La niña tonta… Por Mercedes Martín Alfaya

He visto que has dejado un bucle de azúcar en el cuaderno de la niña tonta. Yo también quería uno, y que me llevaras de la mano, y que me regalaras nubes con cuerda que vuelan como las cometas; pero nunca lo hiciste. Entonces, me dediqué a tirar piedras al río (para entretenerme, para desprender los tormentos de la memoria) y me hice una experta; soy la que describe las mejores piruetas haciendo rebotar las piedras sobre el agua. Ahora, ya no te necesito. Te puedes quedar con la niña tonta; y seguir recortando nubes de algodón empalagoso para ella…. Leer más

Las gafas de la infancia. Por Ana Mª Tomás Olivares

La casa era tan grande: excesivo aquel rellano de escalera, enorme aquel pasillo, desmesurado el patio y el trastero, colosal la cocina. La niñez tiene gafas de aumento. Y creces así, equivocando medidas y tamaños -trampas de la vida-. El espacio es sólo un parpadeo en el ojo del águila, es luz en la memoria o un espejo de miedo. Si alguna vez se fue feliz en un lugar inmenso -y más si es ya remoto- jamás se ha de volver. Los años los encogen, los contraen, los abrevian: convierten los palacios en casas de muñecas. Ana Mª Tomás Olivares… Leer más

Mi campo de botones. Por Julio Cob Tortajada

¿Cómo no recordar los juegos de calle en mis años de la infancia cuando callejeando me encuentro de sopetón entre aquellos lugares donde rompía las medias suelas que de inmediato había que reponer, así como los remiendos en la culera de los pantalones llenos de parches? Y con ello, la ocasión de rememorar aquellos saltos y escondites por los derribos de las viejas casas entre porrazos y arañazos y algún que otro roto, enganchada la ropa a una reja desvencijada y con medallas de sangre en la cabeza tras la batalla de piedras contra una “banda vecinal”. Igualmente el juego… Leer más

Sin poderlo evitar. Por María Dolores Almeyda

–¿Y tú a´onde va, quiyo? –ayá voy, an car’er gordo, que sa sacao un coche er tío, no vea, tío, la mar de chulo, er nota… Elvira hoy no tiene ganas de escuchar a nadie, pero se le pega al oído la conversación de los dos chicos como si fueran las palabras más necesarias, las más útiles que pudiera escuchar después de todo, aquélla mañana. Acaba de salir del ambulatorio. Normalmente ella también volvería a casa como aquellas mujeres, hablando de sus cosas, riendo a carcajadas de las ocurrencias que cuentan de sus jefes, –sobre todo de sus jefas– y… Leer más

Domingo de resurrección. Por Carlos Gargallo

La mañana es un cuerpo radiante. La luz cae como manantiales sobre las aceras y un niño juega. Su risa inocente es un sonido abierto al mundo. Hay pájaros asomados a sus balcones en una algarabía desenfadada de trinos de árbol en árbol, de rama en rama. La vida se acomoda en su sofá de espuma volviendo a sentir asombro en cada minuto. Las azoteas son campamento de cientos de colores ondeando sus sábanas al viento mientras una tropa de antenas posan firmes mirando para el mismo lado. Un coche pasa, en su interior, una voz anuncia desde la radio… Leer más

Penélope y Humphry. Por Mari Cruz Agüera

Yo no llevaba abrigo y sin embargo hacía mucho frío aquella tarde; los poemas se helaban en las bocas de los metros de todas las ciudades, los barcos se amarraban en los puertos temiendo naufragar entre glaciares; vomitaban carámbanos las gárgolas que culminan las viejas catedrales. No saltaba la chispa entre los cuerpos, no calentaba el sol ni los amantes, tiritaban las tristes chimeneas frente al motín de leña en los hogares. Una nevada intensa en los diarios presagiaba tu gélido mensaje: “Lo siento, me entretuve, no me esperes. Te llamaré mañana, ya es muy tarde”. Y yo quedé tejiendo,… Leer más

EL perro cortés y la gamba gigante. Por Dorotea Fulde Benke

Cuando la gamba gigante estiró sus tenazas y atrapó a la luna llena, las luces del paseo marítimo no estaban encendidas y toda la costa se quedó a oscuras mientras un mar sin reflejos lamía con desgana la arena. No quedaba nadie en la playa, y el único bar de la zona acababa de extinguir su letrero de neón. Un camarero somnoliento sacó dos bolsas de basura, echó la llave a la puerta, se montó en el asiento trasero de la moto de su compañera y se marcharon con un suave zumbido de motor. La playa, tan acostumbrada a las… Leer más