El trabajo. Por Almudena Aibar Hidalgo

«Cuando el amor se pone manos a la obra nada le fatiga, nada le cuesta, aunque perciba el cansancio del músculo, el sudor de la frente o el dolor de la espalda. Afortunados aquellos que no consideran su trabajo como una obligación o un castigo, como una cárcel o como una esclavitud, sino como una tendencia natural de su naturaleza, como nuestro padre Sol nos ilumina y calienta, como nuestra madre Tierra nos da la vida y la sustenta.»

Almudena Aibar Hidalgo
Escritora

tusdedos. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Yolanda Sáenz de Tejada
Tus dedos
son mis
ojos.

Si con ellos
(con los dedos)
me recoges
el pelo
en dos trenzas
de ternura,
yo
veo el
futuro
¬—puedo,
incluso,
hasta adivinarlo—.

Si tus
dedos me perforan
los labios,
buscando
la saliva que
me rompe
en la orilla
de la boca,
yo veo a
Dios y
al demonio
—puedo,
incluso,
hasta ver el fuego—.

Y si,
(bendito prodigio)
tus dedos me
abren como
a un melocotón
recién
caído
y te pierdes en
las olas
de mi cáscara
y de mi vientre,
milagrosamente,
dejo
de
ver.

Yolanda Sáenz de Tejada
Colaboradora de esta Web en la sección
«Tacones de Azucar»

Blog de la autora

Igual… Por Verónica Victoria Romero Reyes

Igual no podemos descubrir el tiempo que no llega, ni viene, ni causa, ni hacerlo cómplice del presente que nos rige, nos autoriza o nos deniega el declive o la prosperidad.
 
Igual, o quizá, andar caminando o caminar andando es simplemente levantarse con el recto propósito de corregir el instante de torpeza que marcó, selló o tatuó el día de ayer, el pasado inmediato que nunca tiene enmienda o descaro de intención sanadora o ética.
 
Igual venirse o devenirse es un eco de algo, mayor, preconcebido.Igual dormir poco y mal es consecuencia de una mala conciencia o es un desvarío anormal de un biorritmo alterado. Quién sabe.
 
Igual es más listo el que menos sabe y menos cuerdo aquél que comete más locuras. Locuras que, por cierto, nunca dejan de ser un traspiés en el margen de la rutina y lo común. Un margen en el que todos nos movemos. Algunos pisamos con cuidado y otros pueden descuidarse. Todos vemos esa línea marcada pero, al levantar la vista, podemos obviar la medida curva de nuestra próxima pisada. (O trancada).
 
Igual es leer o escribir si tenemos videojuegos y televisión. El ocio cambia y no podremos nunca imponer un juicio educativo a quien no quiere aprender. La comodidad prima. Incomoda, cierto es, pero impera.Igual la Muerte nos ronda desde el día que asomamos la cabeza al mundo pero fumamos, bebemos y maltratamos el presidio de carne y hueso creyendo que durará algunos años más.
 
Y dura lo justo. O lo injusto, según experiencias, contextos y vidas.
 
Igual todos somos parte de algo Perfecto y quizá, no podemos comprenderlo.
 
Igual es necesario compartir para comparar o llorar para aliviar. Sonreír para distinguirle un día de guiño de sol a un amigo.Igual el dinero importa y ayuda. Incluso es necesario. Pero sin dinero, ¿eres más, eres menos? Sin manos abiertas, ¿en qué te conviertes?Igual la injusticia nos altera el estado fisiológico pero dura lo mínimo para permitir un exabrupto verbal y volver a la enmienda diaria.
 
Igual ver la Verdad nos da miedo. Igual saber de otros nos provoca pavor.
 
Igual no soy suficiente para ti y no quieres verlo. Y no lo ves porque es más fácil obviar el gesto nimio que exacerba. Pero nunca la soledad deja de ser compañera fiel. Y cuando alcances a comprender que no soy más que otro cacharrito del Destino, yo estaré lejos.
 
Igual la cortesía es el pretexto ordinario para decir lo claro y conciso sin destapar la intimidad. Igual la intimidad siempre la vulnera quien más conoce tu alma. Y si se vulnera el alma, ¿qué queda?
 
Igual… Un cuerpo que vive muriendo y un alma que muere viviendo.
 
 
 
Verónica Victoria Romero Reyes
«Pergaminos de vena».
Derechos registrados.
Blog de la autora

Amistad y soledad. Por Daniele Branchina

Dos  caras de la misma moneda. Cuando existe una, la otra desaparece. Qué fácil es evitar la soledad entonces ¿verdad? Solo necesitamos alguna que otra amistad que nos haga compañía. Pero a veces la suerte no está de nuestra parte, y por más que lo intentes sólo sale cruz.

Amigo se le puede llamar a cualquiera: a ese que te ha invitado a un chupito, a aquel que juega contigo a veces al fútbol, tus compañeros de clase…  Pero cuando te propones comprobarlo, sigue siendo cruz.

A pesar de ello, la probabilidad te da algún respiro, y de vez en cuando encuentras una persona con la que te sientes cómodo y con quien está decidido a realizar una última prueba.  Esta vez es cara.

Pero los amigos, al igual que muchas cosas, van y vienen, y en un momento has vuelto a como estabas en un principio.

Vuelta a empezar, pero sabes que un día u otro la vida te traerá una nueva cara por conocer.

BÚSCALA.

Daniele Branchina
Blog: El Poder de las palabras.

El Barón Rampante. Por Brisne

“Ombrosa ya no existe. Mirando el cielo despejado me pregunto si en verdad ha existido. Aquella profusión de ramas y hojas, bifurcaciones… Quizás era un bordado hecho sobre la Nada que se asemeja a este hilo de tinta tal como lo he dejado correr por páginas y páginas… que a ratos se desgrana en gruesas uvas claras, a ratos se espesa en signos minúsculos como semillas puntiformes… y luego se atasca, y luego vuelve a enroscarse, y corre y se devana y envuelve un último racimo insensato de palabras, ideas, sueños y se acaba”.

Ombrosa acabó ayer a la tarde en mis ojos. He recorrido las ramas de sus nogales, sus cerezos, sus olivos… de la mano de Cosimo Piovasco di Rondò, heredero de la baronía de Rondò, un territorio situado en la frondosa Liguria del siglo XVIII. Cosimo subió a un árbol huyendo de los caracoles y la mesa de sus padres. Conoció a Viola y no bajó jamás.

El hecho de vivir entre árboles, no impidió a Cosimo ser parte de su sociedad, conocer el amor, el deleite, trabajar e incluso hablar con Napoleón.

Es un libro divertido, ameno en su lectura, muy propicio para el verano. Me ha gustado recorrer Ombrosa de la mano de un Barón que vivía en los árboles y usaba un gorro hecho de las pieles de un gato montés.

Y me ha asombrado cómo un «salvaje» era también un intelectual, en una época en la que parece que no casan demasiado bien ambos términos. Cosimo cazaba, podaba, vendimiaba y se emocionaba con sus lecturas.

Al final se pierde sujetándose al un globo. Se eleva al cielo.

Me ha sorprendido mucho que se pueda plantear la vida desde las ramas de un árbol y como se integra plenamente en la sociedad de Ombrosa. Es curioso que sea capaz de hacerlo desde la altura cuando muchos no logran -o no logramos- ser tan productivos desde el mismo suelo.

Lean a Calvino. Merece la pena.

Brisne
Blog de la autora.

lahistoriadeunasiesta. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Yolanda Sáenz de Tejada

Esta es la historia de cómo una siesta arregló el mundo.
De cómo yo llegué descosida de muerte y con riesgo de oxidarme los pulmones.
De cómo mi corazónesponja había absorbido todos los desprecios.

Esta es la historia de cómo una siesta,
(abrazada a ti, eso es muy importante)
arregló el mundo que me aplastaba.
De cómo,
con tu lengua,
te bebiste mis
lágrimas y
de cómo,
con tus dedos,
me acariciaste
el pelo,
el sexo y
el alma.

Me falta el ventilador. En esta historia había un ventilador que removía nuestros aullidos y nuestras palabras y tus que te pasa que estás seria y mis no estoy bien y me duele, de pena, el aire.
Y tu música, de fondo, Wilco sonando para mí, para ir abriendo mi mar y
mi ofrenda y para
después de terminar,
descubrir que una siesta
a tu lado,
sirve para
mucho más
que para comer y
dormir.


Yolanda Sáenz de Tejada
Colaboradora de esta Web en la sección
«Tacones de Azucar»

Blog de la autora