Blog Canal Literatura
Taller de relatos
 

Simposio. Por Maribel Romero Soler

—Hace ya tiempo que aquí nadie cree en los milagros —dijo Dios dirigiéndose a la corte celestial—, el mundo está perdiendo la fe, tenemos que hacer algo.
—¿Y por qué no les mandamos un terremoto para que espabilen? —preguntó un ángel rubio con pecas.
—¿Otro? Ya llevamos veinte este año y lo único que hemos conseguido es que el cielo se nos llene de almas, casi no cabemos.
Un angelito negro con las alas sucias levantó la mano.
—Perdone, señor Dios, es que los manda usted siempre al sitio equivocado. ¿Por qué no se jubila?

Maribel Romero Soler.
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Kiosko de golosinas de la alcaldesa. Por Carmen María Camacho

El quiosco tenía la ventana a la calle Bernabé Soriano y tenía también una entrada lateral. El mostrador corría perpendicular a la carrera. Percibí un olor a caramelos, gominolas, chicles bazoka, pipas, altramuces y mezclado, con el mismo olor que solía percibir, a cromos de: mariposas, álbumes, muñecas recortables hace mas de cuarenta años, donde yo compraba, cromos y recortables.

Me empine apoyé las dos manos en el mostrador, respiré hondo y esperé; la quiosquera se hallaba delante, vendiendo cigarrillos.

-Hola, -dije- ¿Está Carmen Puri? Era una niña, flacucha, de rasgos afilados, pelo negro y muy reservada, se podría decir que era difícil hacer una gran amistad con ella por eso hasta hoy no hemos sido muy amigas.

-No ha ido a hacerme unos recados –respondió- la madre vendrá pronto ayudarme.

-Vale –respondí- con voz plañidera… esperare

El comercio era mínimo, atiborrado hasta reventar de muchas cosas heterogéneas: golosinas, encendedores, cuadernos, lápices, caramelos, crema para el calzado, cordones de zapatos, pilas para transistores, linternas, cochecitos, carritos de bebe azul marino con su muñequito dentro, soldaditos e indios de plástico.

Pero yo no quería comprar ninguna de estas cosas aquella tarde de otoño; yo sólo quería hablar con Carmen ya que me había prometido regalarme unos sapitos verdes que daban luz de noche, y unas cuantas mariquitas de ocho lunares. Que según ella su madre guardaba en cajas en el suelo del kiosco, más culebras pequeñas verdes, y unos hombres pequeñitos que vivía en botes de agua. Y me hacia pasar horas allí ansiando, soñando, lo prometido y quedábamos siempre para la tarde siguiente después de la escuela. Así hasta que me aburrí o perdí la fe. Luego me hice grande, poeta y escritora. Ella se hizo Alcaldesa…recordé todas sus promesas de la infancia y pensé, lo mismo ahora que soy poeta, me concede audiencia, me hace una estatua en una plazoleta, me llama para dar recitales, edita mis libros, y me concede un trabajo, ya que los artistas somos pobres. Por pedir que no quede, esta vez lo hago con más resolución cada mes pido audiencia, la secretaria me pregunta: ¿para que es? Le respondo siempre lo mismo; Soy una poeta en extrema pobreza. Y pasan, los días, meses y los años. Si la veo en algún acto publico corro hacia ella, pero corre más que yo.

Tal vez, sólo estoy en presencia de una tregua. De forma que, de momento, prefiero esperar un poco más. Hasta ver qué pasa. Mientras se me esta ocurriendo sobórnala con rosas, blancas, rojas, amarillas, pero como ya he dicho antes soy una artista pobre y no tengo ganas de entrar a los jardines públicos y robar la rosas para luego correr delante de los municipales.


Carmen María Camacho
Blog de Carmen María Camacho Adarve

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Coso taurino. Por Isidro R. Ayestarán

Sangre sobre la lona blanca,
sobre la arena del asfalto,
banderilla de plástico para
no caer en la tentación de la
crueldad infinita,
aquella que se manifiesta
a golpe de capote,
al trote de la agonía exhausta.

Hay gente que se pinta la sangre
en la carta geográfica de su cuerpo,
que no dice nada ante el sinsentido
del transeúnte ignoto que grita
“¡¡Vivan los toros y viva España!!

¡¡Mueran los toros y muera el aborto!!”

Hay manos que se retuercen al compás
de la bravura del mihura,
al ritmo del aplauso de la faena bien hecha,
bien entendida, obra maestra
laureada con la Medalla de las Bellas Artes,
como si el matar lo fuera
al tiempo que el gladiador de la arena
espera la conformidad de su César.

Fiesta Nacional teñida de sangre,
estupidez elevada a su más alto exponente
en pueblos y ciudades, en el interior
de quien vitorea al que mata,
que descuartiza al que muere.

Maldita la suerte a la carta más alta,
escupo ante las reglas del juego,
sobre el combate a vida o muerte
entre el guerrero de luces y el peón
que guerrea sobre el tablero
dibujado con el blanco y negro más añejo.

En contra de cualquier festejo que tortura,
contra aquellos que gritan sin cordura
“¡¡Que le den el rabo y las dos orejas
mientras expongo sobre la mesa el
plato cinco tenedores de tu faena!!”

… Para quien lo entienda


(c) Isidro R. Ayestarán
EL CABARET DE LOS SUEÑOS
http://cabaretdeisidro.blogspot.com/

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Romance a la guitarra. Por Juan A Galisteo (Galeote)

Entre la luz y la sombra,
ante el espejo del agua,
desde el polvo y la penumbra,
su silueta, acompasada,
se ha quedado como muda,
dormida y abandonada.
Yo no quiero que la encuentren,
lo mismo, que encontré al arpa,
dormida en versos profundos,
que sacó Bécquer, del alma.
Yo no quiero que se duerma,
¡despertad a la guitarra!
Notas de paz y de amor,
de pasión y de semblanza,
coronaron su sonido
vibrante y de fina estampa.
Granados, Turina, Albéniz,
y hasta don Manuel de Falla,
sellaron bajo sus cuerdas
con sencillez y elegancia,
todo un sueño de grandeza,
todo un canto de esperanza.
Por tierras de Andalucía
y otros lugares de España,
seguiriyas, fandanguillos,
soleás y sevillanas,
coplas del arte flamenco,
en la noche, se engalanan
bajo un gran manto de estrellas.
Y desde Sevilla a Cádiz,
desde Córdoba a Granada,
hasta en el Generalife,
jardín, oculto en la Alhambra,
se escucha, entre mil suspiros,
que el mismo Boabdil dejara.
¡No quiero llorar su pena!
¡Id corriendo a consolarla!
La estoy oyendo en la noche,
al sonido de campanas,
entre la luz y la sombra,
ante el espejo del agua.
¡No dejéis que duerna sola!
¡Despertad a la guitarra!
———–

Autor: Juan A Galisteo (Galeote)
Del poemario Romances en la penumbra.

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Quedate. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Yolanda Sáenz de Tejada

Me gustaría
que me pusieras
una película
(esta noche,
después
de cenar)
en blanco y negro.

Si es de
miedo
mejor,
así puedo abrazarte
más fuerte.

Me gustaría
que en mitad
de la peli
(cuando el negro
sea muy
oscuro)
me hicieras
salvajemente
el amor.

Luego,
podemos volver
a empezar
(la película y la pasión),
tenemos tiempo…

Y me gustaría
(esto me gustaría
mucho,
mucho,
mucho…)
que me dijeras,
abrazándome
hasta hacerme
daño,
que esta noche
no vuelves
a la cama
con tu mujer.


Yolanda Sáenz de Tejada
Colaboradora de esta Web en la sección
“Tacones de Azucar”

Blog de la autora

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Siempre hay milagros. Por Mercedes Martín Alfaya

Están poniendo Superman en la tele. Mi hija se ha parado delante de la pantalla a ver si, cuando Lois se lanza a la catarata, Clark se vuelve Superman y la salva; y así ella confirma su sospecha. El tipo es durillo; le manda un tronco para que se agarre, pero de sacar pecho y capa, nada. Ella (la chica), se queda muy desilusionada. Le hubiera gustado que su amigo grandullón y torpe, al final, se convirtiera en héroe (tal vez para presumir de novio delante de su jefe y sus compañeros de trabajo). Pero no. Lois tendrá que esperar… Y mi hija, al ver que Superman no tiene ningún interés en demostrar sus poderes ni vacilar delante de la chica, se ha colgado al hombro su bolsa de la playa y se ha dado media vuelta diciendo: “Joder, yo quiero un Superman en mi vida”. Y yo, para hacerla rabiar o para hacerla reflexionar, he puesto voz de ´tontina´ diciendo: “¡Sálvame, Superman! ¡Sálvame!”. Y todo, para ocultar que yo también quiero un Superman en mi vida (a ser posible de los que te animan a cruzar puentes enooormes, te lanzan troncos al agua para que descubras que no necesitas que nadie te salve, saben hacer pompas de jabón sin que se exploten y usa calzoncillos debajo de la malla je, je).

Música de fondo (youtube): “Música clásica- Canon en Re mayor, Johann Pachelbel
Código:



Mercedes Martín Alfaya
Pintura: Poblete
Blog de la autora.

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Yo de mayor quiero ser pequeña. Por María Monjas


Yo de mayor
quiero ser pequeña;

jugar al escondite
y que me encuentren risueña,

saltar a la pata coja,
hacer el pino con las orejas,

poner cara de camello
y subirme a las palmeras,

pintarme de rojo la nariz
y de verde las orejas,

inventar canciones,
ser una sinvergüenza,

jugar a la pelota
con la luna llena.

Sonreír,
Sonreír,
sonreír siempre.

Yo de mayor
quiero ser
pequeña.

María Monjas


La Asociación Cultural y Artística ANCEO:  http://anceo.blogspot.com/
ha editado una Antología poética dedicada a los niños saharauis. En ella podemos encontrar poemas, entre otros autores, de María Monjas, Mónica López Bordón Noemí Trujillo y Yolanda Sáenz de Tejada.
El libro se puede adquirir en:
http://www.elcatalogodeparnass.blogspot.com

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Portland, 4 de julio. Por Juan Hoppichler

Tengo muy presente el libro de Luis Racionero Memorias de California, donde recuerda sus años de estudiante en la Costa Oeste. Hay un momento glorioso en el que cuenta que nota algo raro en sus relaciones con los estadounidenses. Es al subir al autobús, dice, al conversar en los bares o en clase, no sabe bien qué es, pero está ahí. Al cabo de un mes o así tiene una epifanía y lo verbaliza: “los americanos no tienen mala leche”. No son como los españoles, con su bilis y esas conversaciones en las que parecen esperar que les des pie para hacer una burla zafia a tu costa, no, aquí hay un respeto casi infantil por el otro.
(-Me gusta el civismo de esta gente- me dice una señora italiana que ya lleva años viviendo aquí- limpian las mierdas de los perros aunque no haya un policía sancionador cerca.
Es otra manera de decirlo.)

Me doy cuenta de que he estado deambulando por esta ciudad vencido por el sueño, el hambre y cierto miedo a hacer nada por estar sin un céntimo. Ahora que duermo y como, empiezo a ser consciente y a moverme más. Me he matriculado en un curso para sacarme los títulos necesarios para estudiar un postgrado aquí – just in case. También estoy saliendo del downtown y me he aventurado en autobús por los suburbios (que allí llamaríamos urbanizaciones): más allá de la comida barata me han horrorizado esos territorios hostiles al peatón donde todo es igual y no hay absolutamente nada que hacer o ver.

Mi primer 4 de Julio ha sido interesante. Cientos de miles de personas nos reunimos en los parques y paseos que hay en torno al río Willamette; vimos los fuegos artificiales y antes de la medianoche, nos volvimos ordenadamente a nuestras casas. Vi cómo quedó la zona una vez la masa se hubo retirado. No había basura, desperfecto alguno, ni ríos de orín por doquier. Curioso pueblo este.

Juan Hoppichler
proscritosblog.com

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El vigía de la torre. Por Dorotea Fulde Benke


Juro que la vigilé con todas mis fuerzas. Desde que el Rey me encargó el cuidado de su bella y única hija, sumida en el más profundo de los sueños salvo la muerte, mis días y mis noches tuvieron un solo objetivo: que nadie indigno rompiera el hechizo porque si la princesa se despertara sin que el caballero, príncipe o campesino que lograse llegar a ella, se lo mereciera, se convertiría en una paloma para volar siempre jamás sin descanso posible.

Vigilé, pues, y aceché a los que vinieron para salvarla, así al menos lo llamaban ellos, ya que desconocían el alcance total del malvado conjuro. Sin remordimientos maté a los desprevenidos, arranqué los corazones a quienes juraban luchar por amores, y el fuego inextinguible de mis fauces acabó con guerreros y soldados que pretendían acceder a la torre en la que el tiempo se hallaba detenido.

Afuera pasaban las temporadas: la nieve rescataba la campiña de la sequedad del otoño; brotaban las hojas en primavera, y llegaba el calor del estío. Mi solitaria vigilia continuaba y sin desfallecer rondaba las entradas al castillo, sobrevolaba los lagos y bosques cercanos, y a veces –unas pocas veces– me acercaba al ventanal de la torre para comprobar que ella seguía durmiendo plácidamente sobre su cama de princesa, envuelta en vestidos de seda y mantas de brocado.

Al cabo de años, muchos años para los humanos, se presentó ante mí un joven aldeano. Se había abierto camino a través del bosque de robles centenarios y no llevaba armas. Sin mostrar miedo ni odio entabló conversación conmigo, y yo, sediento de compañía y harto de subsistir rodeado de muerte, consentí que me hablara; le escuché y le creí.

Me contó que desde que nació estaba viendo a la princesa en sus sueños, y que a partir del momento en que se hizo hombre, empezó a desearla como a ninguna otra muchacha. Supo describir el cuarto de la torre que nadie había pisado en cien años, y conocía la postura de sus manos y los gestos de su cara cuando se movía prisionera del sueño encantado.

Embelesado por su profunda voz y límpida mirada, permití que me brindara una cierva joven, apenas cazada, que había traído consigo, y cuya sangre dulce y temible hizo que yo sucumbiera al cansancio de mi vigilia interminable. Vi cómo sacaba una gran lanza de entre la maleza, pero no conseguí moverme ni sentí el hierro atravesar mi garganta. Aun así, tuvo que prender fuego a mi cuerpo inerte que solo convertido en cenizas le franqueó la entrada.

Y mientras mi alma de guardián burlado emprendió el vuelo hacia sus orígenes, él se vistió con los ropajes del último príncipe matado por mí y, convertido en cortesano, subió raudo las escaleras a la torre.

Dorotea Fulde Benke
Blog de la autora

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Publicidad por Mail. Por Brisne

Ésta mañana al abrir el correo me he encontrado, como todos los días, por cuatro o cinco mails publicitarios. Me ha llamado uno la atención “Elimina el bello y la celulitis”. Confieso que he leído su contenido pensando cual era el bello que debía eliminar. Una normalmente no quiere eliminar nada bello de su cuerpo, es más, pensamos en eliminar lo que no es bello. Y es que no te venden productos para eliminar el vello, no el bello… lo que hace una letra, ¿verdad? Casi he pensado mandarles un mail respuesta recomendándoles la lectura de un libro intersantísimo en éstos menesteres, el diccionario de la academia de la lengua.

Hay cosas que llaman la atención en mails, instrucciones, todo lleno de erratas, que casi no son erratas que casi son chistes.

Como el día es divertido, no hace excesivo calor y alguien igual tiene ganas de reir…. ahí les dejo….. Sonrían.


Brisne
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