Imitando a Ernesto. Por Susana Álvarez

Y los muros de este infierno serán, así, cada día más herméticos. Averno construido de miedo y desconfianza. Asentado sobre los cimientos de la traición. Sellado con odio. Custodiado por tu propio Leviatán. La sinrazón, la locura, los delirios, la ponzoña, el veneno que corre por el laberinto de tu cuerpo te corroerán. Arderán tus entrañas. Gritarás, suplicarás. Lagrimas ácidas descarnarán tu piel. Desgarrarás las uñas escarbando. Las astillas llenarán tus ojos. Las cuencas te saltarán. Quebrarás tu voz implorando. Y la tierra llegará hasta tus pulmones. Te ahogarás. Impasible, desde el exterior que es tu interior, disfrutaré con tu… Leer más

El regreso. Por María José Moreno

Sólo quedan dos días para regresar. Mi alma protesta con una infinita congoja que paraliza mi respiración en un suspiro entrecortado y llora con lágrimas retenidas que aportan un brillo especial a mis ojos, que intento disimular. Me debato ante la decisión que he tomado de volver. Podría no hacerlo, esperar un tiempo, pero al final daría igual. Volvería a este mismo punto en el que hallo, con la misma angustia atrapada en la garganta y el miedo transpirando por poros de mi piel. Sólo quedan dos días para regresar. Te abandonaré y ello me produce un hondo sentimiento de… Leer más

El teclado. Por Dorotea Fulde Benke

No hace mucho compré un nuevo ordenador de sobremesa, una superoferta incluyendo el hard, el soft, el monitor con sus altavoces, ratón y teclado. Ay, el teclado: los primeros seis meses aguantó mi prosa prolífera, mis poesías recuperadas de archivos ‘históricos’ si se aplica el rasero informático que convierte todo con una antigüedad superior a dos años en un ‘érase una vez´. Sin queja plasmó mis interminables mails en letras y palabras bien escritas, colaboró conmigo en trabajos de traducción, permitió que le conectase una tableta gráfica aunque invalidara los paseos de ‘su’ ratón. En fin, tuvimos un romance fructífero,… Leer más

Cosas que me gustaría hacer contigo… Mercedes Martín Alfaya

🙂 Montar una peleilla de almohadas y morirnos de la risa. 🙂 Compartir un dulce de merengue. 🙂 Escondernos en las calles oscuras y asustar a los gatos. 🙂 Comprarnos un sombrero y hacernos una foto. 🙂 Dibujar con el dedo en los cristales. 🙂 Subirme a tus hombros para robar naranjas de los árboles. 🙂 Recortarnos el flequillo con los ojos cerrados. 🙂 Sorber los espaguetis mirando de reojo al camarero. 🙂 Despedir a los trenes en la estación. 🙂 Tirar monedas de espaldas a la fuente; y pedir un deseo. 🙂 Chasquear los dedos y que las cosas… Leer más

Amor empaquetado. Por Mar Solana

Acababan de disfrutar de un rato de sexo apasionado. Yacían uno al lado del otro, pletóricos de entusiasmo y de feromonas. Él fue a preparar café y ella siguió allí, decúbito supino y sin decir palabra; pasmada, con los ojos muy abiertos y fijos en un techo plagado de contraluces juguetones. Hinchada, con los pezones tan rosados y turgentes como al principio. Él regresó recién duchado y oliendo a empalagosa gomina. Le besó sus rojos y abultados labios y depositó una taza humeante en su mesita de noche. Cogió un elegante cartapacio y se marchó a trabajar. No había transcurrido… Leer más

No quedaban libros… Por Mar Solana

No quedaban libros, ni personas que los escribieran. Se quedaron atrapados en una inmensa maraña de megas, bits y redes. Lo llamaban internet. No quedaban libros. Los E-books los amontonaban en guetos antes de ser deportados para su exterminio. El sol ya no salía por la cantidad de humo que desprendían las hogueras. No quedaban libros. La gente corrió en avalancha para comprarlos todos. En apenas unos meses, destronados por el libro digital, triplicarían su valor como auténticas perlas. No quedaban libros. Los habían empaquetado y envasado los Triturators Papelis, una nueva raza que poblaba la tierra…eran su alimento principal…. Leer más

Diario de una puta. Por Susana Álvarez

A veces sueño que soy una princesa de un lejano y exótico país y, justo en ese momento, abro los ojos y me encuentro con la cruda realidad de estar a cuatro patas sobre este viejo camastro mientras el baboso de turno se aplica en su clase de griego. Soy puta. No porque lo haya elegido sino porque no me ha quedado otro remedio. Además soy una puta barata. Una puta rastrera. Una puta de esas que cualquier hijo de perra por diez euros, estrella contra la desconchada pared del callejón más próximo mientras se dedica a todas las barbaridades… Leer más