Probando, probando. Por Mercedes Martín Alfaya

Ayer, estrené orinal y, además, me hice sangre en la boca.
Resulta que he aprendido sola a bajarme el pantalón del chándal, quitarme el pañal tirando de los ajustes, buscar el orinal de plástico y sentarme. Y, ayer, quería darle una sorpresa a la abuela, pero como soy pequeña y todavía no controlo eso de andar con los pantalones en los tobillos, pues se me enredaron los pies y me caí. La abuela se asustó mucho al ver que salía sangre del labio; pero no fue nada, me lo pillé con el diente. Al rato, cuando se me pasó el berrinche, volví a intentarlo. Me senté en el orinal, me levanté y miré. Volví a sentarme, me levanté y… nada. Entonces me quedé un rato más, con los pantalones sobre los zapatos y mi cuento de pingüinos. De pronto, me levanto, agarro el orinal y me lo acerco a la cara: ¡Mira!, había dos gotitas en el fondo. Arrastro los pantalones (esta vez con pasitos cortos para no caerme) y me voy a la cocina para enseñárselo a la abuela. El caso es que, cuando ella miró, las gotitas habían desaparecido (seguro que se me cayeron por el camino). La abuela me llevó otra vez al salón y me dijo que siguiera intentándolo. Luego, conectó el video de Pocoyo para que estuviera entretenida mientras ella hacía el cafelito.
Cuando pasó un rato, como ya me dolía el culillo, me subí el pantalón y estuve jugando con las fichas de hacer torres. Hasta que, de pronto, noto que algo me baja por las piernas. Miro el orinal y está vacío.
Vaya, esto de hacer pis donde se debe no lo controlo todavía; pero bueno, seguiré probando.

Texto y foto: Mercedes Martín Alfaya
Blog de la autora.

Seducción, labios y mar. Por Gustavo Marcelo Galliano

Localicé el ocaso del día en mí,
creyendo ver tu sonrisa en la bruma,
evolución del silencio en frescura,
cual tesis desleal de mis sentidos.
Perduras, el olvido aún no erosiona,
te sumerges y emerges en las aguas,
cristalinas aguas de voluptuoso oleaje,
donde Poseidón no reina, sólo mi mente.
¿Fue la seducción mi soledad?
no, creerías que profané la necedad,
fueron tus labios con reminiscencia a Mar,
néctar divino que incendió a mi alma.
Lapso, detente impertinencia burda,
monólogo destructivo de mi ser,
agitarás el recuerdo hasta agotar la luz,
al resucitar tus labios estos versos.
Contemplé el respirar de la noche en mí,
creyendo ver tus ojos en la penumbra,
cristalizó el resplandor de la tiniebla,
ofrenda mortal, en la Bahía del Adiós.-

Publicado en NOCHES SOÑADA. Editado por el Centro de Estudios Poéticos de Madrid, España. Mayo de 2007.
Gustavo Marcelo Galliano

El templo de los sentidos. De Benjamín Amo

El libro.

El Templo de los Sentidos no es una historia más, pudiendo ser la historia de cualquier persona. A lo largo de sus páginas veremos como su personaje principal, Hugo, se enfrenta a su marchita existencia, una vida que parece escapársele de entre las manos sin apenas darse cuenta. Una mañana despierta dispuesto a dejarse envolver, un día más, por la acostumbrada rutina la cual se ve sobresaltada de peculiar manera por una extraña conversación en el autobús.

Este encuentro casual marcará el eje de una historia que se ve sacudida por una extraña relación que lo llevará de cabeza hacia el conocimiento de placeres hasta ahora ocultos para él. Placeres que serán a su vez la puerta de entrada a una sociedad, a un submundo al que muchos pertenecen pero que pocos reconocen.

En El Templo de los Sentidos nos encontramos con una historia intensa, profunda, donde el corazón late despacio, y la lectura nos envuelve de tal manera que deseamos no terminarla nunca. El encuentro fortuito de diversas almas, cada cual descarriada por diversos motivos, pero todas unidas por un nexo, el deseo.

El Autor

Benjamín Amo (Murcia,1980), en su haber literario nos encontramos con la novela Humo y Estrellas y el ensayo Murcia, leyenda y misterio, ambas recibidas con gran aceptación de público y crítica.

Su estilo profundo y fresco hace de sus historias algo que cautiva, que te absorve desde la primera línea. Hijos del Hule pública su tercer libro, El Templo de los Sentidos donde intenta, con gran certeza, posicionarse como una de las voces a escuchar en el panorama literario.

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Réplica en el foro. Por Mamemara&Roswing

Roswing

En ocasiones esta dama
se encuentra encarcelada
por una realidad
demasiado tangible para su alma.

No puede escapar del anticiclón
que estanca su vida
y la ancla en el fondo del mar.

Hace tiempo que no escribe poesía
porque su inspiración murió con sus deseos.
Solo se aferra al pasar de los días
alimentándose de melancolía.

Ni el amor hace ya a su corazón vibrar
pues se haya enterrado con su pluma y papel.
Odia ser incapaz de querer
y rechazar el calor de un abrazo.

En definitiva, se odia a sí misma.

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Mamemara

En ocasiones la circunstancia
nos traspasa de lado a lado
feroz zarpazo de la vida
nos hiere
pero no nos mata.
Perdida la ilusión
la sangre que nos hervía en las venas,
nos dormimos melancólicos
y renegamos del despertar.
En ocasiones somos sólo marionetas
hojas que el viento empuja
no se sabe bien hacia donde
pero aun así somos alma
herida pero no muerta.
Haremos callo de nuestras llagas
y comprenderemos
que odiarnos no sirve de nada
cuándo hay días de sol en los ojos
y noches de luna y calma,
pues todo es camino
que nos modela
que nos forma,
que nos crea…
¡en quiénes seremos mañana!

Mamemara&Roswing
Foro Literatura

Jane Austen: el lugar de la mujer. Por Isabel Rivillas

Jane Austen representa un referente insoslayable dentro del canon de literatura universal. Sus relatos se inscriben en la primera corriente de escritores románticos ingleses. Dos rasgos, entre otros, subrayan su importancia. En primer lugar, se adelanta a su época (1775 -1817 –época georgiana y, posteriormente, victoriana), anunciando el realismo que se consolidará recién en el siglo próximo. Por otro lado, y tal vez sea lo que la haya consagrado y permitido consolidar su público lector: el tratamiento centralizado que lleva a cabo de la figura de la mujer, quien ocupa un primer plano en sus historias. Con el correr del siglo XX, varios aspectos de los enjuiciados en sus novelas verán la luz nuevamente de modo colectivo.
La novela Orgullo y prejuicio (llevada al circuito del cine mainstream) se edita en el año 1813. Su temática principal mantiene relación con las condiciones sociales y privadas del contrato matrimonial.
Austen cuestiona los alcances de la novela sentimental desde su propia producción, desde la parodia. Si bien es notable la influencia de la novelista Fanny Burney (autora de Cecilia y Evelina), la autora se adscribe en esa línea con afán paródico; con el propósito de socavar ese lugar silenciado que ocupa la figura femenina en el discurso y sociedad de la época, desde el universo textual. Austen pone en crisis dicho marco dando independencia a la mujer. Orgullo y Prejuicio parodia la novela sentimental sin alejarse del género.
Como se ha mencionado líneas arriba, el tema principal de la novela es el matrimonio. A pesar de que el texto no hace uso de un registro histórico, el tratamiento que se efectúa nos permite advertir numerosos rasgos de historicidad en la construcción textual. Ya en la primera página, la relación matrimonial es puesta en primera plana; sin embargo, le siguen ciertos aspectos de importancia no menor en su contexto: la posición económica, en relación con los problemas de propiedad y herencia y de prestigio social, status. El dinero y los principios morales de cada uno serán el motor del conflicto, de lo trágico.
Austen construye un cuadro histórico (que escapa a sus propósitos) sumamente verosímil; de ahí, que ingresemos sin obstáculos a escenas casi costumbristas, de un realismo perfecto. La trama resulta casi exigida dentro un perfecto sistema social, con personajes tipificados al extremo y donde ningún engranaje puede salirse de su maquinaria. La maestría consiste en conjugar dos vertientes aparentemente antagónicas: sin abandonar la perspectiva de la objetividad consigue bucear dentro de lo subjetivo.
La novela comienza con un enunciado categórico, universal y objetivo. Los personajes llegan al lector a partir de sus parlamentos acerca de ellos mismos y del resto. El movimiento de la trama argumental se inicia con la llegada de un hombre sumamente adinerado quien será el más codiciado y del que tendremos una presentación indirecta, doble y enfrentada. Es notable el virtuosismo de nuestra escritora a la hora de captar las distintas perspectivas en los diferentes juicios que se manifiestan: en este caso, las hijas (quienes pretenden a este joven), la madre y el padre.
Cabe destacar que el “punto de vista” no constituía un procedimiento usual en la época en la que este texto se inscribe. Y es, precisamente, este recurso el que contribuye a crear verosimilitud y objetividad, lo que, a su vez, fortifica el pacto con el lector. La autora incorpora, de igual modo y con la misma persistencia, artificios tanto de la prosa clásica como teatrales. La obra se presenta heterogénea: conviven los elementos fundamentales de la novelística junto con el género epistolar, numerosos y extensos diálogos y relatos enmarcados. Los conflictos originados en la esfera de la vida privada ponen al descubierto las bases sobre las que se construye la sociedad del momento. Todo en el relato gira en torno a distintas dicotomías (un buen ejemplo es el título). Además, la pareja de protagonistas funciona como eje para las historias restantes.
El matrimonio también se da desde una doble perspectiva: el interior, lo individual, y el aspecto exterior, las condiciones sociales “objetivas” de la sociedad inglesa de fines del siglo XVIII y comienzo del XIX. La unión de los elementos constitutivos, el orgullo y el prejuicio, y su abolición instaura el equilibrio sobre el desenlace de la historia. Se depone el orgullo y se destruyen los prejuicios.
Jane Austen logra, mediante la funcionalidad de la pareja clave y central, dar cuenta tanto de su contexto social, al que enjuicia, como de la puesta en crisis de su escritura. En primera instancia, el espacio asignado a la mujer en el texto (lo argumental, básicamente y su consolidación como personaje autónomo) y, en segunda instancia, su lugar como novelista dentro del canon literario.

Artículo redactado por Agapea.com.

Señorita metro y medio. Por Isidro R. Ayestarán, 2008

Te convirtieron en escaparate de miradas y paseos
en el centro de una gran ciudad,
sin rechistar ni protestar apenas, y sin
censurar la pretensión de un autor loco.

Una historia de amor que supo a poco,
un molde en fotografía y escayola
para transformarte en estatua silente
en un color cobre con brotes de nostalgia.

Cruce de expresiones en un estudio abuhardillado,
sonrisas tenues para moldear a la señorita
metro y medio con tu rostro y tu cuerpo
en una pose de evocación y magia.

Modelo y artista, un cincel como instrumento
para moldear la perfección de tu mirada,
calando hasta el infinito la sensación de
calidez de toda tu esencia y aroma.

Y el día del estreno, entre el fondo de la gente,
asentiste de manera triste al haberte despojado
de tu persona física para convertirte en aurora
de poetas y bohemios callejeros,

adentrándose todos ellos en el boulevard donde
te colocaron como estatua, para llorar sus amores
rotos en forma de versos o escritos malditos,
naufragando en un callejón de besos perdidos…

Incluido tu creador y artífice, ahogado en
una melodía de piano en un cabaret donde
añora la flor de las musas y el arte, tu nombre
de mujer perdida, que al besarte en el vacío de su alma

se jura a sí mismo el encontrarte entre las calles
de esa gran ciudad, donde te colocaron como modelo
de artistas que añoran, como tu mentor, el silencio de una historia
en una noche oscura a la luz de las velas de su inspiración.


© Isidro R. Ayestarán, 2008
El Cabaret de los Sueños

El Beso Negado. Felisa Moreno Ortega

Miro al frente y encuentro tu boca,
que sale en mi busca como una loba,
ávida de un placer indecente.

Esquivo el envite, bajo los ojos,
frustrado me sacudes con furia.
Busco ayuda entre la gente,
ojos ajenos que me ignoran.
¡Que tremenda soledad la compartida¡

Tu mano de hierro me atenaza,
me fija al suelo, raíz de nada,
pues nada brota de mi pecho,
el grito se ahoga en mi garganta
cuando el puñal atraviesa mi espalda.

El tiempo pasa y la soledad cambia
tu furia por esta cama.

Cambié tu cama por mi calma,
cambié mi vida por negarte un beso,
el beso de la muerte que, tú,
cada día me dabas.

Felisa Moreno Ortega
BLOG DE LA AUTORA