Blog Canal Literatura
VIII Certamen de Narrativa Breve
 

Tempestad. Por Mirtha Rodríguez

Pasaron horas… días…

Perdí la noción del tiempo

Sentada en este muelle…

Esperando tu regreso

Te hiciste a la mar

Después de darme un beso.

No regresas, que paso?…

Ha pasado mucho tiempo.

Los seres que aman la mar

No le temen al viento…

Ni la tempestad…ni el frío

La crueldad del invierno

La llevan siempre consigo.

Espero tu regreso…

Tengo un mal presentimiento

No quiero escuchar consejos

Que hay que esperar un tiempo…

En la inmensidad de la mar

Algo se ve a lo lejos!!!…

La esperanza vuelve a mí..

Deprisa…que aquí te espero

Ilusión de enamorada..

Que sabe de sufrimientos.

Lentamente se acercó..

Gran cansancio en él..veo

Mirándome a los ojos dijo…

Amor…no temas al viento…

Ya pasó la tempestad…

Aquí estoy de regreso!!!.

Asociación Canal Literatura

 

Mirtha Rodríguez
Argentina

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Ni todos angeles, ni todos diablos. Por Anita Noire

Mi padre, una figura de autoridad. Mientras fuimos pequeños obecedíamos sin chistar. Un hombre en apariencia tranquilo, firme, sin estridencias que había aparcado para otro momento (uno que no llegó nunca) su verdadera vocación, para que los que dependíamos de él salieramos adelante. Un hombre serio, un hombre callado. Jamás una voz por encima de la otra, ni un gesto de fuerza. Obedecíamos sin discusión.
Al ir creciendo teníamos tres alternativas: seguir obedeciendo unas normas que el paso del tiempo había instaurado como usos de la familia, aparentar obedecer sin hacerlo, cuestionar y negociar.Empecé a cuestionarle muy pronto y desde entonces comencé a negociar. Las negociaciones duraron años. Con el tiempo he comprendido que era lo que le divertía. Negocié, en mi adolescencia, normas impuestas que, entonces no entendía, provenían del temor a que algo terrible nos pudiera ocurrir; negocié en mi primera edad adulta cuando mi sentido de la independencia me impedia sujetarme a algunas costumbres que se habían quedado caducas y negocié para obtener mis propias parcelas de poder. Negociamos y negociamos, jugando al ratón y al gato. El enfrentamiento directo, sin negociación, sin puesta sobre la mesa de alternativas, sólo daba lugar a cerrarse en banda, por uno y otro lado.
Muy pronto dejé de obedecer. Negociamos mucho, de todo. Pasé a cumplir pactos y él también. Así fue durante años, incluso cuando ya no vivía en casa.

Los que me precedieron creen que esa manera de tratarnos se sostenía bajo el parametro del hijo predilecto. No es cierto, no lo era (el que se llevaba ese galardón era el que más disgustos le dió toda su vida. Suele ser así). Creo que en realidad fue más sencillo. En lo externo, soy como mi madre. En lo interno, soy como mi padre.

Negociamos hasta poco antes de fallecer (tú arreglas tus papeles y yo haré que se cumplan sin problemas; tú sigues el tratamiento y yo me afeito la cabeza; yo te hago caso y no me afeito la cabeza y tú vuelves a reanudar el tratamiento; tú vuelves a dibujar y yo no se lo digo a nadie). Cuando apenas le quedaba aliento, dejé de negociar y volví a obedecerle. No sé si me equivoqué y debí negociar. No lo hice, le obedecí a ciegas, sin cuestionarle. Creo que él lo quiso así. Por eso hoy no tengo un lugar donde ir a discutirle nada y cuando quiero encontrarle o tener un punto de referencia sólo puedo mirar al Mediterráneo.

Anita Noire
Blog de la autora

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Elizabeth Gaskell y la BBC. Por Teresa Carmeselle


Elizabeth Gaskell es una conocida autora inglesa, heredera de la tradición novelística de grandes autoras como Jane Austen y las hermanas Bronte, y famosa por novelas como “Norte y Sur” (no confundir con la serie americana del mismo título) y “Esposas e hijas”.
Por el momento no he tenido oportunidad de leer las novelas de esta autora, pero sí he disfrutado, mucho, de las exquisitas adaptaciones que realiza la cadena británica BBC de las mismas. Este fin de semana he visto “Esposas e hijas”, y ya hace un par de meses “Norte y Sur”. También he comenzado a ver “Cranford”.
Hago aquí un inciso para decir que, aunque se agradecen los intentos de las productoras españolas por hacer teleseries históricas, más se agradecería que tomaran como ejemplo estas pequeñas obras de arte que la BBC lleva haciendo muchos años, desde aquella mítica “Yo Claudio”, por poner un ejemplo, y donde el paisaje, los interiores, el vestuario, el vocabulario, y todo el entorno que nos hace “creer” la historia y la época que nos están contando, es cuidado hasta el más mínimo detalle.
En cuanto a “Esposas e hijas”, que ayer terminé de ver, decir que me ha gustado mucho, que los actores están todos estupendos en sus papeles, y que es una historia que me ha recordado mucho a Jane Austen, pero, es evidente que hay un pero y que por eso Elizabeth Gaskell no es tan conocida y admirada como aquella, en sus historias falta esa chispa de humor, esa mirada irónica que tan bien sabía servirnos Austen. Haciendo esta salvedad, os recomiendo de verdad que no dejéis de verlas, o de leer sus libros, lo que yo espero hacer pronto también.
Sólo añadir que no es fácil ver estas series, en televisión no las emiten y en los videoclubs tampoco están disponibles, así que os dejo un enlace a un canal de Youtube donde podréis disfrutarlas, con el único obvio inconveniente de la parada correspondiente cada diez minutos para ir enlazando vídeos.
Que las disfrutéis.
http://www.youtube.com/user/Elgranlaberinto

Teresa Carmeselle
Blog de la autora

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Creencias. Por Luis Oroz

   Porque apenas estamos,
por este acontecer que mira al cielo
para doblar creencias
o por la realidad que se consume,
como una risa,
extraña de existir.

 Por la incógnita dulce del amargo silencio,
por el dolor a medias
o el placer impreciso,
por otra sinrazón que no voy a imprimir,
pero que imprimo
en el papel de la melancolía;
me siento inacabado.

 Pero bendigo el don de la ignorancia,
el modo inconfundible con que nos confundimos,
la frágil soledad que empuja los entornos
para alejarnos de nosotros mismos.

 Porque apenas estamos
y es otro el “sinlugar” que nos cobija,
podemos esperar
y hundir el punto frío de la interrogación
en la arena caliente del fracaso,
o sumergir su curva en el mar de la herida,
para observar,
ingrávidos,
cómo le crecen branquias a la muerte.

 Por mi parte,
me quedo persiguiendo la certeza
que me alejó de todo,
la quieta finitud que mueve al mundo,
el ojo de cristal donde planean,
el olvido y el tiempo,
el último comienzo en que rendirse.


Luis Oroz
Blog del autor

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¿Dónde puedo apuntarme a lo ordinario? Por Mati Morata

“Vivimos una situación que es excepcional”, decía esta mañana la defensora del pueblo en la radio.

“Excepcional” es un adjetivo que cualquiera admitiría gustoso si se predica de su persona o de su quehacer profesional, una alabanza que le distingue de las capacidades del resto. Pero, aplicado a nuestra época, una situación excepcional es esa en la que el paro gana para su causa cada día muchas vidas, muchas ilusiones, muchos ánimos que caen en la desesperanza de quien deja de tener resuelto su humilde sustento y el de los familiares que hasta ese momento vivían de ese asueto.

En una situación de crisis en la que todo parece jugar en nuestra contra, todo parece estar diseñado para nuestra derrota, nos esforzamos por prepararnos intensamente, por entrenar hasta desfallecer; sin embargo, el árbitro, siempre del lado de los poderosos, nos pita faltas y hasta nos saca tarjetas (castigos que nosotros tememos y presentimos a veces), pero inmerecidas siempre.

Estoy harta de excepcionalidades, sí, harta; no quiero ninguna. Porque un estado excepcionalmente catastrófico no contempla excepciones. Somos los ciudadanos, los de a pie, los de hipoteca, salario e impuestos los que cargamos con el peso de las gestiones excepcionales que nos han llevado a la desolación y la desesperanza. Y, ahora, un estado excepcional en el que no caben excepciones: si no pagas, te quitan tu vivienda; si no trabajas, no tienes futuro y, dentro de poco, si respiras, habrás de pagar el impuesto de respiración.

Una situación excepcionalmente crítica que necesita una crítica excepcional. Una situación excepcional que necesita hacer excepciones con cada uno de los afectados y víctimas inocentes del paro, y con las malas gestiones de banqueros, empresarios mundiales y políticos de guantes blancos e intenciones ¿blancas?

No puedo, en este caso, dejar de preguntarme dónde puedo apuntarme a lo ordinario, a lo previsible, a lo que se ajusta a la norma; no quiero excepcionalidad, sino una cotidianidad justa y moderada donde la excepcionalidad sean la pobreza y el paro. 

 

Mati Morata
Colaboradora de esta Web en la sección
“Miradas con MatiZ”
Blog de la autora: http://cuentosconcorazon.blogspot.com

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