Penélope y Humphry. Por Mari Cruz Agüera
Yo no llevaba abrigo y sin embargo hacía mucho frío aquella tarde; los poemas se helaban en las bocas de los metros de todas las ciudades, los barcos se amarraban en los puertos temiendo naufragar entre glaciares; vomitaban carámbanos las gárgolas que culminan las viejas catedrales. No saltaba la chispa entre los cuerpos, no calentaba el sol ni los amantes, tiritaban las tristes chimeneas frente al motín de leña en los hogares. Una nevada intensa en los diarios presagiaba tu gélido mensaje: “Lo siento, me entretuve, no me esperes. Te llamaré mañana, ya es muy tarde”. Y yo quedé tejiendo,… Leer más
