239- Balada de una ausente. Por Roquet
La muchacha del espejo me mira como adivinando mi nombre. Cómo llamarla a ella.
La muchacha del espejo me mira como adivinando mi nombre. Cómo llamarla a ella.
¿Por qué callan tus labios hoy? ¿Por qué miras a la pared en busca de Dios? ¿Por qué retienes esas lágrimas de ira? ¿Por qué otorgas? ¡¿Por qué?!
Juego del ajedrez, máscara auténtica del alma migratoria de Pitágoras. Allí, como en un diálogo de ágoras, cada cosa a espectral número idéntica.
He puesto una jaula en mi ventana, no tiene ningún pájaro, está vacía; Solo espera alguna canción que tu boca haya cantado para guardarla siempre
El primer beso que me diste lo llamé «ángel» porque trajo consigo palabras, poemas, cadenas…
Quizás la muerte sea mejor destino que esta sala de espera exasperada y, gota a gota, mi alma desangrada deslice el cuerpo hacia un nuevo camino.