201- Reflejo. Por Andrea Alvort
Tu manera de mirarme te delata y ya no hace falta que me digas nada.
Tu manera de mirarme te delata y ya no hace falta que me digas nada.
Fugaz inesperada despedida aleteo de agonía.
Me ahogan las palabras incesantes de mi alma que desesperadamente, entre nieblas y sombras, te llaman.
Ha crecido el pasto sobre las tumbas y digo esto: sigue creciendo el pasto ¿por qué habría de decir otra cosa?
Esta era una costumbre, Que había empezado una vez Y se había acostumbrado A levantarse a las seis
En esta quieta noche y al abrigo de mi escasa alegría por vivir veo mi raudo tiempo transcurrir sin comprender por qué no estoy contigo.
Con los ojos abiertos, hoy cierro mi alma. De tanto amor desvanecido por una imagen ficta perdí estelas y rumbos, caminos y universos.
Te encontré escondida en la fina palabra, en la sombra de un hilo colgando de un adiós, con el penacho al filo de una tenue palabra,
Hay palabras que como fustas furiosas desgarran el aire
Es verdad, no desaparecen las pisadas de quien busca en el movimiento de quien conoce sus pausas y su avance, sin el retroceso a las causas, pues son perjurio consumidor de nuestras deudas.