Cumbres borrascosas. Por Brisne

«Bueno, a la larga nunca piensa uno más que en si mismo; sólo que el egoísmo de la gente dulce y generosa parece más justo que el de los dominadores»

Emily Brönte escribió Cumbres borrascosas, su única novela, en primera vez en 1847 bajo el pseudónimo de Ellis Bell. Hay una segunda edición postuma a manos de su hermana Charlotte. Creo que es ésta la que he leído, cuenta con un apéndice a manos de la misma Charlotte en la que intenta justificar los cambios introducidos sobre todo en lo que se refiere al lenguaje soez que se utiliza. A mi la verdad, tampoco me parece tan soez.

La novela cuenta el amor imposible entre Catherine Earnshaw y Heathcliff. La novela comienza cuando un extraño Lockwood aparece a alquilar la Granja de los Tordos al propietario que lo es también de Cumbres Borrascosas. La señora Dean le cuenta a Lockwood la historia de las familias, el amor imposible entre Cathy y Heathcliff, el posterior matrimonio de Catherine con el vecino Linton que posee la Granja de los Tordos, el sufrimiento que Cathy por Heathcliff. Heathcliff se hace con Cumbres Borrascosas comprándola al hermano de Catherine y mantiene a su hijo Hareton salvaje para vengarse de los Earnshaw. La muerte de Catherine en el parto de su hija, los mimos y cuidados de Linton para con su hija. El matrimonio secreto de Heathcliff con la hermana de Linton, la huída de ésta y el nacimiento del hijo de ambos que vuelve tras la muerte de su madre a Cumbres.

El final dota de luz a una novela oscura, llena de odios y de venganzas. La hija de Linton se casa con el hijo de Heathcliff que fallece haciendo a éste dueño de todo. Pero la repentina muerte de Heathcliff adorando al fantasma de Cathy da un giro inesperado y llena de luz de repente toda la novela. Su nuera se casa con su primo Hareton. El odio ha cesado y el amor se instala por fin en Cumbres borrascosas.

Hace reflexionar sobre la vida y la muerte, el amor oscuro y salvaje que a veces, las pocas, sufrimos. ¿Es necesario caer en él? En la novela vemos como lo no culmplido en vida se cumple tras la muerte. Los fantasmas de Catherine y Heathcliff vagan por un páramo maldito cogidos de la mano, parece ser el fantasma de Cathy quien arrastra a Heathcliff a su lado. El entierro de ambos cuyas almas permancen juntas en la eternidad lo confirman. Si el amor salvaje no puebla nuestra vida, al menos poblara nuestra muerte. Su muerte en ese caso.

Heathcliff es un demonio porque no le dejarón colmar el amor en vida. Cathy es una desgraciada que se casa con un niño bien para callar la boca de su madre y eso la condena a la locura y a vagar buscando a su amor durante la eternidad. Heathcliff endemoniza todo lo que toca, hace desgraciados a quienes viven a su cargo, a sus criados, a su hijo, al hijo de su rival, a su nuera. Sólo su muerte da luz. Quizá vague tranquilo en brazos de su Catherine….

Leánlo. Y sumérganse en es páramo. Veán la luz al final. Me ha gustado mucho.


Brisne
Blog de la autora.

El árbol se hizo pájaro de María Angélica Salguero. Por Betty Badaui

En una fría y soleada tarde, con ansias de paz y con aromas a naturaleza fresca, leí “EL ÁRBOL SE HIZO PÁJARO”; de María Angélica Salguero.
El título sugiere el contenido. Junto al título la ilustración, también obra de la autora, exhibe la hidalguía de un tronco vital que abre sus ramas, se convierte en pájaro y logra la unificación de la raíz y el vuelo, con verdes trazos seguros y naturales; una especie de antesala que nos guía hacia el interior.
En mi recorrido por sus páginas no pude evitar una vibración al leer “Bestias de carga” (pág. 11).
En mi opinión, María Angélica no es indiferente a la necesidad de justicia que la humanidad busca de la misma humanidad a la que pertenece; usa un símbolo –el disfraz- y concisamente expresa: “En el escenario vacío/colgado de una percha/un disfraz esperando” (pág. 13). Recomiendo que analicen y disfruten este poema.
La tierra, la lluvia, las sensaciones que han ido dejando huellas en su existencia, van siguiéndose en sucesiones de términos cuidadosamente escogidos, dichos con naturalidad:
“El trueno no tarda en llegar./Petrificados, sorprendidos,/escuchan la palabra…” (pág. 24).
En estas construcciones, encuentro una buena utilización en la comunión de lo incorpóreo con lo humano; porque me sorprendió cito: “Silencio Testigo” (pág. 27).
En “Filtro de luz” logra sintetizar el gran contenido.
Salguero desliza con suavidad las palabras logrando transmitir vibraciones que no chocan al lector.
“El tiempo” (pág. 32) es un parpadeo de luz, parpadeo que descubro en casi todos los breves de este libro.
Abrigo la ilusión de que muchos* tengan al alcance de su vista el libro mencionado, para que se convierta en transmisor que enriquezca los sentires; ya que su contenido puja para encontrar, en esta vorágine en la cual estamos todos inmersos, una realidad plena y franca, sin falsas metas y con ondulaciones de amor robustecidas en la fe.-

*: El adjetivo gramatical lo uso para ambos sexos.-
(1)Publicado en Diario El Norte, de San Nicolás, el 20 de junio de 2009

EL ÁRBOL SE HIZO PÁJARO – Libro de Poemas –YAGUARÓN EDICIONES – PERSPECTIVAS DE LA REALIDAD (1)

BETTY BADAUI
Argentina
BLOG de la autora

Tres bodas y una vida en común. Por Brujapiruja


Es verdad que desde pequeña me ha gustado llevar la contraria, y cuando todo el mundo se casaba por la iglesia nosotros lo hicimos un 27 de junio de 1984 por lo civil, en contra de todo el entorno familiar. 

Cuando muchos de nuestros amigos se divorciaban,   mi suegra enfilaba el último tramo de su enfermedad y yo empezaba a resurgir de la mía, decidimos que era el momento de acogernos a nuestra cultura y reconciliarnos con el entorno al mismo tiempo que dábamos las gracias a todos por habernos protegido en los momentos  difíciles que acabábamos de pasar.  Hubo muchas lagrimas en esa boda, sobre todo de nuestros padres, ya mayores, que al fin cumplían su sueño de vernos unidos «como Dios manda». 

También hubo mucha alegría, nosotros por ver felices a los nuestros y porque después de trece años aún seguíamos queriendo estar juntos y afrontar así lo que el destino nos deparara. Pero sobre todo el regocijo de nuestros hijos, que le contaban a todo el mundo la boda de sus padres como un acontecimiento excepcional. La mayoría, es verdad, se casa por lo civil y lo religioso el mismo día, nosotros el mismo 27 de junio, pero trece años después. Algunos nos criticaron por casarnos de nuevo con «el mismo», aunque les pareciera normal asistir a la cuarta boda de otros siempre que fuera  con alguien «distinto». Así son las cosas.

Hace justo un año, 27 de junio de 2009,  celebramos nuestro «Momento bodiplata» , 25 años caminando de la mano, saltando obstáculos y consiguiendo metas. 

Hoy quiero dejar aquí un homenaje a mi italiano, «Mi amigo del alma», porque amigo leal es ante todo, además de compañero enamorado y padre de mis hijos. Y a muchos hombres más que demuestran su hombría de bien haciendo feliz a una sola mujer, cuidando de sus hijos y decorando el hogar con dedicación llenandolo de  momentos dulces y entrañables. 

Nos conocimos en 1982,  hace 28 años, justo después del mundial que ganó Italia. Y hoy, en pleno mundial de Sudáfrica, celebramos un año más de vida en común y seguimos compartiendo el anhelo de envejecer juntos rodeados de nietos y celebrar con ellos la cuarta boda el 27 de junio del 2034, o el «Momento BodiOro», si Dios quiere.

Brujapiruja

Cronología de mi dolor por Argelia y otros relatos contra el olvido. De Souad Hadj-Ali Mouhoub

El libro
Cronología de mi dolor por Argelia y otros relatos contra el olvido recoge sentimientos y recuerdos que la autora quiere compartir con el lector para curarse de una profunda herida que ha permanecido abierta durante mucho tiempo, causada tanto por la guerra de independencia de su país como por los sufrimientos de su pueblo a lo largo de la sangrienta década de los años noventa.

La Autora

Souad Hadj-Ali Mouhoub nació en Argelia en 1955. Licenciada en Filología Hispánica, trabajó durante varios años como profesora de español en la Universidad de Argel. Reside en Madrid desde junio de 1995 donde trabaja como traductora. Ha publicado algunas de sus creaciones literarias en la revista del colectivo ARFA (Atelier de Recherche sur la Femme Algérienne) y en la revista “Algérie littérature/Action”, editada en París. Su relato “Éramos cinco” forma parte de las creaciones literarias de mujeres recogidas en el libro De raíz, del Espacio María Zambrano, publicado en Madrid en 2003 por ‘Horas y HORAS la Editorial’. Ha traducido del español al francés el ensayo Imágenes de América (Images d’Amérique) de la escritora chileno-argelina Adriana Lassel, publicado en ENAP Editions, Argel 1994.

Editorial: Anubis

Lo que sé. Por Marisol Oviaño

Cuando la vida merece la pena, no puedes temerle a la muerte.
Y cuando no temes a la muerte, no le temes a nada.
Y cuando no le tienes miedo a nada, haces lo que te da la gana.

Porque sabes que ahora estás aquí, pero no dónde estarás dentro de un rato.
Aunque tengas un plan, aunque todo esté previsto, aunque lo apuntes en tu agenda.

De niña estaba muy atenta a los ruidos de la muerte:
Un niño se mató al cruzar la calle sin mirar.
Otro se cayó de la bici estando parado, con tan mala suerte que dio con la nuca en un bordillo y se quedó allí.
A otros les dio la polio, la meningitis, la leucemia…
Los niños morían a nuestro alrededor, pero nos educaban como si fuéramos inmortales.
El día de mañana, decían los adultos.
Si llega, pensaba yo.

Ya con dieciséis primaveras y un incontestable par de tetas, coincidí en un concierto de los Rolling Stones con unos chavales que vivían en el pueblo en el que yo veraneaba. En el pueblo nos mirábamos como los burros a los aviones, pero en el Vicente Calderón nos abrazamos como si fuéramos íntimos. Vi todo el concierto a hombros (la costura y el calor de mi inocente vaquero clavado en su nuca durante horas) de un recio y alto chaval llamado Paco, que se mató horas después volviendo a casa borracho como una cuba.

Unas semanas después murió Fernando, amigo de los hijos mayores del socio de mi padre. Un chico sano, que ni fumaba ni bebía: escalaba montañas. Y su madre sufría por ello cada fin de semana y envidiaba a las que tenían al borrachín de vuelta en casa a las tres de la mañana. Fernando murió dando un inocente tropezón en un tranquilo paseo por el campo: de nuevo la nuca.
De nuevo la muerte.

Llegarían después los que morían por sobredosis o no regresaban del viaje.
Los que morían sobre la moto o dentro de un coche.
Los que morían de sida.
Los que morían de cáncer.
Los que tenían el primer infarto a los treinta.
Los que tenían el último a los cuarenta.

Cuando me dijeron que la hija que esperaba podría morir, pensé que era un castigo. Que a nadie, salvo a mí, se le morían los hijos. Pero pasé larguísimos meses en un gran hospital, comprobando que morían los hijos de mucha gente, aprendiendo que era una privilegiada: vivía en la misma provincia del hospital – otras madres tenían que dormir en mugrientas pensiones y lavarse las bragas en el lavabo- , sabía leer y escribir, tenía el amor de un hombre bueno, una familia que me sostenía, amigos que nos sacaban de copas cuando el padre de la criatura y yo no podíamos más, y resistencia.
Mucha resistencia.
Y mucha fe.
Mi hija no se iba a por morir.
Por mis cojones.
De vez en cuando, para llevarme la contraria, a mi niña le daba por morirse y yo me mosqueaba.
Salía a fumarme un cigarro de tres caladas, regresaba a su lado y le decía con aliento a tabaco mientras me arremangaba para darle un masaje:

– Ni de coña.

Niños que estaban mucho mejor que mi hija, morían. Y ella, por la que ningún facultativo había apostado nada, seguía batiendo marcas. De cuatro días de vida pasamos a seis meses, de un año vamos ya por catorce.

La vida sólo tiene un sentido: luchar por seguir vivo.
Y seguir vivo es exponerse.
A perder.
Y a ganar.
Vamos a morir de todas formas.
Así que, relájate y disfruta.


Marisol Oviaño
proscritosblog.com

padrenuestrodemisplaceres. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Yolanda Sáenz de Tejada
Sandra Bruna, mi agente literaria, me envió una entrada de su blog donde hablaba del tiempo, de que le gustaría volver a disfrutar de las cosas pequeñas, de su niñez… Yo estaba justo preparando una declaración de intenciones (padrenuestrodemisplaceres) sobre lo que he adquirido con los minutos que ahora tengo después de vender mis acciones de la empresa familiar y comprar mi vida (menos dinero pero más amor).

Y aquí va…

Sentir como
cabalgan mis ojos
sobre los contenedores
de basura
(de todas
las ciudades que visito)
para encontrar
tesoros.

Abrazar la
ternura impresa en
la piel de mi
hija pequeña
cuando se tumba
a mi lado
para ver una
película.

Ponerle nombre
a las hojas
que se caen
del limonero y
que bañan de otoño
mi patio y
mi pelo.

Morder los
huesos ardientes
de mi hombre
cuando se
me queda
a vivir
dentro.

Escribir poemas
en mis venas,
procurando
no manchar de
mentiras
mi sangre.

Decirle a mi
padre,
de 80 años y
al que no le
gustan mis
versos
(mis besos los adora)
que lo
quiero.

Todo esto,
junto con
tu lengua
que habita
en un tierno
rincón de
mi cerebro,
es el padrenuestro
de todos
mis cielos y
que me santifica
—cada día—
a los más
dulces
infiernos.


Yolanda Sáenz de Tejada
Colaboradora de esta Web en la sección
«Tacones de Azucar»

Blog de la autora

Amor eterno. Por Juan A Galisteo (Galeote)

Hoy te recuerdo,
jamás pensé que un día
te recordara,
como hoy te recuerdo.
Tal fue mi asombro,
que descubrí tu sonrisa,
soñé en tu cuerpo,
como se vive soñando,
pero despierto.
Así, yo soñé contigo
en mi silencio,
así, yo arranqué en mi vida
la vida misma,
de amor, de celos;
besé con pasión tus ojos
y tu boca con mil besos,
sintiendo el calor profundo
del sentimiento.
Hoy te recuerdo
y se me nubla
mi pensamiento;
es uno solo,
que da mi aliento,
que fortalece
mi amor eterno.
Anoche, cuando las sombras
inspiraban al silencio,
sentí tus manos sedosas
acariciando mi pecho.
Sentí, que unos labios rojos
incitaban con sus besos,
los suspiros amorosos
de otros tiempos.
¡Cuánta ilusión por vivir!
¡cuánta pasión!
¡cuánto anhelo!
expresaban al mirar
aquellos ojos sinceros.
Y tus sonrisas sensuales
de pasión, amor y afecto,
me sacudían el alma
desde fuera y hacia adentro.
Más comprendí, cuán absurdo
era mi comportamiento,
lloré, quizá al recordar,
la locura a mis deseos.

 Juan A Galisteo (Galeote)
Del libro Café Boulevard
ISBN: 84-96009-94-7