Lágrimas inútiles. Por Brujapiruja

Aquella tarde estaba yo con ella. Nos turnábamos varios hermanos desde que empeoró su situación. Hablaba tan bajito que apenas era audible pero sus ojos se iluminaban cuando entrábamos a verla y se la notaba feliz, nos extendía su mano buscando el contacto y a veces permanecíamos unidas así; se sentía más segura, cuando le daban esos pequeños mareos.
Estuve leyendo un rato y cuando vi que cerraba los ojos puse la televisión.
De pronto me encontré una noticia desoladora que me conmovió hasta tal punto que me hizo llorar. Imágenes de cuerpos destrozados en un país lejano donde un terremoto sacudió la tierra dejando desolación y horror, allí, en la pantalla y en la retina.
Mientras me restregaba los ojos y me secaba las lágrimas apenas pasaron unos minutos,
Fui a buscar un pañuelo en mi bolso y a coger el móvil.
Cuando regresé, tenía su mano extendida, así que volví a sentarme a su lado y a “sujetarla” como ella decía.
El frío que noté heló mi sangre y aún no he conseguido entrar en calor.
Unas lágrimas por quienes no conozco, me impidieron “sujetar” a quien más quería.


Brujapiruja

El espejo del alma. Por Julio Cob Tortajada

Sostiene la gente que la cara es el espejo del alma y lo piensa independientemente de su creencia más o menos religiosa. Para los creyentes, el alma es un soplo divino ajeno a todo tipo de analítica, sin triglicéridos ni índice de azúcar, pero convencidos de que el rostro tiene un trazo terrenal, como más de ir por casa.

De tal manera, que si atendemos sólo en sus facciones y tras una somera reflexión en función de sus rasgos más caricaturescos, podemos intuir algún detalle acerca de las personas que en cualquier lugar concurrido nos llama la atención.

Podemos encontrarnos con una persona de frente amplia, limpia, despejada, que si muestra ojos abiertos, alegres, sobre unos labios sueltos, nos dará la impresión de que nos encontramos ante una persona franca; salvo que si muestra una boca cerrada y prieta, de labios que se muerden, la duda nos llevará a la reserva de su verdadera intención. Sin embargo, si es de frente estrecha, con escalones que se diluyen en las sienes, sostenida por unas cejas pobladas y ojos que parpadean sobre una nariz pequeña y con un rostro ligeramente inclinado hacia abajo, nos dará la certeza de que está inmersa en el enfado, por lo que averiguar sus intenciones podría producirnos un ligero quebranto.

Igual vemos a quien presenta una cara redonda, con orejas cuyos pabellones extendidos captan hasta el más ligero soplido, de cabeza alzada, suave hacia atrás, de frente despejada y con ligera dificultad para saber dónde termina su brillo, dado que en su coquetería eleva sus cabellos desde uno de los lados, untados de gomina, y los lleva hacia el opuesto, logrando de tal manera cubrir su discreción; lo que nos hablará de ciertos complejos más o menos enrevesados.

El hallazgo de una cara alargada, de mentón hacia delante, con nariz chata, como hundida, con ojos pequeños y párpados caídos, ligeramente inclinada, como buscando donde apoyarse y labios mordidos, encuentra su explicación de estar ante una persona circunspecta, aburrida e insustancial.

Pero más excitante nos resultará observar el rostro de un joven embelesado con ojos refulgentes, con reflejos románticos y de cabellos rubios, abundantes, con rizos sobre una frente circunfleja y con una bufanda roja a modo de estola, dirigiendo entre susurros su mirada a una Julieta de ojos semiabiertos, soñadores, de labios carnosos, con amagos de sonrisas, y con coletas de azabache surgidas de un gorro calado del color de la esperanza, unidos ambos por sus manos sobre el mármol donde quedan olvidadas dos tazas de café. ¿Qué podrá entonces de ellos sorprendernos? Nada.

Sí, por supuesto, el encuentro de la de faz aletargada, pequeña y de blancos cabellos, de frente blanca y piel envejecida, arrugada, con sus labios secos de honrosa ancianidad pincelada en su ovalo enjuto, solitaria, al abrigo del calor que desprende una taza de chocolate en cuyo vaho anidan recuerdos que por segundos le hacen sonreír.

Y pese a la riqueza de datos que dan su espejos, todo resulta complicado ante la diversidad de matices que se diluyen entre la atmósfera densa donde coincidimos.

No obstante, todo resultaría mucho más difícil si todos los presentes fueran chinos y todos iguales, por lo que ante la imposibilidad del juego, al menos en mi caso, mi cara quedaría entonces aburrida, llena de hastío y agacharía mi cabeza tocando el pecho para quedar inmerso en un profundo sueño, ciertamente regenerador.

Julio Cob Tortajada

Colaborador de esta Web en la sección «Mi Bloc de notas»
http://elblocdejota.blogspot.com
Valencia en Blanco y Negro- Blog

Todo necio confunde valor con precio: la guerra de los eBook. Por Enrique Dans

Amazon anuncia que muy a su pesar acepta las condiciones de Macmillan con respecto al precio de los libros electrónicos, consolidando así la evidencia de que las editoriales se disponen a repetir uno por uno los mismos errores que anteriormente cometieron las discográficas.

La que ya ha sido bautizada como “guerra de los eBooks” se desencadenó el pasado viernes, cuando Amazon decidió eliminar de su tienda todos los libros de la editorial Macmillan, con la que mantenía una discusión sobre las condiciones de venta de sus libros electrónicos: mientras Amazon insistía en un precio único de $9.99 para la mayoría de los best-sellers y novedades, Macmillan ha forzado las negociaciones hasta obtener la posibilidad de fijar libremente un precio de entre $12.99 y $14.99, mucho más próximo al precio del libro en papel. El movimiento de Amazon, retirar sin aviso alguno los libros de la editorial por una decisión sobre la que lectores o autores no tenían control alguno, ha sido considerado por muchos un error estratégico.

Pero independientemente de lo erróneo de la reacción puntual de Amazon, el verdadero perdedor en esta historia no es ni más ni menos que la editorial implicada, Macmillan. El asunto de la fijación de precios para bienes distribuidos a través de Internet es una de esas historias en las que la frase de Antonio Machado, “todo necio confunde valor con precio”, toma plena validez. A nadie escapa que la distribución a través de Internet tiene como consecuencia inmediata la desaparición de la gran mayoría de los costes implicados en la cadena de valor: en el caso de un libro, éste no precisa ser impreso, ni encuadernado, ni empaquetado en cajas, ni distribuido en camiones… sin embargo, al igual que ocurre con la música, las empresas implicadas insisten en sostener de una manera completamente artificial el precio de sus productos para ponerlo en función de la preservación a ultranza de su margen comercial, provocando un rechazo en el cliente que lo arroja directamente en manos de canales de distribución irregular en los que puede obtenerlo gratis. En realidad, la insistencia en mantener precios similares a los del mundo físico se relaciona habitualmente con otros condicionantes de la industria: por ejemplo, en caso de no hacerlo así, las librerías podrían interpretar que las editoriales dan preferencia a las ventas por el canal electrónico perjudicando a la distribución tradicional, y podrían llegar a retirar el apoyo a los libros de esa editorial en sus puntos de venta. Tradicionalmente, el apoyo en los puntos de venta ha sido siempre un factor clave: pon un libro en un expositor o escaparate, y éste se venderá. Déjalo enterrado en el fondo de una estantería o en el almacén, y pasará desapercibido. Los libros, como tantos otros productos, tienen un importante componente de “entrar por los ojos”. Pero ¿está justificado sacrificar el canal directo del futuro a cambio de una hipotética preservación de utilidades en el canal indirecto del presente?

Con este episodio, Macmillan se convierte en la editorial antipática cuyos libros es mejor buscar fuera de Amazon: si no pones a tus productos un precio que los clientes consideren adecuado, o directamente, como en el caso de los libros en español, no los pones a disposición de los clientes a ningún precio, no te extrañes cuando éste se vaya a obtenerlos a otros canales. Tú lo habrás invitado a hacerlo, y habrás contribuido con ello a la creación de un hábito contra el que posteriormente te resultará difícil luchar.

Enrique Dans
Blog de la autor:

Solo tu boca. Por María Dolores Almeyda

Se han movido los cimientos de la tierra, los ríos se han partido en cientos de afluentes y han corrido buscando vertientes efímeras y lejanas y se han tragado el fuego los volcanes y han eructado espumas las gaviotas. Se han perdido cosechas importantes, han quedado expuestas las miserias de las minas, la noche se ha precipitado sobre el mundo y las montañas de rocas han escupido piedras. Todo ha quedado reducido a escombros.

Solo tu boca se salvó de la barbarie.

Corrimos despavoridos como locos buscando la salida. Las puertas se cerraron, la gente se pisaba enloquecida, los más malos juraban por sus muertos, meteoros salvajes, flechas envenenadas, idearios destrozados bajo bancos de cenizas, luciérnagas sin luces y flautas sin sonido, caracolas sin brisa, palabras como gritos, semáforos groseros y rayas amarillas. Escombros, más escombros y montones de muertos. Estiletes en las uñas y miedo en el asfalto. El mundo es un problema sin solución alguna. Las estatuas destrozan sus peanas, el caballo monta a su jinete y el cielo se pone boca abajo y escupe sobre el mundo y nos ensucia. Y cuando preguntamos nos responde con monedas manchadas. Y quien sabe la respuesta se la calla, quien no la sabe miente y habla, pero nada se ha salvado de la ruina. La tierra es un lugar inhabitable y hueco.

Todo ha quedado reducido a tu boca.


María Dolores Almeyda

Hoy tengo ganas. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Hoy tengo ganas
de morder las
piedras y
de chupar su
óxido
hasta que tiña
mi cerebro.

Hoy,
también,
quiero bailar en
tu ombligo
para que te
rías como
antes
—como cuando
tú bailabas
en el mío—.

Y tirarme de
las orejas
por mi cumpleaños
(aunque pasó
hace dos meses),
y pintarme
los labios
de rojo
para chuparte
(sin paciencia y
con perdón)
los te quiero
que ya
no me dices.

Hoy,
quiero volverte
loco de pasión
para borrar
la infidelidad
que planté
(hace dos meses)
en tu desértico
corazón.


Yolanda Sáenz de Tejada
Colaboradora de esta Web en la sección
«Tacones de Azucar»

Blog de la autora

Acuatico. Por Clara y Luis Oroz

Nuevo proyecto.
Pintura a cargo de Clara Oroz,
método intuitivo de interpretación artística de la personalidad.
Poema de Luis Oroz, al hilo de la pintura.

ACUÁTICO

Como peces nostálgicos que surcan un océano;
sin posible memoria,
con la sola intención de presentirse, más allá del peligro
giramos al unísono,
nadamos en bandadas, rozamos pensamiento y pensamiento
persiguiendo al gusano de la vida.

-Tus ojos brillan mientras vas mirando el brillo de otros ojos.

Viajamos juntos aunque no lo sepas, todavía
el hambre solitaria.
El reloj tensa sus minutos y somos arrastrados por la luz.

Después, ya sólo el mundo, tu huella sobre el agua,
la inmensa realidad
y esa escama que tira de tu labio
igual que una sonrisa.

Luis Oroz

Blog del autor

Libertad. Por Almudena Aibar Hidalgo

«Las rutinas mentales, los hábitos, las malas costumbres, los compromisos sociales, los roles, los puestos de trabajo, las relaciones estabilizadas y estancadas, las cargas familiares, las presiones económicas, los vicios, los automatismos, los horarios, las obsesiones, los miedos y las inseguridades nos esclavizan. So…mos esclavos de nuestros pensamientos, de nuestras acciones y de sus consecuencias.
Toda libertad, toda dignidad, toda estabilidad, toda respetabilidad, toda serenidad, toda claridad, toda sinceridad y toda bondad nacen, se nutren, se reproducen y mueren en nuestros pensamientos.Nuestros pensamientos se componen de palabras y ellas se culminan en las acciones que representan nuestra propia vida.
Ser amo de los propios pensamientos es la única manera posible de liberarse de toda esclavitud.Amar a nuestros propios pensamientos, pensarlos con amor y seleccionarlos con amor es la única manera posible de liberarnos. Piensa libertad, habla libertad y deja vivir en libertad.»

Almudena Aibar Hidalgo
Escritora