¡Son flores! por Marita

Cada vez que se iba a una casa nueva, llenaba el jardín de flores, de todos los colores, de todos los tipos, grandes chicas, delicadas, «carn’e perro», muy fragantes algunas, otras hedionditas; sanadoras algunas, de simple adorno la mayoría. A sus setenta y cinco años, había hecho nueve mudanzas, a nueve ciudades, nueve nuevos jardines que sembrar. Tuvo nueve hijos, dos quedaron enterrados en uno de esos jardines. El marido en el octavo. Ahora viuda y con dos nietos que cuidar, criar y mantener, seguía empecinada en hacer el mejor jardín de su vida. «¿Para qué sirven las flores?» Le… Leer más