La pequeña Alina. Por Brisne


«Lo que no entendía tan bien es por qué le reñía con aquellas palabras que parecían trabalenguas o enigmas como «rica es la orden», ni por qué su madre decía «sentar la cabeza» en lugar de algo más sencillo como «pórtate bien «o «no seas revoltosa».

La pequeña Alina es un libro de Cristina Álvarez Reinares. Normalmente no hablo de los libros para niños que leo que no son pocos, pero con este me ha pasado algo curioso. Me he divertido mucho leyéndolo. Y me he divertido porque no es el típico libro para niños, porque Alina puede ser mi hija o cualquiera de sus hijas y se enfrenta a la vida de los adultos con el estupor que creo que cualquier niño de ocho años se enfrenta a un mundo que desconoce y parece tener sus propias claves. Un mundo extraño porque los adultos hablamos con dobles y triples sentidos y no somos claros, con lo sencillo que es decir lo que queremos y no intentar que el resto nos adivine lo que pretendemos decir. Y creo que en esa texitura cualquier chico, incluso cualquier adulto estaría perdido. Y después hay una ternura inmensa ante los abuelos. Y eso me gusta. Me gusta porque creo que en una sociedad como la nuestra los abuelos son un pilar en muchos sentidos. Cuidan a nuestros hijos, les hablan de los tiempos pasados y en Alina me he encontrado con una abuela especial, que necesita cuidados pero que aporta mucho también sobre todo ternura y expresiones como «rica es la orden» o «sentar la cabeza». Y creo que leer sobre una niña traviesa, pero no noña, sobre abuelos, perros, caza, clubs de chicos, piscinas en verano, trabajo y reflexionar sobre lo que todo eso significa en una sociedad como la nuestra desde el punto de vista de un niño y desde el nuestro esos adultos que creamos mundos. Todo esto con cariño, sin noñería y bastante humor.
Puede ser un buen libro para iniciar la lectura.

Brisne
Colaboradora de Canal Literatura en la sección “Brisne Entre Libros
Blog de la autora

El cruce. Por Carlos Veloso

El barquero y la embarcación eran una sola unidad, con el tronco unido solidamente a la popa, por la pequeña borda sobresalían dos largos brazos, el derecho con el látigo para las almas remadoras y el izquierdo, que se extendía para cobrar al viajero.

Al acercarse pude ver los ojos fríos y vacíos del barquero, los que me traspasaron produciendo un escalofrío que me recorrió la espina dorsal, cuando extendió su brazo hacia mi, me di cuenta que no tenia nada que dar, jamás anticipe la necesidad de un “óbolo”; pero una voz dentro de mi cabeza me dijo que tenia cosas mucho mas valiosas que una moneda de cobre, intente imaginar que podía entregarle al barquero, nuevamente la voz me dijo “un recuerdo….tu recuerdo mas valioso…”; en ese momento intuí lo inimaginable, me forcé a recordar momentos felices, las ultimas vacaciones con mis padres, el nacimiento de mi hija, cuando gane mi primer proyecto…. pero no….. el barquero lo tenia muy claro….. quería mi recuerdo mas preciado…tu.

Ya he perdido la cuenta del tiempo que vago por la orilla de este río, que no es el Aqueronte ni el Estigia, este se llama “vida”….y lo único que lo hace soportable es tu recuerdo.

Asociación Canal Literatura

Carlos Veloso

Huelga General. Por Julio Cob Tortajada

La democracia no es un sistema político que legisla para una mejor convivencia ciudadana en un territorio determinado en aras de conseguir un estado de bienestar por todos anhelado.

La democracia es algo mucho más sencillo. Simplemente es la aceptación del resultado de las urnas. Como cuando un grupo de amigos se deciden por ir al fútbol o a los toros, según lo que decida la mayoría. Y de esta guisa, todos acatan su resultado y van, bien sea al rectángulo bien sea el coso, de buen talante, aunque a una parte no les guste el resultado que se decide.

O más sencillo, si cabe. Ir con tu coche al trabajo y que no te lo impida un grupo de energúmenos que se pasan por la entrepierna la última consulta popular.

Y es el Gobierno el que decide las fiestas a celebrar en el periodo de un año porque la Constitución vigente otorga este derecho. A nadie más.

La misma Carta Magna que confiere el derecho de huelga. Es decir, la no asistencia al trabajo en un día fijado, sin que ello suponga que su adhesión sea obligada.

– Si no vencemos en las urnas, lo haremos en las trincheras- dijo un día un líder socialista para desmarcarse de su decidido soporte a un periodo de nuestra historia, los seis años de Primo de Rivera, en el que se volcó de forma innegable a favor de que gobernase un militar de alta graduación.

Seis años de gobierno en el que estuvo ausente la clase política de la vida ciudadana, así como las urnas, en los que la UGT entendió el camino en aquel momento necesario y en beneficio de la sociedad. Con seguridad, los seis años más dignos en la historia de la centenaria organización, años en los que por cierto, el nivel de derechos en poder del pueblo eran insignificantes en comparación con los actuales.

– Por aquí Vd. no pasa – Le dicen a la señorita un grupo de liberados por la asociación a la que pertenecen y que transforman en festivo un día del año en el que a la sazón para ellos representa el de mayor trabajo.

Así de simple, así de sencillo. Un día de fiesta en el que no faltan las guirnaldas de silicona, los recauchutados fuegos artificiales de Michelín y las roturas de puertas y cristales en un totum revolutum en el que no faltan las caras henchidas de “orgullo patrio” transmisoras de la amenaza.

Nota. En un caminar de éste mediodía por una calle muy larga y popular sólo he visto un comercio con las puertas cerradas por la “huelga general”. Con seguridad, el negocio más rentable de la zona cuyo dueño se ha ido de fiesta. Lo que ignoro es si se ha ido al fútbol o a los toros.

Julio Cob Tortajada

Colaborador de esta Web en la sección «Mi Bloc de notas»
http://elblocdejota.blogspot.com
Valencia en Blanco y Negro- Blog

Sensaciones. Por Mª Dolores Moya Gómez

Amanece, me parece mágico este momento; los primeros rayos del sol me envuelven dándome los buenos días, juguetones. Ya vienen mis pequeños amigos cantando, esta vez son muy numerosos, se posan sobre mí haciéndome cosquillas, tantas que no puedo dejar de carcajearme. Siento la leve caricia del aire que viene para ayudarme, sopla fuerte hasta que parte de ellos levantan su vuelo; me relajo. Alguien se acerca corriendo con respiración controlada. Pasa de largo, sus zancadas se alejan. Algo le hace retroceder, se detiene frente a mí. Me abraza, me gusta mucho, le doy mi energía para demostrárselo. Se marcha pero seguro que volverá.

Dolores Moya Gómez

Corazón, mano, corazón. De Juana Cortés Amunarriz

 Es normal, dijo el médico ante los comentarios de la madre. Tiene que trabajar la memoria y el pensamiento, como tiene que trabajar cada músculo. Hay que tener paciencia y no presionarla. El recuerdo aflorará mejor libremente, en un ambiente tranquilo y relajado. Lo mejor son los juegos. Sus hermanas la ayudarán.
Y así fue. Además de las cucharadas de caldo reconstituyente y los purés de verdura, Arantxa se fue alimentando de trabalenguas, de adivinanzas, de cuentos e historias.
El perro de San Roque no tiene rabo porque Ramón Ramírez se lo ha cortado. Lo repetían una y otra vez, hasta que lo decían de carrerilla. Ane, Eli. Ahora te toca a ti, Arantxa.
— ¿Quién es San Roque? ¿Quién es Ramón Ramírez? ¿Por qué le cortan el rabo al pobre perro?
Arantxa se había vuelto muy preguntona. Entonces Izaskun ponía a funcionar su imaginación. Las historias misteriosas. El hombre con la navaja. El sacrificio.
El cielo está enladrillado. ¿Quién lo desenladrillará? El desenladrillador que lo desenladrille, buen desenladrillador será.
Se morían de la risa. Otra vez, otra vez.
— ¿Por qué van a enladrillar el cielo?
— Arantxa, es un trabalenguas.
— ¿Nadie va a enladrillar el cielo?
— Claro que no. ¡Es imposible!
— Menos mal, no me gustaría mirar al cielo enladrillado.
Y después de unos minutos insistía.
— Si hacen un muro de ladrillo, ¿en qué lado estarán las nubes?

Extracto de la novela de Juana Cortés Amunárriz, CORAZÓN, MANO, CORAZÓN- Premio Avelino Hernández de Novela Juvenil 2011, publicada por la editorial EVEREST.


Juana Cortés Amunarriz
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