Amigos. Por Yolanda Sáenz de Tejada

A estas alturas de mis huesos, me duelen las costillas de tanto cargar con la huída de los que amé. Culpable, soy culpable. Por eso mis amigos me abandonan… Culpable de amar sin pedir perdón y de abrazar, con todas mis fuerzas, sin medir las explosiones de calor. Culpable, -también- de abrir los ojos para cerrar las manos estrujando  con ellas, hasta sangrar, los momentos infames que sufrimos juntos. Culpable, -como no- de no medir mi emoción ni mi risa, abriendo mi alma delante de sus sueños (como una imbécil sin prisa). Y culpable de traición. A mi propio lomo… Leer más

Impresiones. Por María Dolores Almeyda

Tenerte, llevarte como un síndrome en el alma, ajustarte a mi sien debidamente para que no se me noten las torpezas, calarte ante mis ojos como si fueses lentes, sentirte en mis bolsillos igual que un talismán con un poder humano que anula mis flaquezas… Llevarte, sin tenerte jamás entre mis manos, hurgarte por la piel sin que lo sepas, dibujarte mis besos en tu boca sin que tu lo toleres ni presientas… …Y quejarme, desnutrida de ti, vacía de ti, cóncava y perdida, excluida en tu ausencia y carecer de antídoto que me sane de ti. Y tenerte en… Leer más