Lecciones de economía para adolescentes. Por hijadecristalero

Esta mañana cogí a bulto los ahorrillos de mi hija y me fui al banco, a pagar un recibo justo antes de que nos cortaran el suministro. Y cuando puse el dinero sobre el mostrador, vi que uno de los billetes era más falso que yo cuando me maquillo.

La cajera se ha paseado por toda la sucursal con los 50 euros en la mano, probando en distintas máquinas y consultando el caso con sus compañeros, que tocaban el billete y lo miraban al trasluz. Detrás de mí se había formado una cola de al menos diez personas, que comentaban con guasa el color tan sospechoso que tenía el billetito de marras. Supongo que sentían la extraña alegría de saber que, esta vez, el gilipollas no has sido tú.

Que pensaran lo que quisieran. No me iba a poner a explicarles que lo había cogido del monedero donde mi hija guarda lo que las ancianas de su familia le dieron por Navidad. Ellos también tienen padres y abuelos.

Por fortuna, poniendo lo poco que llevaba en la cartera podía pagar el recibo. Pero me he quedado con treinta céntimos hasta que mis alumnos vuelvan de Semana Santa en abril. La cajera me ha dicho que, si quería, podían mandárselo a Prosegur para que ratificaran que era falso. En caso de que fuera bueno, me lo ingresarían en cuenta. Mientras me lo decía me tendía el billete, dando por hecho que preferiría colocarlo. Pero he retirado la mano como si temiera que la falsificación pudiera mancharme.

Si hubiera podido colárselo a Botín, a algún Director General de Trabajo, a algún Consejero de empresas hidroeléctricas o a algún miembro de la realeza, lo habría cogido sin dudarlo y habría llevado a cabo el toco mocho con disciplina militar.

Pero, para colar algo tan llamativamente falso, tendría que engañar a alguien que esté mucho más perjudicado que yo; alguna persona mayor con las facultades mermadas, por ejemplo. Y joder a otro que esté más jodido que yo va contra mi naturaleza: los remordimientos de conciencia no me dejarían vivir.

De modo que le he dicho a la cajera que revisen el billete.
Si es bueno, no habrá pasado nada.
Si tal y como parece el billete es falso, dejará de hacer daño a los más débiles.
Y mi hija perderá 50 euros, pero habrá aprendido una valiosa lección.
Seguro que la próxima vez que le den dinero, se parará a mirarlo.


hijadecristalero
Proscritosblog

Desidia. Por Fátima Ricón Silva

  

Un turbio letargo me entretiene,

pasan las horas,

exhumando rosas con espinas,

levando un polvo esquilmado

que me va minando.

 

Me doy de bruces con el destino,

aún no estaba preparado

para afrontar el exterminio

de una dicha regalada.

Alienado y decaído,

opto por pactarme vencido.

No es cobardía.

Es un temor que me domina.

 

Un recelo que escupe toda la vida misma.

Un letargo turbio que me entretiene.

 

©Fátima Ricón Silva

Fecundidad. Por Teresa Gallego Arjiz

Alegoría de la fecundidad de Jacob-Jordaens

Inmensa tierra fértil
abrazada a tu universo,
brazo enlazado amanece
en tu lánguida cintura.

Lejos la niebla templada
se evapora en el espacio.

Vientos retumban con tu voz,
viajan hacia huecos vacíos,
hueco inmenso envuelve
Universo y Tierra.

¡Pálpito, pálpito lento
pálpito que acelera el ritmo!

Lenguas lamen húmedas aguas,
cascadas pródigas y frescas
se deshacen en la montaña
y fluyen por los meandros.

Fusión de entidades,
de contrastes e inversos.

Temblorosa llama alumbra,
fuego abrasando los campos
prenden imágenes ardiendo,
robustos troncos de un árbol.

Noche que yace dormida
fecunda así en tu vientre.

Teresa Gallego Arjiz

La pesadilla de los pesimistas. Por Ana Mª Tomás Olivares

Siempre que me preguntan que cómo estoy, yo, enarbolando la mejor de mis sonrisas, contesto que muy bien. Me consta que, con esa respuesta, mis amigos se alegran y mis enemigos se fastidian.

Últimamente circulan por Internet una serie de correos en los que, según palabras de un apreciado lector, “intentan vendernos un mundo feliz”. Si bien para los optimistas o para quienes les va de cine (los hay, aunque les cueste creerlo) es una manera de reafirmar su filosofía de vida, y para aquellos que necesitan una ayudita les resulta una buena terapia, para los pesimistas, o para quienes las circunstancias en su vida no les son favorables, escuchar o leer que la vida es breve y que hay que aprovechar cada instante viviéndolo con alegría e intensidad, les suenan más a hueco que las maracas de Machín.

Les confieso que yo soy una optimista escarmentada pero recalcitrante y que cada día me desayuno una buena dosis de PowerPoint que me recuerde que no hay que preocuparse por las cosas que no tienen arreglo porque de nada sirve esa preocupación, pero que tampoco he de hacerlo por aquellas que sí pueden arreglarse puesto que, si tienen arreglo, no es cuestión de pre-ocuparse, sino de ocuparse directamente de ellas.

Hay, concretamente, uno de esos correos que lo abro a diario como pura medicina preventiva y que habla de conductas R y S. Supuestamente las primeras: “resentimiento, rabia, reproche, rencor, rechazo, resistencia, represión, son generadoras de coRtisol, una potente hormona del estrés cuya presencia prolongada en sangre es letal para las células arteriales. Las conductas S: Serenidad, silencio, sexo, sueño, sonrisa, sociabilidad, en cambio, producen Serotonina, una hormona generadora de tranquilidad, que mejora la calidad de vida, aleja la enfermedad y retarda el envejecimiento celular”.

Casi una decena de siglos antes de Cristo, Salomón, en Proverbios 17,22 canta: “El corazón alegre mejora la salud; el espíritu abatido seca los huesos” ¿Qué les parece? Esas palabras son la consigna puesta de moda por todas las corrientes psicológicas actuales desde donde se insiste en que el sistema inmunológico se potencia con la alegría, y que la tristeza nos baja las defensas hasta permitir que enfermemos por la más absurda nimiedad. Sin embargo, sé de primera mano, que cuando un problema te atormenta el alma no hay psicología, palabras, porwer-point o recomendación alguna que te haga cambiar la visión negra que produce el dolor. Es más, cuando nos vienen con esos mismos consejos que acabo de enumerar más arriba, no sólo permanecemos imperturbables a ellos, sino que nos entran unas ganas terribles de enviar a tomar viento fresco a quienes nos los traen. “Qué bien habla el sano con el enfermo” solía decirme una amiga cuando, en un momento así, le hacía yo esas optimistas recomendaciones.

Todo es relativo, ya lo sé. Pero yo, que he estado en uno y otro bando, les aseguro que, pese al esfuerzo ímprobo que conlleva pretender ver rosado lo que no pasa de gris oscuro, merece la pena intentarlo. Si no por nosotros mismos, que somos los más interesados, sí por aquellos que nos rodean y que nos aman y a quienes nuestro sufrimiento les causa no menos dolor además de impotencia.

Tiene razón mi lector en que, cuando estás mal, resulta odioso e insufrible recibir correo tras correo repleticos de mensaje S, entre otras cosas porque te pasas la serotonina por el forro de los tegumentos. Pero, tal y como está el patio -¿intentan enumerar las malas noticias frente a las buenas? ganan siempre las malas por apabullante goleada- necesitamos, más que nunca, que vengan a decirnos que “puede ser muy difícil, pero que es posible” porque ya estamos nosotros para repetirnos “que puede ser posible, pero que es muy difícil”.

¿Qué los optimistas y sus mensajes son la pesadilla de los pesimistas? No sé… Pero, yo creo que, veces, las pesadillas son los huesos donde mejores sueños afilan sus dientes.

Asociación Canal Literatura
Ana Mª Tomás Olivares
Blog de la autora

Apocalipsis. Por Josep Esteve Rico Sogorb

 

Sueño que viajo por las estrellas a través de las épocas del Tiempo.

Sueño que visito planetas para testimoniar vidas recreando utopías inalcanzables
e inventando ilusiorias fantasías.

Sueño cual Ulyses heroico que traspaso el umbral de la Física
para transmutar cuando arribe la Muerte.

Sueño que renacerán la Bondad y la Esperanza.

Sueño utopias, sueño Apocalipsis…
Sueño que sus Jinetes ya cabalgan en mi Memoria…

 

Asociación Canal Literatura

Josep Esteve Rico Sogorb