La bola de hervir arroz. Por Dorotea Fulde Benke.

La bola de hervir arroz nunca debió acabar en el árbol. Calcular la velocidad con la que una bola de hervir arroz avanza por el espacio puede resultar complicado. Sobre todo si se ignora la cantidad de arroz que lleva en su vientre bivalvo; más aún si desconocemos la fuerza de quien la impulsó. ¿La lanzaría como advertencia de lo que sería capaz de tirar, incluso por la borda? ¿Descargaría de ese modo una gran tensión interior? Todos estos factores influyen, sí, pero en el fondo solo modifican detalles. Con apartarme pensé haber solucionado el asunto, por lo que me… Leer más

La niña tonta… Por Mercedes Martín Alfaya

He visto que has dejado un bucle de azúcar en el cuaderno de la niña tonta. Yo también quería uno, y que me llevaras de la mano, y que me regalaras nubes con cuerda que vuelan como las cometas; pero nunca lo hiciste. Entonces, me dediqué a tirar piedras al río (para entretenerme, para desprender los tormentos de la memoria) y me hice una experta; soy la que describe las mejores piruetas haciendo rebotar las piedras sobre el agua. Ahora, ya no te necesito. Te puedes quedar con la niña tonta; y seguir recortando nubes de algodón empalagoso para ella…. Leer más

Sin poderlo evitar. Por María Dolores Almeyda

–¿Y tú a´onde va, quiyo? –ayá voy, an car’er gordo, que sa sacao un coche er tío, no vea, tío, la mar de chulo, er nota… Elvira hoy no tiene ganas de escuchar a nadie, pero se le pega al oído la conversación de los dos chicos como si fueran las palabras más necesarias, las más útiles que pudiera escuchar después de todo, aquélla mañana. Acaba de salir del ambulatorio. Normalmente ella también volvería a casa como aquellas mujeres, hablando de sus cosas, riendo a carcajadas de las ocurrencias que cuentan de sus jefes, –sobre todo de sus jefas– y… Leer más

Sicario(2): El ciego. Por Felix Maocho Lanes

  No hay dos casos iguales entre los encargos que nos hacen, pero con todo, uno de los mas raros que he recibido es el de acabar con un ciego. El hecho de estar en tal situación de superioridad sobre el oponente te hace sentirte incómodo. Sientes cierta repugnancia, parecida a la que debe sentir el cazador cuando le encargan que mate un animal doméstico. Pero si hay algo que no podemos ni debemos hacer es establecer objeciones morales en nuestro trabajo. Nosotros no somos los que decidimos dar muerte a una persona, sino simplemente quien lo lleva a cabo…. Leer más

La alargada sombra de la duda. Por María José Moreno

Sabía con total seguridad que existía otra. Si me preguntaran el momento exacto en que lo advertí, no podría decirlo. Fue una sonrisa a destiempo, un beso innecesario, una pregunta sin respuesta, un silencio…Nada era igual entre nosotros. Nuestro amor siempre sincero y entregado se convirtió en una rutina opresiva que ninguno podíamos controlar. De reojo, le observaba nervioso coger el móvil cuando le llegaba un mensaje y al instante, una explicación no pedida. —De la oficina, que no encuentran unos informes. —¿Qué vas a hacer? —Nada. Que se la apañen como puedan. Ya estoy harto de ser el que… Leer más

Sicario. Por Felix Maocho Lanes

Unos matan a los cerdos para comer, yo mato hombres, y como los que matan cerdos, no lo hago, ni por odio, ni por maldad, lo hago para comer porque soy un sicario y esa es mi profesión. Si un sicario, alguien que se contrata cuando quieres matar a otro y no tiene el valor ni la técnica, mi los medios para hacerlo por tu propia mano. Yo tengo las tres cosas, y soy caro, porque arriesgo mucho, pero soy seguro, tu encargo se soluciona en un corto plazo. Lo comprenderás, no puedo decir mi nombre, llámame como me llaman… Leer más

El tricornio burlón. Por Felisa Moreno Ortega

Tal vez sea mejor que se quede en casa. Pronunciaste esta frase sin mover un músculo de la cara, que ya es difícil hablar así, en silencio. Yo te entendí porque hace tiempo que se leer en tus ojos, es un idioma complicado compuesto por luces y sombras, por brillos y destellos ambarinos. Él seguía mirándonos a los dos, la piel aún cubierta de salitre y el miedo enroscado en su garganta. Le pusiste la manta sobre sus hombros, para hacerle olvidar el frío del cayuco. Tu tricornio nos miraba burlón desde la percha. Felisa Moreno Ortega BLOG de Felisa… Leer más