No me lo digas vecina, que no me quiero enterar. Por Trinidad Fuentes Lorente

Vecina

Pero nos enteramos, todos los días, en todos los medios de comunicación.
Han reventado tres cajeros automáticos en la calle de… de la ciudad de… ustedes mismos, ya saben de que hablo. Vamos que antes de comprar una casa en el País Vasco miro yo que no haya un cajero automático en 5 kilómetros a la redonda, porque seguro que de madrugada petardazo.
Y digo yo ¡que conspiración seudodictatorialmaniacaesquizofrenica! Puede llevar a un grupo de jóvenes a perder el tiempo poniendo petardos a los cajeros automáticos que están a su alcance. Vamos, que un poco de botellón, unos bailes de madrugada haciendo ruido de mas, algún porrete que otro, seria lo propio, pero claro para ello tendrían que estar en la normalidad, que no de la norma, de su edad. Tendrían que tener por objeto el conocimiento, con todos los medios a su alcance y salirse de la norma como hicimos otros en otros tiempos desde el yo se mas que tu.
Pero no, obedecen como borregos a unos jefes que los mantienen atados y bien atados y ¿cuando se ha visto que un joven se deje atar, que no reivindique la libertad, que no reivindique todo el conocimiento, que no quiera ser diferente? Claro que les han clavado a fuego, lo que tienen que leer, lo poco que tienen que saber y lo que es peor, que una vida no vale nada.
Dicho esto desde su libertad que hagan lo que les parezca pero… ¿tengo yo que enterarme continuamente de cómo mean esos panolis?. ¿Tengo que desayunarme, comer y cenar con esa bobería todos los días durante años?. En nombre de la libertad de expresión ¿tengo que tragarme una publicidad gratis que vale un pastón porque estos se aburren y le pegan fuego a algo tan estupido como un cajero automático?.
Pues va a ser que no, a ver si se enteran los prebostes de los medios, que no nos interesa, que cuanto menos nos cuenten mejor, que destrozan, mutilan y matan solo porque hay mucha publicidad gratuita a continuación. Hagan la prueba, guarden silencio una semana, no cuenten nada de lo que ocurre. Estoy segura que a continuación todo seria diferente.
Y por favor que nadie se confunda, creo profundamente en la libertad de pensamiento, de palabra y como decía aquel, no me gusta lo que dices pero mataría para que puedas decirlo. Aun así me aburre y me aburre tanto que… “no me le cuentes vecina, que no me quiero enterar”

©Trinidad Fuentes Lorente

SI ME VOY. Por Carmen María Camacho Adarve

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SI ME VOY

Si me voy, si acaso, me voy;
Cuando yo me vaya…
No llores, quédate en silencio,
Y vive recuerdos, que no borra el alma.

Si me duermo,
Respeta mi sueño
Por algo me duermo,
Por algo me voy.

Si notas mi ausencia,
No digas nada y calla
Camina en el aire
Búscame en mi casa.

Busca en mis libretas,
Entre los papeles… que he escrito con sangre;
Ponte mis camisetas, mis sombreros, y mi abrigo,
Y puedes usar todos mis zapatos.

Te presto mi cuarto, las sabanas,
Mi almohada, mi cama,
Y cuando haga frío,
Ponte mis bufandas.

Te puedes comer todo el chocolate,
Y beberte el vino que dejé guardado…
Escucha, escucha, esa canción,
Que a mí tanto me gustaba.

Usa mi perfume,
Y riega mis macetas,
Si tapan mi cuerpo, no, no,
No, me tengas lástima.

Corre, corre, hacia las nubes,
Que sea libre tu alma.
Respira, vive, oye, la poesía;
La música de las estrellas, el canto del mar.

Y deja al viento,
Jugar con tu pelo…
Besa bien la tierra
Bebe toda el agua.

Y aprende a hablar con los pájaros,
Si me extrañas mucho, disimula…
Búscame en los niños, en el banco del parque, donde me sentaba,
y en el sitio ése, que tu sabes, donde me ocultaba…

No, no nombres,
Nunca la palabra muerte,
A veces es más triste vivir olvidado
Que morir y ser recordado.

Si yo me duermo,
No me lleves flores
A un nicho helado
Grita con toda tu fuerza.

Que el mundo está vivo… y sigue su marcha,
La vida no se va a apagar
Por el simple hecho
De que no esté más.

Los hombres que viven,
No se mueren nunca
Se duermen a ratos,
De a ratos pequeños.

El sueño infinito es solo una excusa,
Cuando me vaya extiende tu mano
Y, estarás conmigo…
aunque no me veas.

Y, aunque no me toques,
Sabrás que siempre estaré a tu lado
Entonces un día; sonriente y brillante
Sabrás que volví para no marcharme…

Ya sabes, toda carta tiene contra y toda contra se da

©Carmen María Camacho Adarve



CARLA & CARLA. Por Carmen María Camacho Adarve

CARLA & CARLA

Todo empezó la tarde que recibí la llamada en mi teléfono móvil, de mi editor, cuyo nombre, por seguridad, prefiero mantener en el anonimato. Me comunico de manea apresurada haber recibido en la editorial un manuscrito mío y los correos de respuesta para las correcciones, eran de otra autora que se llamaba como yo, poeta, y de la misma ciudad. No di mayor importancia al asunto. Al poco tiempo de la extraña noticia comencé a observar a una mujer que vivía frente a mi casa y que se comportaba como yo. En aquel momento no le di demasiada importancia, pero más tarde comencé a recelar de su comportamiento tan parecido al mío y acabé convencida de que escondían algo oscuro. Desgraciadamente estaba muy lejos de sospechar la auténtica verdad. Si entonces hubiese sabido la gravedad de lo que se desarrollaba tan cerca de mí, tal vez habría actuado de otra forma. Pero de haber contado a alguien mis sospechas, nadie me hubiese creído y habría hecho el ridículo más espantoso. Mejor empezaré por el principio.
Aparentaba mi edad el parecido a mi no dejaba ninguna duda al respecto. Las dos éramos muy delgadas, la nariz respingona, los ojos azules y la estatura era aproximada ella un poco mas alta. Llevaba siempre el pelo largo y suelto de color rubio. Vestía ropas de colores oscuros y se adornaba, bolsos o fulares igual a los míos. Para cualquier observador habría pasado por mí. Como ya he dicho, al verla la primera vez no le di importancia, pero tuve un presentimiento extraño que me hizo observarla cuando me cruzaba con ella, o al verla pasar bajo mi balcón. Mis recelos aumentaron cuando comencé a coincidir con ella en la calle al salir a trabajar muy temprano o cuando volvía a casa de madrugada. Una vez ella estaba dibujando un itinerario en el aire, como si realizase un ritual. Cada noche salía y recorría las calles parloteando en una jerga extraña, sin ropas de abrigo, a pesar de las inclemencias del frió invierno. A veces se quedaba parada en una esquina mirando al infinito mientras; hablaba a gritos de esquina a esquina con su igual invisible (que era yo). Leer más

BUSCANDO LA VOZ. Por Teresa G. Arjiz

BUSCANDO LA VOZ

…y en el vacío va viniendo a bocanadas la trémula
voz del eco. Suena un dulce canto que se alza en la
cumbre de una montaña vertiginosa, abrupta.
Montaña que tan pronto se viste de paisaje
gélidamente nevado como que se arropa en un manto
verdoso y aterciopelado .Esa voz que cae y se eleva,
que no encuentra su rostro en la inmensidad del
espacio, que se mueve alargada, misteriosa;
permaneciendo eterna; viajando en la
memoria…entre los árboles, los pájaros, los ríos, las
piedras, las flores…el cielo.
Y es en esa búsqueda incesante donde voy
encontrándote…


Del libro:
CURSO DE POESÍA 2005-2006 DE LA Escuela de Escritores AQ

De principes y princesas. Por ketsya.

Mondello

Y podrían el príncipe y la princesa terminar su cuento comiendo perdices y siendo felices, o al revés.

Pero él decidió que el cuento d el debía de terminar antes de tiempo, y que él sería el único creador del cierre de esa obra, que eternamente la consideraba suya.

Con el hedor a alcohol de una noche sin dormir, y el humo entre su cuerpo, entraría al palacio. A bandazos y trompicones, con golpes en las paredes entraría el protagonista en su sala de descanso. Donde la princesa, siempre dispuesta aunque no quisiera, le esperaría despierta.

Al final, tomó uno de los candelabros, posiblemente para hacer una gran velada, y así fue.

En medio del bosque, una caja mediana de madera de roble, «para que Dios la guarde en su gloria», se decía el amable príncipe que la obsequio con la mejor madera. Una caja desprotegida, sin sus enanitos que la cuidaran y sin su príncipe que la despertara.

Y así, él, reescribió su cuento de hadas, haciendo a su amada protagonista. Porque como afirmó en último plano, «La maté porque la amaba»


©Ketsya