La cortina. Por Yolanda Sáenz de Tejada
Entraba despacio en la ducha y el plástico (de cortina barata) se abrazaba desesperado a mi piel. Las gotas de agua corrían por mis pecas y mis rodillas mientras yo, niña grande, soñaba… La cortina se enamoraba de mí cada mañana y se revolvía entre mis brazos callados, luchando (aliada del agua) por impedir que agonizara aquel precioso encuentro. Hoy, has llegado suavemente, sin esperarte, y me has abrazado por detrás, bañando tus manos en el agua que galopaba por mi espalda. Hoy, le he sido infiel a la cortina. Yolanda Sáenz de Tejada Colaboradora de esta Web en la… Leer más
