Sin apuro. por Marita

Al fin había llegado, la tenía esperando horas. Qué se creía el desgraciado, sin avisarle y más encima jactándose de sus aventuritas. No se atrevía ni a reclamarle, si lo hacía, el combo en la espalda o en el estómago, era inevitable. Ahí, de maricón, donde no se notara, donde nadie lo viera. Una vez le pegó en la cara y la tuvo que dejar encerrada toda la semana, los niños donde la madre. Se levantó la pobre torpe a buscar la cartera y él le pregunta dónde va. «A la casa de la Ceci, contigo, pues…» Que él no… Leer más