Preguntas y mas preguntas. Por Ketsya

– ¿Miras? – Está lejos – ¿Piensas? – En sueños – ¿Sueñas? – Pensamientos inalcanzables – ¿Los quieres? – No – ¿Por qué? – Dejarían de ser sueños – ¿Vives? – Eso parece – ¿Quieres terminar con esto? – Si, pero no – ¿Por qué? – No soy tan cobarde como tu – ¿Qué quieren? – Que no sea yo – ¿Qué hace? – Me ignora – ¿Qué harás? – Seguir luchando… Leer más

Una niña y su perro – MARITA

Al llegar del colegio, ahí está el quiltrito, esperándola, feliz y le mueve la cola y le lame las piernas y se le tira encima y ella lo abraza y retribuye todo el cariño que el animal le da. Durante dos días la niña no llega a la misma hora, llega muy tarde. Qué sabrá el perro, quizá si piensa en qué andará. Fielmente, en la vereda, espera hasta la hora en que aparezca la ama. Pasan los meses y la niña va desapareciendo cada vez más. Se dará cuenta él que está enamorada? De alguna manera él nota menos… Leer más

Un día cualquiera. por Marita

Amanece y ella despierta ahí, en medio de la tierra, con sus canes, fieles compañeros. El frío no la incomoda, tampoco las miradas. De cerca, nadie se atreve a mirar. El quiltro chico le acerca la bolsa en que está el pan, ella la abre y primero los alimenta a ellos, luego rompe un pedazo de marraqueta y lo mastica con las encías y la muela que le queda. Ahí mismo, en medio de la tierra, se cambia la ropa. El hedor inunda el lugar. Coge sus pertenencias y parte rumbo a la playa. Allá se recuesta en la arena… Leer más

Sin apuro. por Marita

Al fin había llegado, la tenía esperando horas. Qué se creía el desgraciado, sin avisarle y más encima jactándose de sus aventuritas. No se atrevía ni a reclamarle, si lo hacía, el combo en la espalda o en el estómago, era inevitable. Ahí, de maricón, donde no se notara, donde nadie lo viera. Una vez le pegó en la cara y la tuvo que dejar encerrada toda la semana, los niños donde la madre. Se levantó la pobre torpe a buscar la cartera y él le pregunta dónde va. «A la casa de la Ceci, contigo, pues…» Que él no… Leer más

Muerto. por Marita

Lo mataron, sin siquiera arrugarse, les importó un reverendo cuesco y lo asesinaron. Se metieron por la cueva el montón de años que los cobijó, los abrigó, los protegió, los acunó incluso… Fue, por casi un siglo, el mudo testigo de romances, rupturas, concepciones, largas y terribles confesiones, juegos infantiles y otros no tanto. Abogó por las pequeñas, defendió a los perritos, salvó miles de gatos. Con orgullo, veía cómo, generación tras generación, se le acercaban y le contaban sus cosas, era el soporte, el hombro, el único amigo, el más amigo. Sólo él sabía escuchar. Acogió a cuanta cosa… Leer más