Los dos soles. Por Galeote
Quedaba la mar tranquila, cuando la luna, en la brisa de la noche despertaba sus bellos ojos de plata. El horizonte en silencio la planicie acariciaba, con su grandiosa sonrisa de claridad y de calma. Todas las playas del mundo con su arena y con sus barcas, eran fantasmas de sombras al reflejo de las aguas. Y los faros de los puertos, con destellos de luz blanca, avisaban a los barcos que hacia tierra se acercaban. La noche, llena de estrellas, mil diamantes enseñaba en su bóveda celeste. Y un cielo de nardos vivo donde los ojos no alcanzan,… Leer más

