No es mi guerra. Por María Dolores Almeyda

No es mi guerra. No es mi casa ni mi ciudad ni mi gente ni mi sangre ni mi dolor ni mi batalla. No es mi paz ni mi tregua ni mi día más gris ni mi rabia ni una señal de alarma ni mi miedo ni mi taza de té ni mi grito de auxilio ni una parada al borde del cansancio. No me intimida ni me perturba ni me descuida ni desazona mis pulsos acelerados. No marca mis horarios ni escribe mis discursos ni le pone el aceite a mis tostadas. No anda en mi camino ni se… Leer más

Lágrimas inútiles. Por Brujapiruja

Aquella tarde estaba yo con ella. Nos turnábamos varios hermanos desde que empeoró su situación. Hablaba tan bajito que apenas era audible pero sus ojos se iluminaban cuando entrábamos a verla y se la notaba feliz, nos extendía su mano buscando el contacto y a veces permanecíamos unidas así; se sentía más segura, cuando le daban esos pequeños mareos. Estuve leyendo un rato y cuando vi que cerraba los ojos puse la televisión. De pronto me encontré una noticia desoladora que me conmovió hasta tal punto que me hizo llorar. Imágenes de cuerpos destrozados en un país lejano donde un… Leer más

El espejo del alma. Por Julio Cob Tortajada

Sostiene la gente que la cara es el espejo del alma y lo piensa independientemente de su creencia más o menos religiosa. Para los creyentes, el alma es un soplo divino ajeno a todo tipo de analítica, sin triglicéridos ni índice de azúcar, pero convencidos de que el rostro tiene un trazo terrenal, como más de ir por casa. De tal manera, que si atendemos sólo en sus facciones y tras una somera reflexión en función de sus rasgos más caricaturescos, podemos intuir algún detalle acerca de las personas que en cualquier lugar concurrido nos llama la atención. Podemos encontrarnos… Leer más

Solo tu boca. Por María Dolores Almeyda

Se han movido los cimientos de la tierra, los ríos se han partido en cientos de afluentes y han corrido buscando vertientes efímeras y lejanas y se han tragado el fuego los volcanes y han eructado espumas las gaviotas. Se han perdido cosechas importantes, han quedado expuestas las miserias de las minas, la noche se ha precipitado sobre el mundo y las montañas de rocas han escupido piedras. Todo ha quedado reducido a escombros. Solo tu boca se salvó de la barbarie. Corrimos despavoridos como locos buscando la salida. Las puertas se cerraron, la gente se pisaba enloquecida, los más… Leer más

Libertad. Por Almudena Aibar Hidalgo

«Las rutinas mentales, los hábitos, las malas costumbres, los compromisos sociales, los roles, los puestos de trabajo, las relaciones estabilizadas y estancadas, las cargas familiares, las presiones económicas, los vicios, los automatismos, los horarios, las obsesiones, los miedos y las inseguridades nos esclavizan. So…mos esclavos de nuestros pensamientos, de nuestras acciones y de sus consecuencias. Toda libertad, toda dignidad, toda estabilidad, toda respetabilidad, toda serenidad, toda claridad, toda sinceridad y toda bondad nacen, se nutren, se reproducen y mueren en nuestros pensamientos.Nuestros pensamientos se componen de palabras y ellas se culminan en las acciones que representan nuestra propia vida. Ser… Leer más

COMPOST. Por Agustín Serrano Serrano

— Entonces, ¿no pensaba que eran seres humanos? — Carga —dijo con voz apagada—. Ellos eran cargamento. De una entrevista a Franz Stangl, comandante de Sobibor y Treblinka. Cuando la señora Langer finalizaba la tarea de dar de comer a las gallinas y a los cerdos, se cambiaba de ropa y acudía sin premura al huerto, la segunda fuente de vida del viejo castillo. Viejo como ella, pero como ella, fuerte y bien conservado, y también como ella, sin dueño y al abrigo de una interesada dejadez por parte de los lobos. Con ella no iba nada. Era alemana, de… Leer más

El viento y el aire. Por María Dolores Almeyda

El viento sopla a rachas con fuerza de huracán y a ratos se detiene como tomando aliento para impulsarse de nuevo con vehemencia. Los árboles agitan sus ramajes más viejos y fuertes, y sus débiles tallos hace ya tiempo que se desprendieron chocando violentamente contra lo que encontraron a su paso. El viento se detiene pensativo como un peregrino cansado que a cada tramo toma aliento y retoma el camino con más fuerzas. El viento, insolente como un viejo descarado, impertinente y soez me levanta las faldas, me agita el pelo, me enciende los colores en la cara. Pero este… Leer más