cuidadoconél. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Yolanda Sáenz de Tejada
Dicen que él no le conviene, que desde que ella lo conoce se bebe los vientos y las mareas, los diques y los puertos, las piedras y la tierra.

Dicen que ya no es la misma, que solo piensa en su piel de caramelo restregándole su dulzura.

Dicen,
dicen,
dicen…

Ladrar alto y fuerte sobre tus aullidos.
Ladrar.
Ladrona.

Robar:
levantar la piel
de tus
piernas y
escoger
(con mis
dedos)
el fragmento
más tierno.
Devorarte.
Sustraer tu silencio.

Robar:
contar, una a una,
todas las
lágrimas que
derramas
en mis diques y
en mis puertos.
Antes de bebérmelas,
contarlas
de nuevo.
Desfalcar tus dudas.

Robar:
registrarte
los bronquios
mientras duermes.
Dejar dentro
las migas
de mis lunares
por si me pierdo.
Hurtar tus pensamientos.

Y robarte:
atar mis rizos
a tu cuello y
mi desayuno
a tus venas.
Desnudarte
entre mis piernas y
arrojarte a
los monstruos de
mi sonrisa.
Saquearte,
eternamente y
sin piedad
(aunque nadie
apueste por ello),
el corazón.

Yolanda Sáenz de Tejada
Colaboradora de esta Web en la sección
«Tacones de Azucar»

Blog de la autora

¿Vientres de alquiler o barrigas productoras? Por Ana Mª Tomás

?
Tengo en mis manos un estupendo y romántico artículo de mi compañero Carlos Benito (La Verdad, 8- 5-2011) que, bajo el título “Gestantes de sueños”, realiza un amplio recorrido sobre los vientres de alquiler. En él se recogen testimonios tanto de matrimonios de gays, -por ejemplo, Elton John y su marido-, como de solteros de oro -Ricky Martin-, pasando por parejas heterosexuales -como Sarah Jessica Parker y su marido. Desde luego, entra también la opinión directa de uno de esos vientres de alquiler y aquí es donde, personalmente, más trabajo me cuesta posicionarme. De hecho, el nombre ya “vientre de alquiler” me produce cierto repelús porque obvia totalmente que ese “vientre” anda intrínsecamente pegado a una mujer, a una persona con sentimientos o, como parece es estos casos, totalmente desprovisto de algunos de ellos como es el maternal por muy paradójico que parezca.

Resulta difícil desligar el “natural” sentimiento maternal del hecho de gestar y parir, pero no parece que lo sea para las mujeres que se “alquilan”, por muy loable que sea el fin, o… por muy loable que se intente vendernos el fin. Para empezar, una vaca, por ejemplo, no es una teta de alquiler. Produce puntualmente leche para ser comercializada. Una mujer que “produce” o se deja “producir” un embarazo circunstancial para cobrar por el bebé que gesta no es una vientre de alquiler, es una maquina de comercializar seres humanos. Cien mil dólares. Por ahí ronda el importe de esos bebés, incluidos gastos de hospital y demás intermediarios que se lucran con un comercio del que no termino de entender sus motivaciones. Me refiero a la de esos “vientres”. Por supuesto, entiendo el deseo de tener hijos de quienes no pueden tenerlos de otros modos, pero el mundo está lleno de niños huérfanos, de hijos de padres hijosdeputa que les ocasionan toda clase de monstruosidades, desde torturarlos, abandonarlos o violarlos hasta entregarlos a otros para que les hagan lo mismo. El mundo está lleno de niños hambrientos de amor, de pan, de caricias, de necesidades básicas… Y todos éstos sobrados de dinero que a golpe de ale-manita y talonario compran una barriga, no la alquilan, no nos dejemos engañar con las palabras: la compran, bien podrían darse antes unas cuantas vueltas por alguno de los muchos lugares por donde deambulan niños sin padres y, si tan deseosos están de dar amor, de tener hijos, adoptar a esos niños y entregarse a manos llenas, puesto que, como muy bien deja de relieve el hecho de gestar, parir y entregar, queda demostrado que no se es madre por engendrar o dar a luz a un niño, sino por otras muchas razones.

Las… “barrigas-productoras” insisten en hacernos creer que es un acto de generosidad y altruismo y que el dinero no cuenta. Qué quieren que les diga… Hace unos años, una madre permitió ser inseminada con el semen de su yerno porque su hija, a causa de un cáncer de útero, era imposible que pudiese tener hijos. ¿Ven? Eso sí que me parece un acto de generosidad, de altruismo y de amor. Pero eso de “si quieres que el niño cante venga la paga delante…”

Quizá mi condición de madre de tres hijos me impida ser objetiva. Cuando los vi por primera vez, cuando los tomé en mis brazos, cuando sentí la infinita vulnerabilidad de sus cuerpecitos… toda la ternura del universo se alojó en mí. Tendrían que haberme matado para arrancarlos de mis manos. Y me hubiera importado tres pitos que el ovulo no fuese mío o que el semen fuera de Perico el de los palotes.
Una de esas mujeres –o, debería decir, uno de esos “vientres”-, al entregar a su niño recién nacido a un matrimonio gay, les dijo: “Que niño más bonito tenéis”. Claro, que durante todo el embarazo le repetía al bebé que llevaba dentro que ella era como una incubadora. Y yo nunca he tenido el corazón de una máquina.
Asociación Canal Literatura
Ana Mª Tomás Olivares
Blog de la autora

Adiós al Rey. De Jill Paton Walsh

El libro

A lo largo de la Historia, pocos hombres han tenido en sus manos el destino de todo un pueblo. Temístocles, el constructor de naves, fue uno de ellos. Atenas no es más que una semilla de lo que será su futura gloria y el gran experimento de la democracia tan sólo tiene unos años de edad. Temístocles y Arístides dominan la política de la ciudad y el futuro esbrillante y prometedor.
Pero todo ello parece condenado a desaparecer bajo el yugo medo.
En Adiós al rey, Jill Paton Walsh nos introduce no sólo en la tumultuosa Atenas del siglo V antes de Cristo, sino también en la mente de una de las figuras más interesantes de la historia griega. Temístocles el político, el pragmático, el vanidoso, el corrupto, el astuto, es un personaje absolutamente fascinante de cuya mano presenciamos el enfrentamiento que decidió la suerte de la civilización occidental. Definitivamente, la mejor y más lograda novela sobre las guerras medas.

La autora
Jill Paton Walsh (1937) es una escritora inglesa nacida en Londres conocida principalmente por
sus populares obras para un público juvenil. Entre su obra adulta destacan la excelente Adiós al
rey, la celebrada Thrones, Dominations y Knowledge of Angels.
Con esta última novela, de corte filosófico y situada en la Edad Media, fue finalista del prestigioso
premio Booker en 1994. Después de vivir durante muchos años en Richmond, Surrey, reside ahora en Cambridge, donde dirige junto con John Rowe Townsend la pequeña editorial Green Bay Publications. En 1996 recibio la distinción CBE (Commander of the Order of the British Empire) por sus servicios a la literatura y fue elegida miembro de la Royal Society of Literature.

Editorial BIBLÍOPOLIS

La verdad. Por Marcelo Galliano

Mujer, perdón te pido, jamás llegué a quererte,
no… no supe lograrlo… mas deberás saber
que en mis manos tuviste lo que pude ofrecerte,
flores casi marchitas que hoy van a fenecer.

No sé cómo explicarte… es la lluvia esperada
que uno aguarda pegando la boca en el cristal
y al estallar el cielo con ronca llamarada
las gotas no acarician tu punto cardinal.

Y entenderás, hermosa, que al igual que esas gotas
que caen siempre a su antojo, jugando porque sí,
es el amor que llega con sus preciosas notas
esas que no sonaron para ti y para mí.

Es cierto, muchas veces yo procuré a tu lado
la caricia piadosa y el beso de mujer,
pero como una llama que en el viento se ha ahogado
mi cuerpo en ti anillado no terminó de arder.

Y ese incipiente fuego, que nunca fue una hoguera,
con su discreta flama nos intentó anidar,
pero no todo invierno llega a ser primavera
y no todos los ríos desembocan al mar.

Te mentí… reconozco… te mentí con el alma,
no fui capaz, entonces, tu ilusión destruir,
que Dios me quite el sueño, la esperanza y la calma
mas volvería a mentirte por no hacerte sufrir.

Fingí por no quebrarte, con sangre, con esmero,
con cien versos vacíos, hasta el colmo fingí,
y tal fue la comedia que hasta inventé un “te quiero”,
y hasta empecé a creerlo… por tonto, porque sí.

Y hoy llega esta tormenta, esta daga maldita,
este arañón profundo que en surcos va a doler,
esta verdad innegable que aunque jamás fue escrita
tuvo un fin y un comienzo que no quisimos ver.

Sobre unas fotos sepias hoy estarás llorando,
preguntando entre labios cómo me olvidarás,
y aunque jamás te quise…. me quedaré pensando
que a ti no te amé nunca… pero a nadie amé más.

?Asociación Canal Literatura
Marcelo Galliano
Poema registrado. Todos los derechos reservados
Se permite su reproducción citando al autor.
Blog del autor.

TIC TAC Por Juana Cortés Amunarriz

Tic, tac, tic, tac . Te voy buscando, te voy buscando. Y tú, tonta, sin saberlo. Y tú jugando con fuego. Con fuego, con fuego. Te dije que no lo hicieras. Tic, tac, tic, tac. No te escondas, niña mala. No te finjas niña buena. Tic, tac, tic, tac. Te estoy buscando, te estoy buscando. Llegó la hora del castigo. No habrá perdón, ignoraré tu llanto. Tic, tac, tic, tac. Te estoy buscando, te estoy buscando. Y he descubierto ya tus zapatitos blancos. Tan blancos, tan blancos, tras la cortina hueca. Tic, tac, tic, tac. El aire dibuja tu pequeño cuerpo. Tu cuerpo, tu cuerpo. Tic, tac, tic, tac. Siento decirte que el tiempo se acaba. Se acaba, se acaba, mi linda doncella.

Juana Cortés Amunarriz
Ganadora del Premio Avelino Hernández de Novela Juvenil 2011

Blog de la autora

Venganza de Sangre. Por Brisne


«He pasado mi vida huyendo de ellas pero , de una u otra forma, mis culpas se las arreglan para dar conmigo»

Quienes me conocen saben dos cosas: que, normalmente, no leo novela histórica y que la poca que leo normalmente me decepciona y ni siquiera acabo los libros de ese género que compro. ¿Por qué, entonces, comprar el libro de Sebastián Roa y leerlo? Primero porque ha ganado el Hislibris, y segundo porque vino el autor a un encuentro organizado por la biblioteca con la colaboración del club de lectura «Huestes del Sobrarbe». No pertenezco a ese club, pero tener la oportunidad de conocer al autor me llevó a comprar el libro y leerlo. Bueno, lo cierto es que no lo leí entero para el sábado pasado que era cuando venía, de hecho lo terminé ayer, robándole alguna hora al sueño.

Me he paseado de la mano de Blasco de Exea por la Corona de Aragón en los años 1285 a 1324, los años de la caída del Temple, de la conquista de Cerdeña. Me he encontrado con un guerrero que vivió una vida intensa, marcada por la venganza. Blasco ha de vengarse, único fin en su vida, de aquellos que mataron a su madre. La venganza es parte de la vida y del ser de Blasco, un mandato divino casi que vuelve a llamarlo cuando el hombre se despista en otros menesteres. El hilo de la venganza llena el libro, comienza con el ultraje a la madre y lo lleva sucesivamente a Cerdeña, Escocia, vuelta a Cerdeña y finalmente al monasterio de San Juan de la Peña. Una venganza marcada por un nombre Ferran Zintero con cuya muerte concluye el libro. Al hilo de la historia de Zintero me sorprende un poco que Blasco únicamente mate a éste hombre, despreciable en todo lo que hace y no lo haga con aquellos que le han mandado hacerlo. ¿Sólo es responsable la mano ejecutora? Les pongo en antecedentes: Zintero es un almogávar que se extralimita en sus funciones, asesinando y violando todo lo que se le pone por delante. Es normal que se desee su muerte. ¿Pero no son culpables también aquellos que le contratan? ¿Aquellos que ponen el cuchillo en sus manos para que realicen sus tropelías? . En la novela se salva el personaje del obispo Ponce de Gualba, y yo, sinceramente lo habría matado también. Para mí, en un mundo de venganzas y honor, ese hombre, que se pasa media novela conspirando para obtener su beneficio debería estar muerto.

Me ha gustado. Es mucho para una novela como esta de ambientación histórica, pero más que por la historia que tiene en su interior, muy interesante no crean, me ha gustado por que es una novela de aventuras. ¿No se emocionaron al leer los mosqueteros o Ivanhoe? Yo sí, era jovencita cuando lo hice pero en ciertos pasajes me ha hecho sentir algo similar, el deseo de seguir leyendo, de seguir al reguero de sus letras imaginando duelos, batallas, traiciones y amores. Cuando una novela logra eso me gusta. No sé si es lo que se pretende al escribir novelas de aventuras, por encima de la ambientación, yo creo que sí.

Si gustan de aventuras por encima de lo histórico, busquen el libro y léanlo a la sombra. Se disfruta mucho.


Brisne
Blog de la autora

Cediendo el paso. O no. Por Arturo Pérez Reverte

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Una de las cosas que estamos logrando entre todos es el desconcierto absoluto en materia de corrección política. El bombardeo de estupidez mezclada con causas nobles y la contaminación de éstas, los cómplices que se apuntan por el qué dirán, la gente de buena voluntad desorientada por los golfos -y golfas, seamos paritarios- que lo convierten todo en negocio subvencionado, la falta de formación que permita sobrevivir al maremoto de imbéciles que nos inunda, arrasa y asfixia, ha conseguido que la peña vague por ahí sin saber ya a qué atenerse. Sin osar dar un paso con naturalidad, expresar una opinión, incluso hacer determinados gestos o movimientos, por miedo a que consecuencias inesperadas, críticas furiosas, sanciones sociales, incluso multas y expedientes administrativos, se vuelvan de pronto contra uno y lo hagan filetes.

Voy a poner dos ejemplos calentitos. Uno es el del amigo que hace una semana, al ceder el paso a una mujer -aquí sería inexacto decir a una señora- en la entrada a un edificio, encontró, para su sorpresa, que la individua no sólo se detuvo en seco, negándose a pasar primero, sino que además, airada, le escupió al rostro la palabra «machista». Así que imaginen la estupefacción de mi amigo, su cara de pardillo manteniendo la puerta abierta, sin saber qué hacer. Preguntándose si, en caso de tratarse de un hombre, a los que también cede el paso por simple reflejo de buena educación, lo llamarían «feminista». Con el agravante de que, ante la posibilidad de que el supuesto varón fuese homosexual -en tal caso, quizá debería pasar delante-, o la señora fuese lesbiana -quizá debería sostenerle ella la puerta a él-, habría debido adivinarlo, intuirlo o suponerlo antes de establecer si lo correcto era pasar primero o no. O de saber si en todo caso, con apresurarse para ir primero y cerrar la puerta en las narices del otro, fuera quien fuese, quedaría resuelto el dilema, trilema o tetralema, de modo satisfactorio para todos.

Pero mi drama no acaba ahí, comentaba mi amigo. Porque desde ese día, añadió, no paro de darle vueltas. ¿Qué pasa si me encuentro en una puerta con un indio maya, un moro de la morería o un africano subsahariano de piel oscura, antes llamado sintéticamente negro? ¿Le cedo el paso o no se lo cedo? Si paso delante, ¿me llamará racista? Si le sostengo la puerta para que pase, ¿no parecerá un gesto paternalista y neocolonial? ¿Contravengo con ello la ley de Igualdad de Trato o Truco? ¿Y si es mujer, feminista y, además, afrosaharianasubnegra? ¿Cómo me organizo? ¿Debo procurar que pasemos los dos a la vez, aunque la puerta sea estrecha y no quepamos?… Pero aún puede ser peor. ¿Y si se trata de un disminuido o disminuida físico o física? ¿Cederle el paso o la pasa no será, a ojos suyos o de terceros, evidenciar de modo humillante una presunta desigualdad, vulnerando así la exquisita igualdad a que me obliga la dura lex sed lex, duralex? ¿Debo echar una carrerilla y pasar con tiempo suficiente para que la puerta se haya cerrado de nuevo cuando llegue el otro, y maricón, perdón, elegetebé el último?… Por otra parte, si de pronto me pongo a correr, ¿se interpretará como una provocación paralímpica fascista? ¿Debo hacer como que no veo la silla de ruedas?… O sea, ¿hay alguien capaz de atarme esas moscas por el rabo?

Y bueno. Si a tales insomnios nos enfrentamos los adultos, que supuestamente disponemos de referencias y de sentido común para buscarnos la vida, calculen lo que está pasando con los niños, sometidos por una parte al estúpido lavado de cerebro de los adultos y enfrentados a éste con la implacable y honrada lógica, todavía no contaminada de gilipollez, de sus pocos años. El penúltimo caso me lo refirió una maestra. Un niño de cuatro años había hecho una travesura en clase, molestando a sus compañeros; y al verse reprendido ante los demás, un poco mosca, preguntó quién lo había delatado. «Fulanita, por ejemplo -dijo la maestra señalando a una niña rubia y de ojos azules-, dice que eres muy travieso y no la dejas trabajar tranquila.» Entonces la criatura -cuatro años, insisto- se volvió despacio a mirar a la niña y dijo en voz baja, pero audible: «Pues le voy a partir la boca, por chivata». Escandalizada, la maestra le afeó la intención al niño, diciendo entre otras cosas que a las niñas no hay que pegarles nunca, etcétera. Que eso es lo peor del mundo, lo más vil, cobarde y malvado. Y entonces el enano cabrón, tras meditarlo un momento, muy sereno y muy lógico, respondió: «¿Por qué? ¿Es que no son iguales que los niños?».

?Arturo Pérez Reverte

Fuente: XL Semanal