El abominable hombre (de las nieves). Por Luis Oroz

Atrapado en la nieve…
no existen las pisadas, ni el invierno,
y tampoco este humo que se eleva conmigo
hasta el pico más alto
donde jamás he estado.

Pero a veces sucede y es posible
alimentar al animal dormido,
extender la memoria y ofrecerle una fruta,
ayudarle a seguir
siendo distinto,
con la piel erizada
igual que siempre.

Percibir ese frío que se da al existir
en el lado irreal
de la existencia.

Es posible también sentir su aliento,
desmontar su fiereza,
descubrir el cansancio
y constatar
que no es precisamente sangre lo que brota
de la hemorragia de sus tres heridas.

Porque la vida asciende como la voz de un loco,
y tira, sin saberlo, de tus cuerdas.

Podemos transformar la percepción
de todo aquello que nos hace débiles,
y dejar que la ausencia nos convierta en salvajes,
o en la huella posible de lo que nunca fue;
como un cabello blanco entre las páginas,
como una bestia enorme-mente triste,
como el olor a leña que desprenden las manos
mientras enciendes la palabra nieve.


Luis Oroz
Blog del autor

amigasyfaldasdecolegio. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Yolanda Sáenz de Tejada
Ella, hoy, soy yo
(otros días soy la del norte o la del sur, mi vecina que se arranca el alma, o tú).
Pero hoy,
soy yo. La que tiene una hija florecida de hormonas y la que vive la pasión como si estuviera recién parida.

Yo, hoy,
que tengo aún frescas las escapadas en los recreos del colegio o las cartas de amor de los chicos que nunca las firmaban (y los primeros besos en las calles de ardientes tinieblas).
Y yo, que pienso que la vida de ayer es el comienzo de la de hoy y que no fue mejor sino distinta (pero que fue cojonuda gracias a todas esas amigas que compartieron mi ropa y mis cuerdas locuras).

Por eso hoy, estos versos son para vosotras, para todas las que estáis en este corazón y en este poema.
y para vosotros, nuestros chicos que nos amasteis con maravillosas verdades y mentiras…

¿De verdad no sabes en qué he cambiado…?
He madurado; ahora llevo los calcetines y el corazón
a la misma altura.

 

Las coletas
despeinadas y
la falda demasiado
corta para
ser el uniforme
de un colegio de
monjas.
Las uñas mordidas y
los labios morados
de aquel beso
recién
estrenado.

Las libretas con
frases obscenas pero
poéticas y
los sueños amarrados
a los zapatos
negros de
cordones
(y los calcetines
rozando
el cielo de
sus rodillas).

Esta mañana
la he visto
encadenada
a la mano
de un chico
moreno,
delgado y
con camiseta
blanca muy
gastada.
Él llevaba dos
mochilas,
la suya y
la de ella.

Y he parado
el coche
para verme,
tan flaca y
tan viva,
con una nostalgia
que me arrasa
los huesos
pero no
la sonrisa.


Yolanda Sáenz de Tejada
Colaboradora de esta Web en la sección
«Tacones de Azucar»

Blog de la autora

Mordisco mortal. Por Brisne

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Procedo de un linaje antiguo. Uno de mis antepasados más célebre mordió en el pecho a Cleopatra. Fui criada para participar en espectáculos varios. He convivido con barbudos que me alzaban por encima de su cabeza, con damas que acariciaban con asco mi testuz, jóvenes que me alimentaban con ratones blancos, titiriteros que me mostraban como el animal más peligroso e incluso fui la atracción principal en una feria medieval. Me colocaban junto a un caballero que hablaba de la maldad intrínseca de mi raza, y luego una dama simulaba aplastarme la cabeza. Pero el trabajo más raro hasta el momento fue hacer de modelo para un cuadro de una Inmaculada Concepción. Eran horas y horas de total inmovilidad. El pintor era un tipo simpático que me daba un ratón al acabar cada sesión. Era feliz con todas esas cosas.
Mi dueño tuvo la desgracia de arruinarse, su terrario acabo disgregándose por el mundo y véanme ahora, aquí al borde de la muerte confesando mi pecado.
Al ser el ejemplar más voluminoso del terrario me vendieron a la empresa Gomito espectáculos. Trabajaban para televisión. Participar en programas televisivos te da renombre y te convierte en estrella, lo que yo siempre había soñado ser.
No era una prueba complicada, una modelo simulaba besarme la boca, yo como casi siempre debía permanecer inmóvil. No era nada que no hubiese hecho antes. Pero al verla ahí, rubia, perfecta con unos pechos que llamaban ser mordidos, no pude evitarlo. Me abalancé sobre ella y la mordí.
Maldita sea mi suerte, nadie me había dicho nunca que la silicona es mortal para los de mi clase.
Agonizo ahora, envenenada por un líquido viscoso, por sucumbir a mi instinto cuando debería saber que en el espectáculo seguir el guión es sinónimo, en mi caso, de vida.
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Brisne
Blog de la autora

La tarde por tus ojos. Por Salvador Pliego

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Evoco el mar que cruza por tus ojos.
El viento estrella su cíclope navío.
Aquí, sentado, miro la tarde acogiendo,
remotamente, sus copas de rocío.
Igual que los racimos, suenan los frutos
sus amorosos besos que comparten
refulgentes a los picos de las aves.

Prendes, amada, en la flor acantilada.
De copa en copa bebo tus iris maniatados
para arrancarte el sabor de arrecife.
Tú, beso de nieve y de anillo,
vuelo de la espora que emigra
y vuelve a beberse en la copa;
vaso de ultramar y cielo
que preña cada copo y cada arena,
o cada gota de jugo que golpea
hasta despellejar los labios cuando besan.
¡Ah, niña que canta y duerme
en la ermita de mi alma!
Mis ojos bañan tu misterio
en esta tarde en que te escribo.

Todo el deseo eres tú, y aún tu espalda.
Todas las perdices, y aún tus senos.
Todas las cordilleras, y aún tus labios.
El beso vuelca su cárdeno apetito
en tu cintura y tu alegre cabellera.

Eres igual a mi palabra y tan distinta.
¡Ah! mujer del tálamo silvestre,
en tu tez de lino se mide el regocijo
y el cuello azul del horizonte.

Así sorbo la tarde cuando bebo:
todo eres tú… Y el cielo, de repente.

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Salvador Pliego
Blog del Autor

«En este desierto en que me dejas» libro De Soraya Riguetti. Por Betty Badaui

Cuando en el 2005, Soraya Righetti nos entregaba «En este desierto en que me dejas», no imaginé que seis años después iba a volver al libro con el mismo entusiasmo en la lectura. Ésto demuestra que el libro recorre años y volvemos a desnudar su contenido.
Es un libro compañero, cálido en la mesa de un bar, café mediante, cuando «la piel deshidratada se sumerge/ en las profundidades del olvido». Y entre sorbos es grato imaginar a la autora mientras escribía «tuve que enterrar mis raíces/y cubrirlas con lodo/en tu territorio minúsculo».
La tristeza tiene alas en algunos tramos, Soraya dice «quizás te encuentre/cuando las aguas del tiempo en su infinito desgaste/erosione mi cuerpo» y finaliza el poema diciendo: «Entonces, soltaré amarras y destruiré para siempre/ los barrotes del hastío». Disfruté este final.
Soraya le pinta emociones al paisaje, eleva una plegaria casi himno; muere por el olvido y «Peregrinando» convoca a la vida.
«En voz baja», quiere «que se apague el día» aunque su deslizar de cuidadas imágenes la muestra victoriosa en la palabra.
Los interrogantes, los silencios, los azahares…, muestran su ductilidad para devolverle a la tristeza la belleza de su voz.
Dedica a sus hijos «Dentro de mï» y mientras lo leo siento que su siembra atrapa desde la palabra Vida.
Un libro para leer en cualquier instante, sola o entre amigos, para disfrutar de una amena lectura.

Libro: En este desierto en que me dejas – Poemas.
Autora: SORAYA RIGUETTI, de Cañada de Gómez.
Prólogo: VÍCTOR HUGO TISSERA.
Ediciones Amaru – año 2005.

BETTY BADAUI
Rosario-Argentina
BLOG de la autora

Un libro de regalo. Por Salvador Moreno Valencia

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Feliz día del libro, y qué mejor que un libro para celebrarlo. Os regalo mi novela Así en el cielo

Sinopsis

El último deseo de Abundia es ser momificada para no separarse de su nieto Aéreo; y para conseguirlo encarga a Leopoldo Alas, investigador privado, que consiga llevarlos, a ella y su amado nieto, hasta un taxidermista que debe realizar el trabajo. El detective se adentrará en un viaje insólito en el que arriesgará su vida enfrentándose a personajes atípicos, que sobreviven con sus peculiares complejos en una tierra propia de sueños y pesadillas.

Saludos

Salvador Moreno Valencia
http://www.alvaeno.com/blibrospublicados.htm

«Mi éxito sois vosotros»

Mujer y Semana Santa. Por Ana Mª Tomás

Ya saben ustedes que se les suele llamar “Baranda” a quienes en todo mandan. Vamos, en todo todo, no, sino en la amplia parcela en la que los mandamases se mueven. Bien, pues esto va, con todo el respeto del mundo, para aquellos Barandas que se mueven en el terreno de las normativas semanasanteras. Y, por aquello de que algunas cofradías le echan la patata caliente a la Iglesia y las jerarquías eclesiásticas a las cofradías, con el permiso de unos y de otros, los aglutino a todos en mi reclamación. Porque esto es una reclamación pública y en toda regla que hago en nombre de la Mujer.
Nos encontramos en el inicio de la Semana Santa. Evidentemente, no puede negarse que muchos lo celebren más como una festividad “festiva” que como un reencuentro de las raíces cristianas. Es cierto que muchos cofrades tienen en sus mentes apareada la idea de procesiones y juerga; imágenes y cervezas; tambores y diversión. Aunque también es cierto que otros la viven desde el recogimiento y el reencuentro con la esencia del ser humano. De todas formas, se viva como se viva no voy a ser yo –no me atrevería a tanto- quien critique o sugiera la forma individual de vivirla. Sin embargo, sí creo estar cualificada para pedir a las Hermandades que prohíben expresamente que una mujer vista sus túnicas que deroguen tan lamentable y oscura decisión. Fíjense que no se me ocurre decir para nada que me parece una clara injusticia sexista puesto que considero que es una oscura e injusta decisión. Y se las argumento, tanto desde el punto de vista jurídico como religioso. Nadie desconoce (aunque la realidad diga lo contrario) que Mujeres y Hombres somos iguales ante la Ley, según nuestra Constitución, así que, aunque sólo fuera por eso, no hay razón argumentativa socialmente para prohibir la entrada a mujeres en determinadas Hermandades. Pero, si ante la sociedad somos iguales, ante la religión también, por mucho que el machismo imperante desde las cavernas se empeñe en demostrar lo contrario. San Pablo, obviamente condicionado por su cultura judía y su tiempo, no olvidemos que ya hace de esto más de dos mil años, soltó algunas perlas por su boca destinadas a descalabrar cualesquiera preponderancia de la mujer sobre el hombre, pero también dijo: “Ya no hay hombre ni mujer: todos sois uno en Cristo Jesús” (Gal 3,28). Eso, sin olvidar que fue una Mujer la responsable de la cristianización definitiva del imperio romano a partir del s.IV: Sta. Elena, madre del emperador Constantino. Y “lo más importante”: no olvidemos que fue el Maestro quien demostró a lo largo de su corta vida pública que la Mujer estaba a la misma altura que el hombre. O un poquito más. Tengan en cuenta los señores Barandas que impiden a la Mujer ponerse una túnica, que fue precisamente a una mujer a la primera que Jesucristo eligió para mostrarle su triunfo sobre la muerte. Y eso que conocía perfectamente el valor que una mujer tenía en su comunidad. ¿No sería eso suficiente razón para abolir cualquier vestigio de injusticia (que no de machismo) sobre la mujer y las cofradías?
Y no, no me vengan diciendo que si la tradición… porque por tradición los romanos seguirían echándonos a los leones; que si la normativa… porque la normativa la hacen los hombres y pueden cambiarla cuando gusten; que si la religión… por religión hay franciscanos y clarisas, dominicos y dominicas…, vamos, que no encuentro argumento alguno (sí, sí, ya sé que muchos de ustedes me pueden dar montones, pero digo argumentos razonables) para que a día de hoy todavía haya Hermandades en donde esté prohibida la presencia de una mujer.
Salvando las distancias, en Yecla ocurría lo mismo con los Alcabuceros, hasta que una mujer agarró un escopetucho y se lío a pegar tiros junto a los hombres rompiendo así una tradición de siglos ¡Pues claro! Toda tradición comienza un día. Igual las mujeres apartadas de vestir una determinada túnica de Semana Santa tenemos que hacer como las yeclanas. Y no, no me refiero a ponernos a pegar tiros al aire (aunque lo piense) sino, simplemente, a vestirnos las túnicas de nuestros padres y a salir en procesión (con vela o trabuco) a ver quién en capaz de lanzarnos la primera piedra que nos saque fuera de la fila.

Asociación Canal Literatura
Ana Mª Tomás Olivares
Blog de la autora