Esta tristeza mia. Por José Antonio García Pérez

Abrió la ventana de sus reflexiones y alcanzó a ver que afuera se deslizaba tímida y cansina-mente su tristeza. Reconoció su terciopelo, plagado de motitas de polvo azul. Lo vio con esa mirada que era el reflejo de su mirada y escuchó el murmullo de su voz suave, a ritmo de blues. Estiró su brazo para que se le subiera. Ahí está con él, envuelta como bufanda. Le rodeó también con su aroma: otoño tardecino. Y así, sentados, meciéndose en el vaivén de los re-cuerdos se fundieron sin importar cuándo ni cuánto se tolerarían. José Antonio García Pérez México Leer más

Nocturna. Por Flora Isela Chacón

Subió el largo cierre de las botas y contempló su figura en el pedazo de espejo que aún pendía de la pared. Se puso unas gotas de perfume, se persignó, abrió la puerta y se entregó a la no-che. Sus pisadas resonaron seguras a mitad de la calle. Nadie podría haber dicho que moría de miedo. Flora Isela Chacón México Leer más

Duda moral. Por Felisa Moreno Ortega

La mujer levantó la piedra y allí la esperaba el alacrán, tratando de dominar su miedo lo cogió con las pinzas y lo depositó con sumo cuidado dentro del frasco. Después caminó en silencio ajena a la lluvia, gruesas gotas de tormenta que calaban su fino vestido veraniego. Entró en la casa y bajó al sótano. Colocó el frasco en la estantería. Decenas de botes similares albergaban criaturas de la misma especie. Esperaban un veredicto. Cloe aún tenía una duda moral. Ninguno de aquellos había sido el que inoculó el veneno en su pequeño bebé, causándole la muerte. ¿Es toda… Leer más

El árbol de Tobías. Por Patricia Odriozola

Lo plantó delante de su ventana para verlo siempre. En verano, sin duda, le daría algún fruto. En otoño se despeñaría en hojas ocres, amarillas. En invierno la desolación del follaje le daría paso al sol tibio y bienhechor. En primavera volvería a ser una estupenda promesa, los brazos inflamados de savia, las yemas rebosantes de un verde por venir. Las semillas caerían en la tierra y la fecundarían; el pequeño roble, en algún momento, devendría en bosque. Esa tozu-dez propia de las cosas vivas, esa manía de sobrevivir: la coordenada donde el árbol y él eran una misma existencia…. Leer más

Ella es así. Por Mercedes Martín Alfaya

Mi abuela me llama “tesorillo” y me ha dicho al oído que soy un cachito de cielo, por eso estoy tan contenta en la foto. El mes que viene cumpliré dos años y ya tengo que ir pensando en cambiar los pañales por el orinal; la cuna por la camita y el cochecito de paseo por el de San Fernando (un ratito a pie, otro andando…, y el resto en brazos). También necesito un cepillo de dientes nuevo, no porque esté usado, sino porque me compraron uno para que me familiarizara y nos hemos hecho inseparables; hasta limpio los zapatos… Leer más

La sirena de la calle cubo. Por Isidro R. Ayestarán

Se la podía ver todas las mañanas en los aledaños de la calle Cubo, rodeada de bolsas de plástico donde llevaba todas sus pertenencias, con la mirada perdida en el recuerdo y el pasado, y un sempiterno cigarrillo en la comisura de los labios. Y silencio. Siempre rodeada de silencio. Dicen quienes llegaron a conocerla en sus buenos tiempos, que había sido musa de un poeta torturado y decadente, maldito en sus escritos y reflejo de la tristeza de muchos… Un pigmalión oscuro cuyo único éxito había sido el haber creado al personaje por el que aquella vagabunda sería siempre… Leer más

Mi mamá me mima. Por Mercedes Martín Alfaya

Hoy, mi mamá me ha comprado un cuento con animalitos y muchas historias. Me ha enseñado al lobo malo que quería comerse a Caperucita y le he pintorreado la cara con un lápiz, porque no me gustaba su hocico. También he visto al patito feo, que era feo, pero luego, en la última hoja, ya se había convertido en un cisne. Le di un besito porque quiero ser su amiga. He conocido a Hansel y Gretel y la casita de chocolate. Yo sé por qué los engañó la bruja, porque a los niños nos gustan mucho las golosinas. Mi mamá… Leer más