Sin poderlo evitar. Por María Dolores Almeyda
–¿Y tú a´onde va, quiyo? –ayá voy, an car’er gordo, que sa sacao un coche er tío, no vea, tío, la mar de chulo, er nota… Elvira hoy no tiene ganas de escuchar a nadie, pero se le pega al oído la conversación de los dos chicos como si fueran las palabras más necesarias, las más útiles que pudiera escuchar después de todo, aquélla mañana. Acaba de salir del ambulatorio. Normalmente ella también volvería a casa como aquellas mujeres, hablando de sus cosas, riendo a carcajadas de las ocurrencias que cuentan de sus jefes, –sobre todo de sus jefas– y… Leer más
