145-Amantes pasajeros. Por Béren
Canta el zorzal, roble rubor, las hojas susurran cientos, van las estrellas hasta el albor, siempre el camino del viento.
Canta el zorzal, roble rubor, las hojas susurran cientos, van las estrellas hasta el albor, siempre el camino del viento.
De niña me prometieron besos largos, noches cortas y algún que otro “Te quiero”.
Como un minero, cada noche escarbo el horizonte de los recuerdos, como un pintor surrealista trazo tu nombre en la penumbra gotas de lluvia resbalan por la comisura de los párpados.
un rastro es un pretérito desgarrado, una imagen impulsada por una piedra o el reflejo del sol en una de sus caras
El poeta es un fingidor, decía Fernando, finge amar eternamente, algo así. Por eso, observa, en el río de mi ciudad fluye lo eterno (que no conocemos porque nada es eterno).
¿Quién más, sino yo, Conoce el tránsito De tu cima a tu sima?
Calla que el niño duerme, calla. No hables de tristeza en la noche callada.
Cerrada está la noche por un robusto negror, que asusta a quién pasea, cerca del viejo parador. Sollozos de honra y gloria al caminante espantan, pues un padre desesperado, queja, llora y canta.
yo siempre decía que vendría de noche, callada y sin avisar, como el Coco, acechando, escondida bajo la cama
Siempre negado en tus fracasos abandonado bajo mi montaña me tumbas hasta las cimas, sin algún posible retorno.