Domingo de resurrección. Por Carlos Gargallo
La mañana es un cuerpo radiante. La luz cae como manantiales sobre las aceras y un niño juega. Su risa inocente es un sonido abierto al mundo. Hay pájaros asomados a sus balcones en una algarabía desenfadada de trinos de árbol en árbol, de rama en rama. La vida se acomoda en su sofá de espuma volviendo a sentir asombro en cada minuto. Las azoteas son campamento de cientos de colores ondeando sus sábanas al viento mientras una tropa de antenas posan firmes mirando para el mismo lado. Un coche pasa, en su interior, una voz anuncia desde la radio… Leer más
