Laura Borràs, Sherezade del siglo XXI. Por Sextavoce

Laura Borràs

Cuando vi a Laura Borràs sentada en el hall del hotel, detrás de una columna, me aposté discreto para poder observarla detenidamente mientras sus dedos volaban sobre una pantalla digital.

Ya en el salón, cuando nos presentaron, nuestra mirada se cruzó a la misma altura. Es alta, fuerte, vital, extrovertida, amable, educada y elegante o, como diría mi escudero en tres palabras, una señora imponente.

Sus armas, bien templadas, son una inteligencia brillante, un conocimiento literario extraordinario, un verbo apasionado, una gestualidad avasalladora y una mirada inquieta muy expresiva y llena de matices; una mirada ora expectante, irónica, sorprendida, aprobatoria, cómplice, infantil, pícara con destellos de rebeldía, ora dulce, comprensiva y soñadora, irisada de sentimiento, ternura y fragilidad.

Escuchándola, un caballero sabe que es prescindible, que ella ganará por sí sola toda clase de justas  con su propia enseña y que, como mucho, puede aspirar a compartir una carrera al galope entre palabras.

Así que, avanzada la noche, rendido ante su espléndida sonrisa,  su voz recorriendo tonos e inflexiones,  sus manos configurando todo un escenario virtual donde posar nuestra imaginación, comprendí que estaría dispuesto a escucharla mil y una noches más. Embriagado por su forma de contar historias me sentí como el sultán Shahriar: vencido por la habilidad de Sherezade, aunque en este caso, no había nada que vencer, porque todos los allí congregados ya éramos admiradores de esta dama singular del siglo XXI.

Como en la historia de Sherezade, intuyo que  esa otra mirada soñadora  custodia  algún anhelo íntimo, quizá un reto escurridizo. Y, como veterano caballero, sé que ser una sultana tan especial, aún en la era digital, supone pagar un agotador tributo.

Aunque improbable, si surgiera la oportunidad y el honor de servirla en cualquiera de sus gestas,  portando a su lado el estandarte del Canal Literatura, heme aquí señora.

A sus pies.

Sextavoce

Foto:Joaquin Zamora
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Charlie y la fábrica de Chocolate. Por Brisne

Ustedes seguramente conocerán la historia. Seguro que habrán visto la película, sobre todo ésta última con Jhonny Deep al frente como Willy Wonka y Tim Burton. Yo la he visto y me gusta mucho, cosa que no es extraño porque siento pasión por ambos, por Deep y Burton. Creo que todavía no he visto una película de Burton que no me haya gustado. Me gusta su universo, en éste caso refleja fielmente lo que Ronald Dahl quiso explicar en su libro. Incluso las estupendas canciones de los Oompa Loompa son maravillosas, mientas esta tarde leía las letras me daban ganas de volver a poner esas magníficas canciones. Me ha gustado sobre todo la reflexión sobre Mike Teavee y la perniciosa influencia de la televisión en nuestras mentes. Es cierto, nos paramos delante de ella y dejamos que nos llene la cabeza de imágenes inconexas. Creo que si nos viésemos ante la televisión nos daría algo. No sé yo si la solución es quitar la tele y llenar la casa de libros. Deberíamos también eliminar los videojuegos y los ordenadores. Me temo que la lectura ha perdido su batalla frente a la tecnología. Si ahora ya vamos a leer en pantallas, si no ¿quién de ustedes no sueña con un rutilante ebook que llevar lleno de páginas, en el bolso? Dentro de nada nos narrarán las historias en audio, seguro.

Mientras tanto, viejos románticos amantes del papel como yo, lean como posesos, lo que sea…. y sigamos comentando nuestras lecturas. Quizá todavía quede algo de esperanza.


Brisne
Blog de la autora.

Mi amor desgraciado. De Lola López Mondejar


El Libro
Cuando el azar entrecruza sus vidas, las protagonistas de esta novela no pueden prever que un suceso terrible está a punto de transformarlas. ¿Qué angustia consume a Hélène? ¿Qué acontecimientos provocaron la decisión de la mujer que la observa? Sus historias esconden oscuras coincidencias. Las dos sufren una metamorfosis cuyas cicatrices las acompañarán siempre. Viven en una misma calle de París y, a su modo, una y otra son extranjeras. Cada día, Hélène arrastra a sus hijos al colegio sin reparar en ellos, su mirada se pierde en un horizonte invisible que sólo ella conoce. La otra mujer la sigue con curiosidad desde su ventana, ha abandonado a su marido y a su hija en un doloroso esfuerzo por buscarse a sí misma. ¿Qué une a estas dos mujeres? ¿Qué las separa? ¿Son la pasión sexual y el amor materno sentimientos incompatibles? ¿Quieren siempre las madres a sus hijos con una entrega sin ambivalencias?.


La autora
Lola López Mondejar estudió Psicología en la Universidad de Murcia, completando su formación como psicoanalista en Madrid, Alicante, Milán y París.
Del periodismo a la literatura, en 1997 publica su primera novela Una casa en La Habana (Editorial Fundamentos, Madrid) y, tres años después, la segunda: Yo nací con la bossa nova, en la misma editorial. Esta última recibió el premio Libro Murciano del Año 2000, en la modalidad de narrativa. No quedará la noche, tercera novela de la autora, apareció en el 2003 bajo el sello de la Editora Regional de Murcia. Algunos de sus relatos -Amazonas, El buda, Rehén, Pensamiento de amor, Cumpleaños feliz- han sido publicados en diferentes revistas y antologías. En marzo de 2008 se publica su primer libro de relatos El pensamiento mudo de los peces (Editorial Páginas de Espuma) y, en octubre del mismo año, la novela Lenguas vivas (Ediciones Gollarín). En enero 2009 verá la luz el volumen de ensayos Psicoanálisis y creatividad: el Factor Munchausen (Cendeac).

Lola López Mondejar
Página de la autora

¿Estamos preparados para la verdad?. Por Nidosiano

Por razones económicas, los californianos han sido los primeros en dar pasos hacia la legalización de la marihuana; y el otro día leí que el expresidente de México, Vicente Fox, proponía legalizar el asunto para acabar con los narcotraficantes y con la violencia.

Sorprende ver cosas que se salgan del discurso oficial de las drogas son malas. Pero nada de esto me ha sorprendido tanto como la brutal sinceridad de Alexei Kudrin, ministro de Finanzas de Rusia, que ha pedido descaradamente a la población que fume y beba para ayudar a la recaudación de impuestos (piensan duplicarlos en los próximos años)

Los políticamente correctos comenzarán a rasgarse las vestiduras y a aprovisionarse de tofu, pero hay que reconocerle a Kudrin su sinceridad.

No me extrañaría que algún avispado asesor de la Unión Europea se diera cuenta de que la línea Kudrin podría tener doble utilidad en la UE. Si se abandonara esa actitud paternalista de no dejar morirse en paz a la gente, no sólo se recaudarían más impuestos. Además, se estaría solucionando el gran problema al que tendrá que enfrentarse Europa en unos años: una excesiva población anciana, inactiva y dependiente- que no os engañe la tele: nadie es independiente a los noventa y cuatro años- que ningún Estado podrá mantener.

La idea de emborrachar y quemar los pulmones a la población para levantar cabeza, es difícil de asimilar. Sin embargo, si analizamos la Historia, la salida a las grandes crisis siempre ha sido una buena guerra.

Y el Kudrin éste, buen conocedor de su pueblo, ha cambiado la estrategia: no apela a su patriotismo para mandarles morir violentamente por la patria. Bastará con que fumen cuanto quieran y den un trago de vez en cuando, no corre prisa que mueran.

Nidosiano
proscritosblog.com

El abismo. De Leonid Andreiev

El libro.-

La colección de cuentos recogidos en El abismo es un descenso a las profundidades humanas por muchas y muy intrincadas escaleras de caracol: una versión del Lázaro milagrosamente resucitado en clave zombi, donde el muerto propaga entre los vivos el vacío de la muerte; Guillermo el Grande, victorioso en una humeante y sangrienta Bélgica, padece insomnio y desahoga sus delirios de grandeza con un pobre prisionero ruso; un solista de ópera decide derrotar al mito de Orfeo y trata de conmover con sus arias a un auditorio de burros; el vigilante de una pequeña estación de provincias se aburre, se convierte en el peligroso hombre gris que ostenta la autoridad…
Escritos entre 1901 y 1916, estos relatos se convierten en metáforas que narran el horror de aquella Europa desmoronada en la que la lucha del individuo libre contra la maquinaria del estado hizo surgir héroes y mártires. Muchos viven en estas páginas.
Después de publicar Los siete ahorcados, El Olivo Azul continúa recuperando el producto oscuro y abigarrado
de la mente de uno de los mejores escritores rusos de todos los tiempos y maestro de las vanguardias.
«Andreiev, un viejo amigo, un amigo de la infancia. Un inmenso escritor.» Milan Kundera

Autor

Leonid Andreiev nació en 1871 en la ciudad de Orel, una región de la Rusia central de la que también eran oriundos sus maestros Turgueniev y Tolstoi. Estudió Derecho pero, persuadido por su gran amigo y mentor Gorki, abandonó pronto el ejercicio de la abogacía para dedicarse por completo a la literatura.
Cosechó, desde sus primeras publicaciones en 1901, un gran éxito, y en apenas veinte años creó toda su obra, una de las más prolijas de la literatura rusa. Destacan por su intensidad los relatos y las novelas cortas
como Los Siete Ahorcados (1908), publicada en esta misma colección.
Hombre de genio y contradicciones, «escrutador del lado oscuro», como le llamaban sus colegas, fue militante
antizarista y vivió con esperanza, y pronto con escepticismo, la Revolución de Octubre, teniendo que exiliarse en su casa de Vammelsu, en Finlandia, donde moriría en 1919.


Editorial Olivo Azul

La elegancia del erizo. Por Brisne


La señora Michel tiene la elegancia del erizo: por fuera está cubierta de púas, una verdadera fortaleza, pero intuyo que, por dentro, tiene el mismo refinamiento sencillo de los erizos, que son animalillos falsamente indolentes, tremendamente solitarios y terriblemente elegantes.

Muriel Barbery nos presenta en este libro, lleno de referencias filosóficas y literarias, dos universos que chocan. El universo de Renée, portera de una finca en París, y Paloma, hija de un ministro de la República. Ambas conviven en la misma casa y ambas se sienten fuera de la sociedad que las rodea. Renée cultiva su pasión por el arte, la literatura y la música cubriendo su apariencia con los modales que se suponen a una portera inculta. Paloma va llenando su cuaderno de haikus que ella llama ideas profundas desvinculada de la élite a la que pertenece y de la que reniega porque no es tal élite.

Lo más sorprendente de ésta novela es que cada uno de los personajes es un erizo, cubiertos de púas frente a una sociedad en la que no quieren entrar. Tanto Paloma, como Renée, como el japonés Ozu, intentan vivir cubiertos por una coraza en la que no permiten entrar a nadie y no les molesta, al contrario, les encanta saberse únicos y prefieren vivir aislados, sin integrarse.

¿En el fondo no somos todos erizos? Buscamos ser únicos. Pero algunos de nosotros también queremos encontrar a gentes con las que compartir eso que creemos que nos hace únicos pero que no deja de ser una falacia. Al final todos somos primates, sólo que primates modelados por el arte. Ahora que lo pienso mejor, no todos somos modelados por el arte, algunos solo son modelados por la cultura.

Como pega al libro, voy a poner una, los personajes son casi irreales, nadie se plantea que existan personas así en el mundo en el que habitamos. No tanto la niña de 12 años, irreal pero quizá creíble, como una portera como ella a la que se le aparece un hada madrina dispuesta a salvarla. Es curioso vuelve cenicienta, historia tan trillada, escrita , filmada que resulta pelín cansina.

De todos modos merece la pena leerlo, aunque solo sea para masticar de nuevo esa pasión -que comparto, todo hay que decirlo- por los escritores rusos. Apunto como nota, releer o leer este otoño alguna novela rusa.

Y ustedes, leánlo, si quieren comenten sus impresiones. Me gusta compartir mi espacio de erizo con ustedes.


Brisne
Blog de la autora.

Dos. Por Betty Badaui

No sé si fue el inicio de una historia cualquiera
sí sé de la tristeza que flota en el silencio…
Las gotas sobre el pelo desteñido de lluvias
amortiguaron penas o fingieron hacerlo.
Era el mes de setiembre, mes de llamaradas
y de dragones ávidos de amor y de fuego
se fundieron los rayos en el vientre del día
que auscultaba las pieles y abrasaba los huesos.
Cómo culpar al hombre que a la mujer descubre
en la lengua del aire, en la flor y en el eco…,
cómo acusarla a ella si es quien cubre el vacío
y de sueños ardidos es tan sólo el velero.
Era el mes de setiembre, era el mes de la esfinge
con sus ansias de vuelo y con espinas al viento
como piedra desnuda que desea un ropaje.
La mujer, con su herida palpitando en el pecho,
hoy escribe palabras y no sabe si existen
los ciruelos morados y los ocres en lienzos.

BETTY BADAUI
Rosario-Argentina
BLOG de la autora