Tierra líquida. Por Mª Ángeles Nava Martínez

Si mi voz muriera en tierra,
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera…
Rafael Alberti

No a la huída,
               al olvido
que se siente útil.
No a contornos de palabras
hechas con anclas insípidas.
No al espejismo fuereño,
a la barba seductora de viajes
como para que valgan más.
Mezclo mi voz
en el rumor del oleaje,
tengo la deuda:
juego con palabras
nativas del océano.

Sal de intentos es nuestra morada,
tu miel emana a destajo,
nutre el camastro,
sostiene nuestra calma.
Las nutrias nos llaman como sueños
                  bajo la almohada.

Sed de vivos tu enigma irresuelto,
sed de muertos, piedras mudas del pasado:
muros sin raíz con historia deshidratada,
pisadas pendientes,
sed de reencarnar en la cuna de tu vaivén.

Cabellos ondulantes como superficie,
pieles hondas absorben tu vastedad,
sitio de pobres donde caminen lentos latidos,
amparo del día carcelero
de redes de mil muertes.

Tu esquina de locos
y brazos espumantes de violencia
revuelven penas, alegrías, recuerdos.
La llave de presentimientos entregas
allá donde descansa tu dedo.

Rompe tu hechizo lo que somos
o acertamos.
Nos calla
el estruendo de tu voz,
nos rehace
súbditos de tus múltiples caminos.

En ti soltamos amarras de los días,
perdemos de vista la nostalgia.
Tus brazos coleccionan flores muertas
y caen en la profundidad de los recuerdos.

Nítidos cristales del espíritu
frente a la cortina caída
reflejan estrellas
en un corazón salitroso.

Nos vuelves cautivos del imán
que mantiene nuestros pies enterrados en la arena.
cautivos de la serpiente hipnotizante
que nos nombra hijos de sus mareas.
cautivos de la luna
que enfila sobre las aguas
              los nuevos sueños.

Ángeles Nava Martínez  (Flor de Mar)

La naturaleza de un crimen. De Joseph Conrad y Ford Madox Ford

El libro.-

En La naturaleza de un crimen, a la venta este lunes 15 de febrero, un refinado hombre de negocios de reputación «más sólida que el Banco de Inglaterra» confiesa —en unas cartas dirigidas a la mujer a la que ama— haber malversado los fondos de la herencia del millonario Lord Burden, cuya viuda le encomendó administrar tiempo atrás. El amor por la destinataria de sus cartas, no del todo correspondido, le infunde el valor preciso para entregarse a un juego temerario que quizá no tarde mucho en ser descubierto.

La naturaleza de un crimen se trata, según comenta el poeta y ensayista Jordi Doce en el prólogo, de «un divertimento muy ameno y de grata lectura que nos permite evaluar, con cierta justeza, el grado de sofisticación narrativa de sus autores». Un nivel que se alcanza mediante la intriga sutil, el análisis de la adicción al poder y la vuelta de tuerca al concepto del amour fou. Un fragmento de la novela puede descargarse desde la página web de la editorial.
Con traducción de Pablo Sauras.

Autores

Joseph Conrad (1857 – 1924) es uno de los escritores más influyentes e importantes de la literatura universal. Sus novelas y relatos, en su mayoría ambientados en el mar, exploran la precariedad moral del ser humano. El corazón de las tinieblas (1899), Lord Jim (1900), Nostromo (1904), El agente secreto (1909), Bajo la mirada de Occidente (1911) y Victoria (1915) son algunas de las más conocidas.

Ford Madox Ford (1873 – 1939), novelista y editor inglés, se incorporó al canon de la literatura inglesa del siglo XX con la novela El buen soldado (1915) y la tetralogía titulada El final del desfile (1924-28), en la que compone un monumental fresco de la vida inglesa antes, durante y después de la Primera Guerra Mundial. Escribió muchas otras novelas, así como ensayos, poesía, memorias y crítica literaria, y desarrolló una brillante labor como editor, fundando las revistas The English Review y The Transatlatic Review.

Editorial Olivo Azul

Mi particular «Ensayo sobre la ceguera». Por Mercedes Martín Alfaya

Siento debilidad por ciertas cosas (como todo el mundo, claro). Reconozco que esta carencia de energía o vigor en las resoluciones del ánimo, nos convierte en vulnerables. Pero es que a mí, de vez en cuando, me encanta desprenderme de esa coraza social que nos impone un mundo cada vez más competitivo, y acercarme a la natural esencia del ser humano. Emocionarse es disfrutar un instante de fragilidad momentánea; dejar que se nos cuele en lo más profundo el duende de las pequeñas cosas: a través del arte, la música, los niños, la belleza… Por lo general, consentir que se te escape el alma por los ojos mientras escuchas una canción, te acuerdas de alguien o contemplas una fotografía, parece que no está bien visto: porque la emoción, intensa y pasajera pero reiterativa, se asocia (de forma errónea) a las personas débiles. Es por eso, que estos momentos de dolorosa plenitud solemos disfrutarlos a solas; y desde luego, contarlos poco.
En aras de romper con los estereotipos que modelan y acartonan nuestra vida, os muestro algunos de mis puntos débiles; esos que me desbordan los ojos para que no se enquisten.

Me derrito con los niños, el saxo (con “a”), los silencios compartidos, los ojos atentos… Me emociona la creatividad, la paciencia incompleta de la luna, las palabras a tiempo… Me conmueve la tristeza, la soledad, el desencanto… Siempre lloro con los finales felices. Y si pudiera, sería el guardián entre el centeno.

Os dejo uno de mis temas favoritos (interpretado por un artista de lujo: Kenny G.) y una foto que me gusta mucho; no sólo porque estoy con la Consejera de la Comunidad de Madrid sino porque me acompañan los niños.
Ea, a disfrutar (que no todo va a ser gerundio).


Mercedes Martín Alfaya
Blog de la autora.

La palabra y la imagen. Por Flor de Mar

Marín Hero, tal como te había imaginado, con esa formalidad, porte y gran carácter.
Antonio Mur: igualito que tus letras, bonachón, simpático, independiente y respetuoso.
Altisidora: Qué finura de espíritu reflejas, así como en tu texto.
Virginia Bravo: Tal como siempre te he visto, con esa sonrisa que abre cualquier alma.
Apócope: Tan misterioso como tus buenas reflexiones poéticas.

Quiero que sepan que los identifique al mirar las fotos enseguida a cada uno de ustedes, como que uno va diciendo a menudo con sus palabras lo que es o como es hasta fisicamente, y así los imaginaba, mi sorpresa fue al ver que los había identificado correctamente con sólo ver la foto.
A los demás no los identifique, pero igualmente felicidades a todos otra vez, de seguro fue porque comentaron menos.
Condesa Lullaby, me pareció ver con tu edad y tanto camino recorrido que llevas (porque a esa edad ya es bastante lo que tienes en tu haber) que me sonaste a niña prodigio. No te lo tomes a mal, es simplemente que tú sí que has aprovechado tu tiempo, te deseo muchísimos más exitos, como sé que será en vista de tu entrega y tus esfuerzos.
Cándida Eréndira: Dices que lo tuyo no fue enseñar, pero ¡mira! y nosotros que hemos aprendido tanto con tus letras.
Straven y Ave fenix: Reflejan tal sencillez y calma de espíritu, que hasta siento envidia para quedarmela un fin de semana.
¡Quién diría que ya se guardaban varios premios (algunos)!
Calidad Total es lo que define sus letras. Felicidades y Ojala me los encuentre en algún otro certámen. Y disculpen si los nombro con su seudónimo pero es que nos hemos acostumbrado tanto a ellos, ¡que bueno…!

Flor de Mar
Comentario realizado en la web del V Certamen «Poemas Sin Rostro»

Esta noche. Por Felisa Moreno Ortega

Esta noche,
pisaré con mis tacones
de aguja los alacranes negros
de tus celos, y beberemos
el veneno derramado.

Esta noche,
encerraremos las lágrimas
en cofres de cristal acorazado.
Y volaremos bajo, casi a ras
del suelo, sin dañarnos.

Esta noche,
vestiremos de limpio
las sábanas de la memoria
y sellaremos con cal
los desencuentros.

Esta noche
sobrarán palabras, faltarán versos
para contar lo que haremos
al abrigo de los vientos
que nacen en mi cintura.

Esta noche
olvidarás mi nombre,
me llamarás Hebe, la diosa,
como en tus sueños alocados
de juventud tardía.

Esta noche
bajarán las estrellas a mi cama
envidiosas de tus besos,
esas damas alocadas
bailarán boleros en tu honor.

Esta noche…

Felisa Moreno Ortega
BLOG de Felisa Moreno

Efectos secundarios. Por María Dolores Almeyda

Desconocía los efectos secundarios
Que gozar de tu lucidez proporcionaba
Y cubrí mi libertad con un tosco sudario
y encadené mis vida a la huella fría de tu pisada

Y el veneno fue haciendo su trabajo
Por los caminos venales del cerebro
Y el corazón, latiendo en la placidez de tu regazo
Proyectaba la huída hacia tu cuerpo.

Y me quedé sin órganos vitales.
Latía a través de ti, vivía de tu aliento,
Andaba con tus pasos, usaba tus modales,
Hablaba tus palabras, hacía mío tu acento.

Hasta que ya, deshabitado el mundo de la fantasía,
Despoblado de recursos mi universo,
Inconsecuente y vana, perdida la poesía,
Vuelo rasante por lo superficial del amor y los besos.


María Dolores Almeyda

Café para dos. Por Isabel Muñoz Vázquez

Te pasas la vida buscando el amor para ser feliz, para estar plena y llena. Encuentras amores que pasan, amores que te dejan huella, amores que te hacen aborrecer aquello que buscas, el propio amor, amores que te hacen llorar, amores que consiguen que odies a alguien. Aún así, cuando se termina, todos tienen algo en común. Que se ha terminado. Tu sigues igual que al principio solo que con más experiencias acerca de lo que buscar en el amor y lo que ignorar en él.
Pero… ¿qué hay del amor que llega sin que lo busquemos? ¿Qué pasa en una tranquila tarde, en la que empiezas tu rutina pero no te imaginas como terminará?, nadie se para a pensar en ese día. Eso, o que no todo lo mundo lo consigue, y aquel que lo alcanza lo mantiene en secreto para que su tesoro más valioso no sea relevado y se esfume, como la espuma con el agua, o como cuando la soplas y se divide en pequeños montoncitos que salen volando.
Hablo de esa persona que ves cada día en la cafetería, en la mesa cinco, pidiendo su cappuccino muy cremoso y con extra de azúcar. Ese que coge el periódico y lo abre directamente por la sección de deportes, tenis, debe de encantarle porque al leer las victorias de su jugador predilecto una sonrisa de dibuja en su cara. Pero solo lo conoces de verlo cada día, en la misma silla, pidiendo lo mismo y con sus rutinas diarias. Supones que él también tendrá algunos datos de ti, pero no más. No hay sentimiento, no hay curiosidad, simple compañía a distancia de cada día.
Entonces vuestras miradas se cruzan y ocurre. Ya había habido otras miradas anteriormente, a él también le gusta curiosear a los transeúntes ir y venir, pero ninguna como aquella. Tu corazón da un vuelco y se vuelve loco, es cosa tuya o está intentando salirse de la caja torácica. Te agarras el pecho como si así pudieras controlarlo. ¡Qué ilusa!, como si pudieras controlar al amor. Sí, ahí está, el tan buscado amor ha llegado a ti, de la mano de unos ojos verdes que no dejan de mirarte y sonreírte.
¿Por qué? ¿Qué ocurre en nuestro cuerpo para que alguien a quien ves todos los días, o un compañero de trabajo, o un amigo, de repente te haga sentir bien, viva? Posiblemente haya una respuesta científica. Quizá el hipotálamo decide por nosotros, quien es para ti o quien no, entonces se activa mandando una señal al cerebro y éste al corazón para que empiece a palpitar frenéticamente, la sangre de tu organismo se altere, la adrenalina se ponga por las nubes y no puedas evitar que paré.
Da igual, prefiero pensar que no es casualidad y que ha estado allí todos los días porque era para ti. Sino nunca hubierais cruzado las miradas, él estaría mirando a la camarera y tú viendo como da vueltas al cappuccino hacia la izquierda, mientras una gotita del café, que ignora que pasará en unos segundos, se desliza por la taza hasta llegar al plato de porcelana.


Isabel Muñoz Vázquez