillas, simulando armas con sus brazos. No hace ruidos, ni habla, ni grita, ni llora, pero se encarga de que su presencia no se olvide a ninguno de los presentes.
Y es que, señores, así son las reuniones cotidianas el primer día cuando «La primavera» llega de mano de Botticelli.

Ketsya

EL PELMAZO DEL GABÁN AZUL Por Ángeles Morales

Gaban
Lo recuerdo con exactitud, aquel individuo me miraba con una insistencia feroz, de oso polar. Se detuvo ante mí con impertinencia y sin mediar palabra se dejó caer en el banco. Tuve que hacerle sitio a la fuerza.
El día se había pintado de un gris caprichoso, de esos que no acaban de definirse. Miré hacia el cielo y quise que aquellas nubes voluptuosas me engulleran de un solo bocado. Un frío siniestro y conocido me tenía preso, y de pronto me sentí solo en un mundo insignificante habitado únicamente por el hombre del gabán azul y yo. No lo he mencionado, pero aquel desconocido de pupilas ávidas iba envuelto en un gabán azul descolorido y permanecía en silencio, acechando cada uno de mis movimientos; por eso me quedé quieto, clavado a la incertidumbre.
La gente iba y venía con la tranquilidad que otorga la ignorancia pero yo sabía que aquel extraño arrogante había venido a llevarme con él.
Repasé las últimas páginas del periódico y eché un vistazo a las esquelas. Siempre me he recreado con la muerte de los otros. Suelo leer sus nombres despacio, para dentro, masticando su adiós con una satisfacción perversa, imaginando las caras de todos aquellos a los que habría dejado atrás, el llanto inconsolable de la madre, el estupor del hermano, el dolor antipático de una mujer que ya no está para recordarlo; y clavo en sus cruces fúnebres unos ojos exentos de piedad en los que nace de inmediato una sonrisa ancha que me atraviesa de parte a parte. En esas estaba cuando un hecho extraordinario acaparó toda mi atención. En la columna de la derecha, justo debajo de la esquela que anunciaba elegantemente la desaparición de Doña Merceditas de 103 años de edad, (Dios la acoja en su seno y no nos la traiga de vuelta, sus padres que se han ido aburridos de esta vida, Don Leocadio y doña Maribel Vistahermosa, sus primas Maricuchi y Teresín, y demás familiares pelmazos… que no te olvidan). Mi dedo descendió incrédulo hacia un recuadro de proporciones gigantescas, dañinas. En su interior flotaba mi nombre: Aquilino Morales, fallecido hoy a las cinco de la tarde de un paro cardiaco. Descanse en paz.
Cuando alcé los ojos, el hombre del gabán azul ya no estaba.
Un niño me cubrió el rostro con el periódico. A ciegas pude leer su nombre en una esquela diminuta, justo a la derecha de la de Doña Merceditas, Dios la tenga en su gloria.