En donde se besan lo ilógico y la razón. Por José Francisco Mejía

? Nadé por su pecho y surqué el océano de la pasión y llegué hasta donde se besan lo ¡ilógico y la razón! ¡Justo allí! en donde el tiempo se detiene, y el mismísimo se jacta de ser ¡sublime y eterno! En donde surgen ¡las altas temperaturas!, en donde ¡tiemblas!, tiemblo, canto, sonrió amo, ¡sueño! ¡sueñas! ¡amas! ¡corazones agitados! te beso, me besas y así como los ríos en el invierno ¡se desbordan!. Así también florecen los campos, porque las estrellas empapadas de sudor brillan más en la oscuridad, ya que la noche tuvo demasiada agitación. ¡No te detengas! ¡Sigue!… Leer más

Mi hija. Por Iben Xavier

Mi hija, vale por muchas hijas, por muchos hijos. Vale mucho más que todas las mujeres que me amaron o me amarán. Vale mucho más que yo en mi ostracismo o en la cumbre del mundo, cuando las noches eran interminables en la grande manzana. Mi hija no entiende lo que escribo, pues no hablamos el mismo idioma, mas nos entendemos en un tercero. Un día no muy lejano comprenderá mis letras, al descubrir la lengua de Cervantes. Mientras tanto yo le escribo, aunque no pueda leerme ahora. Iben Xavier Leer más

misestornudos. Por Yolanda Sáenz de Tejada

.Me ocurre muy a menudo. Cada vez que estornudo, en lugar de escupir ese desagradable ruido, inundo todo de besos… No puedo salir a la calle cuando hace frío, ni cuando hay demasiada luz. Cualquier cambio en mis sensores olfativos me produce un gran estornudo y claro, miles de besos salen disparados de mis labios instalándose en todas las partes del cuerpo de las personas que están cerca de mi. He pedido consejo al panadero porque él utiliza mucho amor en su profesión y me ha dicho (insistiendo) que cuando esté resfriada vaya a su panadería, que él se encargará… Leer más

Camino de tus labios. Por Marcelo Galliano

Como el mar en la arena, de puntillas caminan tus labios en mi boca con ansias de besar, pero en mi boca misma su paso no terminan por eso con premura comienzan a bajar… Y entonces en mi cuello percibo el cosquilleo que al instante en mi pecho voy a reconocer, y casi ansiosamente presiento aunque no veo que pronto allí en mi vientre los notaré caer. Y después -¡qué decirlo!- la preciosa fortuna… esa que no pensaba ni la promiscua luna que mira la liturgia detrás del ventanal. Y allí abajo mi entraña su elixir desperdiga, y me llega… Leer más

Jazmines de cuatro cielos. Por Salvador Pliego

Cuatro jazmines se abren a plomo de sol que arde, y los cuatro parecen fundirse en un molde que crispa a la tarde. Pan para tus ojos, de la harina de la acera y del reflejo de los vados. Cuando llueve sal y levadura, y se fermenta entre harapos, se refina en las manos un costal de polvo y llanto: manecitas de jazmines, azafrán corre en tus pasos. ¡Nadie dijo que eras malo…! Pan para tus ojos, pan para tus manos, pedacitos de migaja amasándose en tu rostro. Hogaza de cal y arcilla, carente de amparo y mama, retuerce tu… Leer más

El sueño del escribidor. Por María del Mar Hermoso

??   Siempre en el recuerdo se esconde la llave del futuro, pues no son nuestros hijos más que la vaga sombra de sus ancestros; lo que soñamos siendo niños es el pan de nuestros nietos; son sus palabras el eco de nuestro acento; y sus amores, el arrullo de nuestros besos. Cuando el escribidor sueña, ríe el niño, piensa el padre, y recuerda el abuelo. Y así supimos que todas las Penélopes siempre tejen su tapiz a contraverso; que un instante de  «esplendor  en la hierba»  también puede ser eterno;  que la muerte de su amante  «paró todos los relojes,   desconectó… Leer más

Exististe. Por Ana Mª Álvarez Barroso

?? Sé que exististe un día, un día de verano, de calor esponjoso en andenes amargos, cuando las voces eran ecos de mil presagios, vértices de un encuentro fundido en un abrazo. Sé que exististe un día de un Madrid desolado, de museos y parques, de música, teatros, tú eras hombre de piedra, yo muñeca de trapo, tú piano sin notas, yo poema en tus labios. Sé que exististe un día, pues de ese día guardo tus lejanas palabras de amor no musitado, tus marmóreas caricias, tus tardíos abrazos y un retrato borroso en el que ambos estamos sonriendo a… Leer más