Tus manos. Por Yolanda Sáenz de Tejada
Me gusta encender, después de cocinar, una vela de vainilla en la cocina (mata el olor a pasado y a comida). Hoy, que he cocinado tus manos, he encendido dos (olía demasiado a ti). La punta de tus dedos estaba deliciosa, he chupado todos los versos que se escondían en ellas. Pero también, —y esto duele— he chupado tus miserias… Por ejemplo, que nunca dejas propina en los restaurantes y que a los que piden en las calles, les gritas (ahora, sin manos, quizás tengas que pedir tú). Y que cuando vuelves borracho a casa, pegas a tus hijos y… Leer más
