Medio siglo. Por Brujapiruja

Ayer estuve en el 50 cumpleaños de mi amiga Pepa, y como en otras muchas celebraciones de amigos que rondan esta hermosa fecha (medio siglo de andanzas), ha existido un guión común; la alegría de llegar a un objetivo, compartirlo con aquellos que te quieren y mucha emoción cargada de lágrimas. Pepa, como casi todos, sufrió un revolcón emocional. En esos momentos los recuerdos se agolpan intentando estar presentes,  haciéndose un hueco protagonista en el torbellino de la memoria y aflorar al consciente inmediato y esa pugna nos devuelve  la intensidad del sufrimiento, la alegría exultante o la decepción, los… Leer más

Fotografiando el futuro. Por Marisol Oviaño

  No viviré eternamente. Por fortuna la vida tiene fecha de caducidad y algún día se acabará este dar vueltas en la rueda, este reinventarse cada día, esta lucha, esta piedra pómez que desgasto contra todos los muros del camino. Algún día subiré a la barca de Caronte, agradecida de que al fin sea otro quien se encargue de llevar la nave a buen puerto. Pero mientras, soy el faro en la oscuridad, el puerto seguro, la única ancla que mis hijos tienen. Y observan y graban en su memoria cada uno de mis movimientos. Supongo que se han dado… Leer más

Persecución. Por Susana

Le persiguieron enloquecidas por calles, plazas y parques. Corrían tras él gritando, las bocas desencajadas, muy abiertas; los ojos fuera de las órbitas, las manos al frente, extendidas, en un desesperado intento por atraparle y quizás, engullirle. Casi tan veloces como él parecían no rendirse nunca, seguras de que era sólo cuestión de un poco más de tiempo. Y lo era. Doblaron una esquina y se adentraron en un callejón oscuro. Él resbaló y cayó de bruces sobre el adoquinado húmedo. Todo estaba ya perdido. Cuando le dieron alcance, se precipitaron sobre él. Le estrujaron y pisotearon. Le tiraron de… Leer más

Hombres buenos. Por Brujapiruja

Los veo cada día bajar a la playa y me emocionan. Ellos no se dan cuentan, pero miro a hurtadillas y de reojo mientras compartimos un rato de sol y pienso cuantas historias así conviven con nosotros sin que prestemos atención. Andarán en torno a los sesenta años, se adivina sin esfuerzo que ella tiene un movimiento muy limitado, se apoya en la muleta y en su hombre, solo así inicia algún movimiento. Él, por el contrario, está fuerte, carga con todos los bártulos y cuando ella descansa en la tumbona, hace varios ejercicios abdominales y de piernas para seguir… Leer más

miagustinatuagustinasuagustina. Por Yolanda Sáez de Tejada

A Gustavo Duch, por luchar con su palabra y revolverme las entrañas. Ella es la raiz cuadrada de nueve: tres. Ella, también, es la raiz asfixiada de sus hijos y de su marido, de la mujer que cuida cada día y de la madre que dejó en Guatemala. (También se dejó un segmento herido del corazón. Tan necesario ahora…) Ella es el enigma con solución perfecta para este pais. Sí, para ti, para ellos, para mí… Son las cinco de la mañana y Agustina se levanta para forjar (con sus besos) la comida para la familia que alumbró. A las… Leer más

Las personas ´chupaluz´. Por Mercedes Martín Alfaya

Dicen que hay gente chupaluz; gente que te roba la energía…; que te apaga, vamos. Hoy, tuve un día gris; me refiero a que las nubes se adueñaron del cielo y faltó claridad. También el gris nos ayuda a expresar estados de ánimo: “Tengo un día gris”; o a definir a alguien que consideramos frío, indeciso, ausente…: “Es una persona gris”. A raíz de estas disertaciones con las que me entretengo en los días grises, me ha surgido el tema de lo que califico como personas-chupaluz; que no las llamo “personas-nubes” ni «personas-grises», porque sí que brillan algunas veces; cuando… Leer más

loslunes. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Hoy es lunes. De niña, nunca me gustaron los lunes. De joven, tampoco. De adulta, los lunes me restregaban su amenidad en las entrañas. Me gritaban —con esa cadencia de calendario recién parido— hola, jodida currante, ya estoy aquí… De mayor (bueno, cuando era abuelilla), comenzaron a gustarme los lunes… Cuando aparecían por la mañana, yo los esperaba en pelotas y los estrangulaba para disolverlos con el anticoagulante que me chutaba. Y mezclaba las dos cosas juntas (el lunes y el sintrón) con el café prohibido que me tomaba para desayunar. Cuando fallecí, lo hice en lunes. Y lo mejor,… Leer más