Cantares en lis. Por Salvador Pliego

I Un poco a la luna quiero… Si ha de cantar un poeta sus versos de oro y plata, allá donde la luna pulsa le escuchan las luces juntas, y le hacen cabriolas y postas con sus dedos jardineros, para que escuchen los salmos los caminantes que agitan: cielos de oro en las plumas y alas con vientos de lunas. IV Vengo a vivir postrero para alargarme los días: en un extremo he nacido; en otro, no cuento ni las vendimias. Mas llevo la cuenta alegre de todas mis alegrías: lluvias astrales y risas, ¡son mieles cuando son mías! V… Leer más

Cuidado con los carteristas. Por Yolanda Sáenz de Tejada

? Poemadelunes como un aguijón de miel envenenada. . Imaginaros esta mañana en un café del Madrid de Chueca. Con alguien a vuestro lado que os pone nerviosos. Y de pronto, levantáis la vista; la lívido y el pecho. Y leéis un cartel carcomido y oxidado. Después, mientras sonreís, escribís este poema: . . Debido a la presencia de carteristas en la zona, se recomienda no pierdan de vista sus objetos personales. Y yo te abracé fuerte, muy fuerte, sin dejar de mirarte. . Yolanda Sáenz de Tejada Colaboradora de esta Web en la sección «Tacones de Azucar» Blog de… Leer más

El sendero de la vida. Por Juan A Galisteo Luque

? ?En la senda de la vida he dejado mis amores, unos bellos, como flores, otros tristes, de llorar, y entre sueños y placeres, he cubierto de colores, los amargos sinsabores, que no conseguí olvidar. Una vez quise ser yo una linda mariposa, a una flor, la más hermosa, mis encantos fui a dar, entonces, como un clavel seducido por la rosa, me quedé preso, ¡qué cosa! y ya no volví a soñar. Me di cuenta que en la vida prevalece la hermosura, y que toda esa figura, con moneda es mucho más, pero también supe ver, que el amor… Leer más

mevoyaviviralinfierno (que no invierno). Por Yolanda Sáenz de Tejada

? A los habitantes del bosque, por sus ideas brillantes y sus abrazos sin piel. Pero sobre todo, por perdonar mis pecados.     He decidido irme a vivir al infierno. Sólo me llevaré las botas de motera y el tatuaje de amor en mi piel. Tampoco usaré un atajo para cobardes, porque las chicas malas volamos despacio y nos deleitamos con el bien. Devastaré los campos de belfos puritanos y exterminaré los pensamientos hermosos que no consiguieron nacer. En su lugar, y con mi espuma venenosa, plantaré verbos de fruición, orgías de abrazos y milagros impúdicos para vuestra redención…. Leer más

La cárcel de tus ojos. Por Joel Sierra

Juzgado y condenado a cadena perpetua de tu mirada por el tribunal de tus labios, paso las noches y los días en esta celda de tus caderas desde la que comienzo a distorsionar la realidad, a convertirme en un demente que mira a través de los barrotes de tus pestañas incapaz de atinar a ver y creer en cualquier atisbo de existencia que vaya más allá de tus iris color libertad. Solamente logro observar tus ojos, tan grandes como dos oceános de hojas secas de otoño que tras un equinoccio de segundo comienzan a mezclar sus caudalosas aguas convirtiéndose en… Leer más

Agua. Por María del Mar Hermoso

Temblando cae una gota de agua sobre los pétalos abiertos de la flor. Se desliza insinuante, resbalando desde el borde interior de la hoja hasta chocar envolvente con la base del pistilo, rodeándolo blanda                                 y cálida,                                                 seductora, esparciéndose,                             rellenando sinuosa                                                               cada hueco humedeciendo el interior de la flor, extasiándose en cada poro hasta absorberse                              y  fundirse. Ondulando, cae una gota de lluvia sobre el borde del pistilo. Se derrama por su interior suave y fresca,                                                                     transparente,                                                                                              voluptuosa, repasando líquida cada curva, recreando cada cadera del pistilo hasta traspasar,                            ya caliente                                                   y henchida, la semilla… Leer más