Amigos. Por Yolanda Sáenz de Tejada
A estas alturas de mis huesos, me duelen las costillas de tanto cargar con la huída de los que amé. Culpable, soy culpable. Por eso mis amigos me abandonan… Culpable de amar sin pedir perdón y de abrazar, con todas mis fuerzas, sin medir las explosiones de calor. Culpable, -también- de abrir los ojos para cerrar las manos estrujando con ellas, hasta sangrar, los momentos infames que sufrimos juntos. Culpable, -como no- de no medir mi emoción ni mi risa, abriendo mi alma delante de sus sueños (como una imbécil sin prisa). Y culpable de traición. A mi propio lomo… Leer más
