Fenix. De Verónica Victoria Romero Reyes

Fénix es mi niño mimado. El parto más largo y doloroso, el que redime y aclara la esperanza.
Fénix es la unión más allá de la muerte, el silencio que se comparte y sacia hambre y sed. Es pedir sin palabras un fin que puede abrir un nuevo comienzo o iluminar un día de lluvia con nubes en el alma.
Mi poemario, Fénix, lleva el nombre propio de quienes hicieron la historia en mí. Poco puedo decir de una obra que nace de mí para vosotros. No sé si es bueno, si es malo o si puede llegar a ser soporífero. Son versos especiales para mí. Versos que llevan el sabor de los abrazos de las personas que más quiero, y de las que no.
Esta obra no habría visto la luz sin el cariño y el apoyo que me han prestado «esos seres mágicos» que me ayudan a creer que puedo seguir haciendo lo que me proponga. Mi agradecimiento a mi madre y mi padre, por delante. Están, están…
A mi hermano, sin duda. Ese trozo de mí que habita otro cuerpo y me dice cada día que los ángeles caminan entre nosotros.
A mi amor, que está siempre, sobre todo y para todo. Por ese latido conjunto de esperanza y futuro.
A mi familia y amigos. Que se ríen, lloran y me enseñan que en el juego todos partimos con las mismas fichas. Sé que el día que me quede sin ellas, ellos tendrán una para mí.
A Antonio Montero, mi maestro del verbo. Un ser excepcional que confió en mí cuando todo estaba en ruinas.
A Víctor Alija, mi editor. Cuando le mandé la obra no dudó en apoyar mi iniciativa.
A Polilla y Taka. Componiendo «Fénix» eran la mejor compañía silenciosa y traviesa.
A la Vida. Que me permite contar todo cuanto callé.
Gracias.

Romero Reyes, Verónica
V. Fénix. CVA Ediciones. Granada. 2011.
(A la venta en Librerías Babel y Nueva Gala y a través de la tienda online de El Corte Inglés).

«Ellos y Ellas» Antología Lírica Latinoamericana. De Ivette Durán Calderón

El libro
Sintetizar la armonía y equilibrio, dos factores que entran en juego en los éxitos y fracasos del ser humano, es posible gracias a la poesía.

¿Cómo interpretar un sollozo, describir una sonrisa, pintar el amor, descifrar las mieles de Eros, colorear un suspiro o simplemente oler una lágrima?

Es posible gracias a la pluma de diferentes escritores, intérpretes y recitadores de magníficos poemas que perviven a través del tiempo y se hacen inmortales, imperecederos, inolvidables.

La presente Antología ha sido seleccionada con criterio absolutamente personal, guiada por la valoración previa de conspicuos entendidos en la materia intentando evocar el genio poético de ellos y ellas, poetas y poetisas de todos los países de habla hispana, conjuncionando por vez primera dentro de los autores latinoamericanos también a Brasil y Haití, con su respectiva traducción.

Desde Latinoamérica para España, Europa y el mundo, voces y sentires de baluartes líricos, reconocidos y ponderados versos transmitidos por la pluma de insignes representantes de la poesía latinoamericana, misteriosos cánticos escritos que merecen ser recordados y difundidos allende fronteras.

Esta Antología está destinada a llenar el vacío que se deja sentir en esferas del mundo juvenil de nuestro tiempo, será de gran utilidad, pues la lírica latinoamericana estará presente allá donde se encuentre un latinoamericano.

Además de un una breve sinopsis histórica de la lírica latinoamericana partiendo de épocas remotas como la aborigen, precolonial, azteca, maya, inca, guaraní, mapuche colonial y contemporánea; poetas y poetisas, tanto a Ellos como a Ellas conocerá el lector en estas páginas a través de sus mágicos versos, el sumun toponímico de sus países de origen y labreve referencia biográfica por orden alfabético.

Lírica latinoamericana es un homenaje de gratitud por la herencia idiomática tanto hispanoamericana como iberoamericana cuyo corolario es la honrosa distinción con el Premio Nobel de Literatura a seis conspicuos latinoamericanos: Gabriela Mistral, Chile (1945); Miguel Ángel Asturias, Guatemala (1967); Pablo Neruda, Chile (1971); Gabriel García Márquez, Colombia (1982); Octavio Paz, México (1998); Mario Vargas Llosa, Perú (2010).

La autora
Ivette Durán Calderón, abogada boliviana, licenciada en Derecho, escritora e investigadora histórico-social. Ha contribuido a las letras de su país, Sudamérica, E.E.UU. y Europa en temas sociológicos, jurídicos y de Historia con diferentes artículos, periódicos, libros y ensayos.
Ellos y Ellas Antología Lírica Latinoamericana, es entre otros, el segundo trabajo de la Colección Bicentenario.

Blog de la autora
Puntos de venta:
El Corte Inglés de Murcia
Librería Diego Marín

Cuando sea un poeta. Por José Francisco Mejía Ramirez

 

Lograré que los instrumentos de viento se pongan de acuerdo
y entonarán con pasión y gloria ¡versos eternos!
versos que enseñaran, conmoverán, deleitaran,
agradarán e instruirán, porque serán ¡mágicos e iluminaran!

Cuando sea un poeta, podré hacer visible lo oculto,
develar la realidad y desnudar por completo a la mentira
porque trozos de mi alma arroparán cada letra y ¡desgarraré
los corazones!

Los corazones temblarán, llorarán, reirán y con esa fuerza
partiré en dos las montañas, avivaré lo marchito y traspasaré
los corazones para dar ¡vida y alegría! en ese momento habré
entrado en el reino de la vida.

Cuando sea un poeta, será cuando mis palabras fluyan desde
el fondo de mi corazón, tan libres como el viento porque seré un artista
así como; Homero, Virgilio, Dante Alighieri, Luís de Camões, Fernando Pessoa y Goethe.

Cuando reciba la estampa de poeta será cuando las personas así
lo decidan y con humildad tendré que aceptar tan noble cargo,
y empuñar mi pluma con amor y con tesón al servicio de los que
no tienen voz ni voto.


José Francisco Mejía Ramírez

Miembro de la: Sociedad Literaria de Honduras.
Red Internacional de Escritores (España- RIET)
La Unión de Escritores del Caribe y del Mundo.
Del Diccionario Latinoamericano de Poetas, con sede en Bogota Colombia.

Espectral. Por Brisne

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No, no se muere de vivir al límite como el arco tensado hasta sangrar. ¡Mi vida muere de vivir más vida! Muere de no morir, de desvestirse, como el fuego replicante, o como si la muerte fuese vivir después de haber vivido.

En Espectral Ángel Guinda me enseña, nos enseña, sus fantasmas. No lo entendí ayer, cuando vino a presentarnos su libro a mi pueblo, lo he entendido hoy, al leerlo. Cuando esta mañana al despuntar el alba me he despertado y lo he cogido entre mis manos, he metido su pequeño formato en mi bolsillo y lo he ido leyendo con café y pastas, en ratos muertos mientras llega el trabajo. Me ha acompañado dentro del bolsillo de la bata que pinta de azul mis días laborables, negro y morado, verjurado ahuesado que ha acogido mis manos y mis ojos.

Con él me he preguntado si soy un ovni sin destino, qué me posee, quién, en este cortejo de lápidas. Si soy lo he hecho o lo que me deshace. He leído el mensaje de los eloitos, los rayos de mi frente, las rayas de mis manos. He visto mis ojos, carbón de escarcha, llave del secreto, proyección del mundo, y las he mirado a ellas, a sus ojos de manos de soles caídos que levantan el mar. Con ellas, mis hijas, nada desaparece. He intentado hablar con mis fantasmas desde los suyos, sin encontrar ángeles que no he visto ni me han mirado. He cerrado los ojos y he visto hombres con cabeza de mardano, cabezones y cabezudos. He abierto la ventana intentando encontrar el olor de tulipán y talco. Pero nada. He intentado responder a preguntas sin respuesta ¿Soy el centro de todos los extremos, el éxtasis frutal de las esferas? ¿Qué es esta transparencia que me esconde?…
Porque yo no habito el motor de la quimera aunque lo que habite permanezca ante la caducidad y el ansia de infinito. He intentado sin lograrlo identificar lo desconocido en lo visible, pero sigo buscando…
Me he colgado de su Roma como un friso, entre perchas, cuadros y cortinas. Le he escuchado decir ¿Quién soy? pensando en caminar tanto, y poder en un momento decir: aquí estoy.
Porque a veces yo también sé que no volveré conmigo.
Abrir la ventana y ver cómo se suicidan los balcones.
Me ha hecho pensar en qué yo también revivo espacios, dosis, instantes, gestos, conversaciones que sembré y callaron. Me hubiese gustado ser la mujer que llora dentro de una lágrima, pero no lo he logrado.
Al leer las voces de los muertos, las he buscado en mi cabeza, nido de tormentas. Supongo que los míos no son los suyos, pero me ha llevado a ellos, volviendo a donde nunca estuve.
Ganas tengo de llegar a casa y beber el vino rojo, sangre de los pobres.
He recordado Sarajevo, ese mar de fuego… y no he podido dejar de preguntarme ¿qué hago aquí?, en mitad de un llano sin testamento, sin ser nada que lo transforme.
Le he dejado que me cante, con todos y con todo.
He visto de nuevo y con otros ojos Uncastillo, mundo mágico bajo el blasón que bulle escondido.
Yo también quiero morir de pie, como mueren los árboles. También quiero golpear los golpes de la muerte.
He asentido, he visto que soy cautiva de lo que vivo deseando que las palabras acudan a mi transito desenganchadamente nuevas, ágiles, que me libren del exilio que es vivir.
He transitado por su Berlín, por Lourdes en la voz de Joan Rois de Corella, por Bagdag y Londres de lluvia, de espera interminable. Con él he andado Petra y la India, Gaza y Cisjordania.
A veces oigo voces, que se aglomeran, voces de tiempo y de abismo, sepultadas. Escucho pasos, en los tejados, en los caminos, en los retumbes de un tambor que no procesiona.
Me ha hecho esperar en la invasión de ausencias. Temblar en la soledad que se ancló en su sombra.
Le he imaginado en el centro de cualquier plaza, rodeado de jóvenes gritar ¡Ofrecedme cambiar la realidad!
He admirado que escriba, con verdad, con riesgo, para algo, para alguien.
Le he acompañado ante la webcam, a través de las tabernas, de discotecas en llamas, mirando en los ojos de los muertos, de la ebriedad, del espejo.
Le he entendido en su grito de ¿para qué? Porque muchas veces yo me pregunto si vida ha sido esto, si ser es solo uno sintiéndose solo.
Junto a él he pensado en la monogamia de las llaves, en la velocidad del silencio. Sus palabras me han llevado a la reflexión, a la fotografía del adiós.
He mirado la soledad, la vida, su paso y me he concluido que soy la huella en la arena que borra la resaca, la noche que se tapa la cara con las nubes para no iluminar, no ver, no oler, no decir nada.
He cerrado el libro, he pensado en sus fantasmas que son los míos, en la soledad, el paso del tiempo que pesa en cada verso. Me importa bien poco si hay metáforas y elipsis, si es un libro maduro, si es un libro para gritar, que creo que sí. Me importa más descubrir al autor en sus palabras, en su compromiso, en su furtivo corazón con el timón abierto.
Leer poesía para mí es eso: encontrar trocitos de mi alma en otros versos.

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Brisne
Blog de la autora

El ingenio y la pluma. Por Juan A Galisteo Luque

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?Quise imitar a Lope su escritura,
combinando los versos de un soneto,
justo al intento del primer cuarteto,
he olvidado a Violante y su figura.

Aunque el arte en las letras no perdura,
he tenido que hacerlo por respeto,
no he podido acabarlo por completo,
a pesar de mi empeño y mi cordura.

Si es mi instinto tan noble como inquieto,
¿por qué no supe abrir en mi andadura
sus puertas y acabar este terceto?

Yo que intenté alumbrar mi mente oscura,
desde el ingenio, «Fénix» te prometo,
no volver a subir a tanta altura.
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Juan A Galisteo Luque
Del poemario Romances en la penumbra
Derechos registrados
blog del autor.

Fenómeno literario, un hilo de comunicación. Por Haddass

Fenómeno Literario:
«Es un fenómeno de comunicación entre un creador y un recreador a través de la palabra, oral, escrita o digital.»

Tras muchos años de experiencia en nuestra comunidad, hemos comprendido que el recreador o receptor es una parte esencial en el proceso comunicativo literario. El creador tiene que ser capaz de conectar con el mayor número de personas capaces de recrear a partir de su propio mundo interior, sus conocimientos y capacidades lo que se trata de trasmitir. Comunicar, a través de un código descifrable (el leguaje) conocido por todos, de los recursos literarios sin artificios rimbombantes o rebuscados que dificulten la compresión directa a los lectores con menos experiencia personal o lectora y que sin embargo puedan contener guiños de tremendo valor para los lectores avezazos es el factor comunicativo fundamental. El respeto profundo por los destinatarios del mensaje de una creación literaria es un reto que pocos escritores consiguen alcanzar.
No es fácil, pero todo se puede aprender si hay una vocación decidida.

Haddass
L.Núñez